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Año V - Nº 266
Uruguay,  28 diciembre del 2007
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Helena Arce

Porque me sobran credenciales
Más verdades para despedir el año

por Helena Arce
 
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            Tengo, como todos, muchas cosas de que arrepentirme, muchas equivocaciones, y metidas de pata. Pero sin embargo en esto,  me sobran credenciales.

            Nadie podrá acusarme de haber jamás apoyado el golpe de estado, nadie jamás podrá acusarme de no haber marcado una y otra vez, la oprobiosa década donde acusé antes y después a un puñado de militares, que se adueñaron de la cúpula de las Fuerzas Armadas y llenando de oprobio a todo el cuerpo, denostaron  el  juramento de honor que hicieron al ser investidos como defensores de la patria, levantándose  contra sus habitantes. Olvidando que la patria no es un ente vacío o virtual, la patria, como el pueblo son los seres que habitan un espacio geográfico,  al que sienten su nación.

            Tampoco me temblaron las teclas para denunciar a quien también traicionó su juramento al ser elegido democráticamente en las urnas, convirtiéndose en cómplice de los militares y varios civiles, por cierto, golpistas como él, Juan María Bordaberry.

            Como tampoco me tiemblan ni me temblarán las teclas, al reclamarle a los guerrilleros, hoy devenidos en senadores, ministros, etc. Ellos fueron cómplices de todo lo ocurrido al pretender lo mismo, pasarse por las partes, como decía mi hijo de pequeño,  la voluntad popular, la tan mancillada democracia e intentar por las armas adueñarse del poder, desde la clandestinidad, intentando imponer por la fuerza a los demás lo que ellos querían. Exactamente lo mismo que hicieron los dictadores, salvo que ustedes perdieron la batalla, ellos se las ganaron. Y todos los demás, la inmensa mayoría del pueblo uruguayo,  nos quedamos sin libertad. . .

            Por ello no me interesan libros que pretenden tirar novedades de ceros a la izquierda, ni verdades propias, que aun estamos vivitos y coleando quienes sufrimos el martirio de esos años, sin libertades.

            Primero por miedo a los guerrilleros. Uno nunca sabía cuando iba a suceder, si podía estar en el lugar equivocado en el momento equivocado, y terminar como mis tíos secuestrados en su auto con su pequeña nieta y en medio de una balacera,  porque unos guerrilleros tenían que escapar. O tal vez ir a jugar al bowling, o a los bolos como dice Pedro Picapiedra y que estallara una bomba.

            Y después, en la dictadura,  temblando de miedo por los amigos que teníamos, ayudándolos a escapar por defender sus ideales, o simplemente expresarlos, cuidando lo que decíamos, escondiendo los libros, callando canciones que nos conmovían.

            Hemos escuchado muchos disparates estos últimos años, desde quienes justifican la violencia usando nuevamente jóvenes como carne de cañón, porque nada importan unos vidrios o unos autos si con eso se demuestra el rechazo al imperialismo.

            Hemos escuchado a asesinos confesos en televisión, sin que a nadie se le mueva un pelo.

            Escuchamos antes, al hoy detenido Goyo Alvarez, diciendo que prefería morir de pie que de rodillas, negando que tuviese que pedir perdón.

            Y así cual pesadillas del remoto pasado,  escuchamos a viejos decrépitos usando las palabras que asolaron mi adolescencia, “son todos fachos”, “son todos comunistas”.

            Esta no es una nota que me gustaría escribir, por cierto. Es el artículo que escribo al estribo del año 2007, quisiera enviar un saludo de esperanza, de alegría, de balances alegres. Pero lamentablemente estamos viviendo situaciones que nunca creí,  viviríamos en nuestro país.

            Por cierto que quiero que el GOYO pague sus culpas, pero su imagen esposado me dio lástima. No por él por cierto, que no la tuvo para con muchos inocentes, y me estoy refiriendo expresamente a aquellos que cayeron o debieron escapar para no hacerlo,  por sus ideales. Todos sabemos que en aquella época era un peligro hasta ser amigo de alguien. Ni les digo las dificultades que podía traer un apellido, el mío me demoró como seis meses la famosa calificación “A” para que pudiese ingresar a facultad.  Creo que estudiaron mi árbol genealógico, hasta donde yo aun no he logrado llegar. Al fin y acompañada de mi padre, logré obtenerla y cuando el preguntó a que se debía tanta demora fue informado que nuestro apellido era “peligroso”: Y el pobre gurí que falleció siendo tan joven, de carne de cañón,  no era pariente mío ni en la undécima generación.

            Pero también recuerde haberme encontrado con algún amigo en una calle y que directamente me ignorará, cuando volví a verlo donde era habitual,  me dijo:”No me saludes siempre cuando me veas en la calle, es más,  mejor no me saludes es menos peligroso para vos” Y yo tenía 14 años y el 17.

            Así que señores si quieren justicia y derogar la ley de la pretensión punitiva del estado, a la que por cierto no voté, yo firmo. Pero a cambio derogamos la ley de amnistía, porque hay muchos sediciosos que aun no han sido juzgados, ni pasaron por las cárceles.

            Si vamos a convertir al Uruguay en una cloaca de venganza, tiremos todo de todos lados, y que caigan todos. Si hay que limpiar limpiemos, pero limpiemos en serio.

            Les decía que la imagen del GOYO esposado me dio lástima y no por él precisamente, me dio lástima por nosotros, pues esa imagen no era más que una exhibición de venganza para la galería. Era la imagen del que casa un monstruo y lo expone en un circo, si hasta a los que matan a sus hijos,  les tapan las caras cuando los llevan a declarar, ¿Había necesidad de hacer esa demostración?

            Y mucho me temo con ello alguien piense que se pueden  acallar los coletazos del procesamiento de Bengoa y compañía, las denuncias contra el Vicepresidente de la República y su familia, Las ramificaciones que el caso Bengoa parece tirar contra Ministros de Estado.

            Y de paso le aclaro a la Ministra Muñoz,  a usted  la puso en el cargo el Presidente de la República, pero el Presidente de la República es un asalariado del pueblo uruguayo que lo ungió en las urnas y a él se debe. Por lo tanto le guste a usted o no, usted por la transitiva es una empleada nuestra y nos debe cuentas y explicaciones. Porque la autoridad del Presidente cesa ante nuestra presencia soberana. Lo dijo Vázquez en su asunción, citando a Artigas. Yo lo escuché, ¿usted no? Es hora que los Ministros de Estado se bajen del pedestal, ustedes son funcionarios asalariados del pueblo uruguayo, y el pueblo uruguayo somos todos, que así que la soberbia mejor la deja para otra ocasión. Cuando haga referencia a su trabajo como Ministra de Salud, tenga en cuenta que se está dirigiendo a sus jefes, que somos quienes pagamos su sueldo. Y si no le gustan las reglas de juego, ya sabe lo que tiene que hacer. 

            Aclaraciones hacen falta, muchas de quienes se declararon impolutos y parece no lo son tanto.

            Pero tenemos más, lamentablemente mas vergüenzas que soportar.

            Aun recuerdo cuando mostraban en televisión escenas de boxeo en parlamentos lejanos, los mirábamos incrédulos pensando que rallaban con la locura.

            Ahora somos nosotros quienes damos esas tristes imágenes,  para solaz de espectadores foráneos. Insultos, puñetazos en el Palacio de las Leyes, guardián de la democracia.

            El oficialismo cierra filas y se niega a investigar, se acusa a la prensa.

            Porque la culpa es del mensajero, no del que produjo el hecho que el mensajero cuenta.

            Tenemos un elenco de gobierno que debería estar en sus casa gozando de la jubilación, gobernantes y parlamentarios, quienes ni siquiera se molestan en vestirse adecuadamente para la ocasión, cuanto más desarreglados y desaseados se pueden presentar así lo hacen. ¿Es ese el Uruguay de hoy? ¿A eso vamos?

            Pero claro sigue saliendo la revista Caras Uruguay, ahora además de saber con quien duerme el ex Director de Rentas y el Vicepresidente de la República, también sabemos con quien lo hace el hijo del Ministro de Economía.

            Por las dudas le digo que esta vez tampoco la compré, me enteré de la noticia en el programa de canal 10 de Petinati.

            ¡BASTA,  POR FAVOR BASTA!.
            El pedido de esperanzas que dejo para el 2008, es que recuperemos la cordura.

            La República Oriental del Uruguay, era un país pequeño en tamaño, en relación a los demás países de América, en cantidad de habitantes, pero era un país inmenso y entrañable respecto a la calidad de su gente. Nuestra cultura, nuestra forma de vivir en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, no son negociables.

            Nuestro apego al derecho internacional, nuestro prestigio tampoco.

            Eso pido para este nuevo año, que de alguna manera logremos volver en las buenas y en las malas, a ser  quienes éramos.

            Aquellos que no tiene  la pena de muerte en su derecho penal, donde no se hace leña del árbol caído. Donde los seres humanos valen de acuerdo a sus virtudes y calidades, no según quien grita o pega más fuerte. Los delitos se investigan por la policía y luego se dilucidan en los juzgados, sin necesidad de mostrar como trofeos de presa a quienes se condena. Eso no le hace mejor ni peor al Goyo, el ya es quien es. A quienes  hace mal,  es a nosotros mismos.

            Así como los pugilatos en el Parlamento, un Representante Nacional devenido en  un viejo ridículo que se queda sin argumentos gritándole: “Guacho” y “Oligarca puto” a otro Representante Nacional. El otro  debió quedarse quieto y no responder, pero le reconozco que para poder lograrlo debería tener sangre de horchata, que es mucho pedir.

            Y por favor terminemos con las payasadas de las modelitos contando con quien duermen, sobre todo si estos están vinculados al equipo gobernante. Es demasiado agraviante para un uruguayo ver estas cosas, que solo creíamos posible en el “farandulesco” mundo de los primos lejanos.

            Al fin me voy a tener que adherir a la vieja teoría del tristemente recordado Márquez: “ESTÁBAMOS CAMINO AL PRECIPICIO Y HEMOS DADO UN PASO AL FRENTE. “

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