EL
CENTELLA 216
Y LA TRAGEDIA
DE SAN RAMÓN
por Luis Tappa
Centella
de Plata 216, esa era la característica interna del
ómnibus de ONDA que cayó al Río Santa
Lucía en San Ramón. El próximo 19 de
julio se cumplirán 50 años de este trágico
suceso.
ONDA
Conocido en la jerga simplemente como el dos 16; así
se denominaba a los coches a partir de la segunda centena,
eran, dos 15, o dos 38, o dos 46, por nombrar a algunos. También
tenían sobrenombre, a los de la clase del 216 se le
decían simplemente "centella" y todas, para
la época modernísimas unidades, "cruceros".
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Una
hermosa postal que resume a ONDA.
Eliseo Berruti conduciendo el Sylver
295, atravesando el puente Cerro Largo
en La Posta del Chuy, a medio camino
entre Melo y Río Branco.
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ONDA seguía
en forma correlativa la numeración de sus unidades
a medida que se iban incorporando. Luego de sus primeros coches,
que no eran otra cosa que chasis de camión carrozados
para servir de transporte de pasajeros, comenzaron a aparecer
las primeras unidades GMC armadas en origen (USA) y fabricadas
exclusivamente con tal fin. Fue así como en la década
del 50 aparecieron aquellos legendarios e increíbles
buses con el motor montado en la parte trasera y con una impresionante
joroba que les daba una imagen futurista de monstruo carretero.
Asientos
tipo avión, cómodos y veloces, eran la sensación
del momento y se les decía "ola marina",
tenían su numeración entre el 160 y 174, más
o menos.
Luego la
ONDA le compró a ERSA cinco o seis coches BRILL a nafta
pero se les cambio los motores por otros a gas-oil.
ERSA era
una pequeña empresa que hacía el viaje Montevideo-Paysandú
directo, y los Brill eran espectaculares vehículos,
tenían bar, llevaban azafatas y no levantaban pasaje
por el camino, pero no duró mucho y se fundió.
Sus coches terminaron pintados de blanco y con un galgo en
el costado, se numeraron del 175 al 179.
A medida
que fueron llegando los nuevos modelos GMC se fueron retirando
de servicio los viejos coches hasta desaparecer totalmente.
Enseguida
aparece el GMC Centella de Plata, parecido a la "Ola
Marina", pero más lindo y estilizado, había
desaparecido la joroba y el frente era más armónico,
también más veloz. Así sucesivamente
fueron apareciendo, el "Galpón", que fue
el primero en cambiar totalmente su fisonomía, tenía
cuatro ventanillas enormes en vez de una pequeña por
fila de asientos, eran más altos, las bodegas enormes
y el parabrisas muy amplio, también aparece la moderna
tecnología de suspensión neumática. Luego
viene el "Sylver Jet", parecido al anterior pero
más moderno, el "Camello" chico y el "Camello"
grande, algunos Mercedes y finalmente el último modelo
TM incorporado por ONDA que tenía doble eje trasero
y era espectacular, su numeración comenzaba a partir
del número 400. Todos, menos los Brill y los Mercedes
eran GM.
Onda era
parte inseparable del paisaje carretero, una empresa muy arraigada
y querida en nuestro medio, lo mismo que su personal, siempre
amable, correcto y servicial. Ellos eran los que le hacían
llegar a la gente en el medio del campo sus cartas o encomiendas
y hasta cumplían desinteresadamente con encargos cuando
alguien del interior precisaba algo de Montevideo, también
eran los que esperaban unos minutos a los pasajeros que viajaban
a diario, estudiantes, trabajadores o maestras si por esas
cosas no habían llegado a tiempo a la carretera. ¡Así
era ONDA y su personal! Tanto, que aun hoy, a quince años
de su desaparición, se sigue hablando, recordando y
extrañando a esta empresa por parte de quienes conocimos
a su gente y viajamos con ellos. Pero una cosa era el personal
de carretera y otra el Directorio.
La empresa
tenía fama de andar "fuerte", y realmente
era así, en esas épocas por mejor coche que
se tuviera era casi imposible aguantarle el ritmo a una ONDA
en la ruta cuando estos se tendían a "caminar",
te pasaban como el viento y se iban y se iban. Verdaderos
galgos en las serpenteantes y angostas carreteras de entonces.
Eliseo Berruti,
33 años de trabajo y una foja impecable en la empresa,
conductor de los buenos, somos amigos desde hace 35 años
y vive cerca de mi casa, el tema obligado cada vez que nos
vemos es la ONDA. Nació en 1928 y hoy tiene 77 años,
aunque no lo parece, entró en la empresa en 1955, justo
en el año del accidente, tenía entonces 27 y
se retiró en 1988 para jubilarse. Aun mantiene en la
memoria los recuerdos de San Ramón y aunque no estuvo
en el lugar escuchó los cuentos de varios compañeros
que vivieron de cerca la experiencia. Anteriormente fue camionero
y comenzó en ONDA como chofer de la grúa para
pasar pronto a los ómnibus, de carácter jovial,
educado y agradable en el trato. Son interminables sus anécdotas,
y su risa se vuelve contagiosa cuando narra las mil aventuras
vividas a lo largo de tanto tiempo recorriendo las carreteras
de nuestro país, también le tocó vivir
momentos difíciles. Enamorado de sus ómnibus
y su ONDA no machetea historias en el momento de los recuerdos.
Es
para pasarse las horas escuchando sus cuentos
-La vez que caminé más fue cuando se nos murió
una pasajera en el coche, entre Lazcano y Varela, a la altura
de Paso Avería el guarda se arrima y me dice, "Berruti,
metele fierro que hay una pasajera muy mal", me paré
en el acelerador y aquel coche era un infierno caminando,
en el ruta de balastro tomaba las curvas casi derrapando,
por momento parecía que el ómnibus se estiraba
en el camino, pero lamentablemente la muchacha se nos murió
antes de llegar.
-En la bajada
del Pororó una vez me quede sin frenos, iba con el
214, el motor cuando se pasa de revoluciones queda libre,
por lo que era imposible pararlo con los cambios, fueron momentos
terribles, el guarda que iba conmigo tenía la costumbre
de jugar con las monedas que llevaba en el bolsillo del saco,
yo sudaba en esos momentos, pero alcancé a ver al guarda
tranquilo... como si nada, moviendo sus monedas, cuando al
final el ómnibus perdió velocidad pude meterle
un cambio y logré parar. Es entonces que le pregunté
a mi compañero si no se había dado cuenta de
lo que pasaba, me dice que sí, entonces insisto, ¿Por
qué no me dijiste nada? y me responde, ¡Y para
que Berruti... para ponerte más nervioso!-
Continúa
Eliseo, -En una oportunidad la empresa se "come"
un turno de gente que iba para el Barco en Colonia y ya no
quedaba casi tiempo. Yo estaba a la guardia cuando me mandan
a buscar, me entero de lo que pasa y me dicen, "Berruti,
tenés que llegar", me dieron el Centella 222 (ex
216, el de San Ramón), subió el pasaje y salí,
llegué a Colonia cuando ya estaba el barco largando
amarras, no me olvidaré más la cara de Juncal,
el agenciero cuando, con los ojos como el dos de oro me mira
y con un hilo de voz me dice, ¡"Berruti... llegaste"!
Había puesto 1 hora 40 minutos, y con la ruta 1 deshecha-
Finalmente
el galgo se cansó de recorrer los caminos, y en 1991,
ayudado por "muchas cosas extrañas, o no tanto"
desapareció, nos quitaron de las carreteras la imagen
aun prendida en nuestras retinas del andar majestuoso de aquellos
ómnibus y un servicio eficaz, y por sobretodo humano,
que ya nadie presta.
SAN
RAMÓN
Era pleno invierno, lentamente se iba gastando el mes de julio
de 1955.
El sábado 16 a las 13 horas, y aprovechando el feriado
largo, había partido desde Plaza Cagancha hacia Rivera
una excursión de ONDA, que debido a la gran demanda
de pasajes había requerido la utilización de
7 unidades, cuatro cruceros GMC Y 3 coches de los viejos.
En los últimos días un gran temporal de viento
y agua azotaba nuestro país; las intensas lluvias provocaron
la crecida desmesurada de muchos ríos y arroyos.
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El
Ómnibus con el puente de fondo.
No se habían retirado los cuerpos.
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El lunes
18 de julio, corrían varios coches desde Rivera hacia
Montevideo, se trataba del retorno de la excursión,
entre los pasajeros de estos ómnibus había empleados
de la tienda Aliverti y del Banco Montevideo, también
mucha gente que por diferentes motivos se había unido
a esta excursión; venían cansados por el largo
paseo pero contentos, ya estaban cerca.
Luego de
pasar Florida por ruta 5 llegaron a Paso Pache, pero la crecida
era enorme y no había forma de pasar; entonces regresan
hasta Florida y de allí salen a la ruta 6 y por esta,
pasando por Chamizo, hasta San Ramón. En Chamizo les
dijeron que el puente todavía daba paso y siguieron,
pero al puente ya lo cubrían las aguas; era de noche
cuando arribaron los dos coches que venían adelante,
Anatolio Fernández, de 36 años, conductor del
ómnibus 172 que fue el primero en llegar decidió
cruzar a pesar de todo, apuntó su faro piloto directamente
hacia un letrero que estaba a la salida del puente y sin desviarse
un centímetro siguió aquella imaginaria línea
y cruzó. Berruti me cuenta que hablando del tema con
Fernández este le dijo que en un momento sintió
como que el ómnibus "se le iba" y muy liviana
la dirección, entonces abrió la puerta para
aliviar la presión, embarcar agua y darle peso, así
cruzó y siguió. Se entero al llegar a Montevideo
de lo que había pasado con el 216. Este, que venía
detrás, intentó seguirlo pero no tuvo la misma
suerte, y la rueda delantera derecha se atascó en las
barandas del puente que se habían bajado ante le inminente
crecida, esto según Berruti, otras versiones dicen
que la rueda se salió de la calzada y quedó
fuera del puente. Eran las 9 de la noche del lunes 18 de julio
de 1955 cuando el Centella 216 quedó atrapado en el
puente.
Comienza
a gestarse el drama
Ya para entonces estaban llegando al lugar los demás
integrantes de la caravana, cinco ómnibus más
quedaron en la orilla de Florida a la espera de los acontecimientos.
Por más
esfuerzo que hizo, el conductor no logró sacar el coche
de la trampa y ahí quedó con sus 41 pasajeros,
42 contando el chofer. Con el paso de las horas la situación
se complicaba más y más, las sacudidas constantes
del coche producida por la corriente terminó rompiendo
la rueda enganchada y el ómnibus se inclino peligrosamente
sobre un lado.
No cuesta
mucho imaginar los momentos que se estarían viviendo
a bordo y la inquietud creciente de la gente. Al poco rato
de haber quedado en el lugar y cuando aun el agua no había
subido tanto, algunas de aquellas personas, entendiendo lo
comprometido de su situación no lo pensaron más
y optaron por "jugarse" intentando una salida desesperada,
a pié por el puente y hacia atrás, o sea, hacia
el lugar por donde entró el ómnibus y que era
el que quedaba más cerca. La corriente atacaba al coche
por su lado izquierdo, y este estaba al borde del puente sobre
la derecha. Abrieron la puerta de emergencia, que está
cerca del motor, del lado izquierdo, y fueron bajando, luego
hicieron una especie de cadena humana y agarrados de la mano
unos con otros, con el agua encima de las rodillas, comenzaron
a caminar lentamente, paso a paso, luchando contra la corriente
y por sus vidas. Los ayudaban desde la costa alumbrándoles
el camino, desde la cabecera del puente hicieron otra cadena
humana que llegó hasta ellos para ayudarlos a salir,
finalmente lograron ponerse a salvo, aunque aparentemente
no fueron muchos. Los demás se quedaron en el ómnibus
y la mayoría morirían.
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El
ómnibus cuando aun no se habían
retirado los cuerpos.
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Cual fue
la razón que los impulsó a quedarse, no lo sabemos,
mejor dicho, no la vamos a analizar, y a la decisión
de cruzar, si o si, tampoco, no viene al caso ni importa mucho
a esta altura.
Lo demás
no sabría como definirlo, faltan palabras para poder
explicar lo inexplicable, faltan palabras para entender lo
que pasó y poder describirlo, y faltan palabras para
comprender en toda su magnitud como, ante la vista y paciencia
de un pueblo que observaba azorado desde la orilla, luego
de tantas horas no se pudo rescatar a aquella gente. Los que
salieron lo hicieron en el momento justo, de haber demorado
unos minutos más en tomar la decisión les hubiera
resultado imposible.
En un molino
cercano cargaron un enorme camión con 30.000 kilos
en bolsas de harina, un montón de toneladas de peso,
el camionero, Juan L. Rodríguez, concurrió al
lugar y se ofreció para entrar marcha atrás
con la intención de enganchar al 216 y sacarlo del
lugar, o en el peor de los casos colocarse a su lado y hacerle
de pantalla ante el empuje de las aguas e intentar pasar los
pasajeros al camión, cualquiera de estas maniobras,
en esos momentos, hubiera tenido éxito seguramente,
pero la policía no lo dejó entrar. Para entonces
había llegado desde Montevideo la grúa grande
de ONDA, la REO con motor Cunmmings, a la que le habían
soldado unos hierros en la parte trasera para facilitar la
tarea de enganchar el ómnibus; el conductor de la grúa,
el "Gringo" Bequio, hombre experimentado, por más
que insistió en entrar asegurando que no iba a tener
problemas en levantar al 216, tampoco pudo, no lo dejaron
pasar.
Los dados
estaban echados, alguien, el que dio la orden de no dejar
entrar el auxilio, como un Juez implacable condenó
a muerte a aquella gente.
Demasiado
tarde para investigar de donde salió la orden ¡y
por que! de no dejar entrar al camión cargado con miles
y miles de kilos ni a la grúa; si hubo gente que salió
a pié del puente sin que los arrastrara la corriente,
mal podía el agua haberse llevado al camión
con semejante peso y al que el agua le pasaría por
debajo. De un cuartel cercano llegaron enormes reflectores,
que dando una imagen surrealista iluminaban la escena desde
la costa. Con el ómnibus en el medio del puente las
horas continuaban pasando mientras el río seguía
creciendo cada vez con más fuerza, pero nadie encontraba
una solución. Más tarde, y con el agua muy por
encima de la calzada, llegan dos funcionarios de bomberos,
Julio Cesar Ferrer y López Blanquet, que con un pequeño
bote a motor alcanzan salvavidas a los pasajeros y también
logran rescatar a varias personas tras heroica acción.
Fueron tres viajes con éxito, en el cuarto se quedan
sin motor, son arrastrados por la corriente, chocan contra
uno de los pilares del puente ferroviario y naufragan, estos
dos hombres se salvaron de milagro tras varias horas en el
agua y una odisea increíble. El resto fue solo improvisación,
habían esperado demasiado para intentar algo, y ya
solo quedaba esperar lo inevitable. Continuaban corriendo
las horas y las aguas seguían subiendo mientras en
la costa, la gente, como en la platea de un teatro gigante,
observaba desde la orilla como se iba gestando la tragedia;
el río no perdonó semejante desafío y
ya con el agua en las ventanillas del ómnibus se bajaría
el telón de esta macabra obra.
EL
FINAL
A las 6 de la mañana del martes 19 el 216 se rindió,
tras 9 interminables horas de lucha no pudo soportar más
el embate de las aguas desmandadas del Santa Lucía,
que corría enfurecido a descargar su ira en el mar,
y se fue... se fue a cumplir con su destino infame en el fondo
del río, alumbrado por los reflectores y ante la vista
y angustia de quienes presenciaban incrédulos e impotentes
la dantesca escena.
Finalmente
el agua acalló los últimos y desesperados gritos
de aquella gente que con sus ojos desorbitados por el terror
moría atrapada en esa trampa infernal con forma de
ómnibus, sarcófago con ruedas.
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El
ómnibus luego que se retiraron
los cuerpos.
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En el último
momento y cuando el coche se hundía algunos hombres
intentaron salir por las ventanillas caídas, era el
último y desesperado esfuerzo por salvar la vida, alguno
lo logró, otros murieron en el intento, mientras los
demás, paralizados de terror, se quedaron dentro del
Centella esperando algún milagro que nunca llegó,
Martínez, el conductor del ómnibus, también
moriría y fue el último en ser encontrado, lejos
del lugar.
CONCLUSIÓN
Por los 25 muertos y el entorno macabro en que se desarrolló
este drama, a cámara lenta, esta fue la peor tragedia
carretera que hubo jamás en nuestro país. Hubieron
otros accidentes carreteros muy grandes y hasta con más
víctimas, pero las características de este y
las 9 horas de agonía que debieron soportar durante
la noche quienes perecieron en el, hacen de este desgraciado
suceso algo inenarrable, y hasta nos cuesta encontrar palabras
para poder describirlo.
Aun hoy,
cincuenta años después, nos cuesta creer que
no se hiciera nada cuando aún había tiempo.
Todavía nos cuesta creer y entender. ¡No fue
algo que sucedió de golpe! estuvo 9 horas el ómnibus
allí, tuvieron tiempo de sobra para pensar y hacer
algo coherente, y por más que pienso y pienso no logro
comprender tanto "abatatamiento".
Nadie, absolutamente
nadie me va a convencer de que no se los podía salvar,
tengo casi 30 años de tripulante de ADES y conozco
bien el tema. La falta de medios que se adujo en la oportunidad
no es justificativo, en estos casos si no los hay se improvisa,
se los saca de la "galera" si es necesario, pero
se hace algo.
No se trata
de buscar culpables, menos aun 50 años después,
no logro comprender aunque sea en parte el porque de tanta
negligencia e incapacidad. Muchas veces me pregunto qué
fue lo pasó por la cabeza de aquellos que impidieron
la acción de socorristas en momentos que estaban en
juego 42 vidas, solo se trataba de un mínimo de sentido
común y solidaridad, el más elemental de los
sentimientos humanos. Pero también se les mintió,
y esto es más cruel aun, se les avisaba desde la orilla
que se quedaran tranquilos que venía el auxilio, un
auxilio que nunca llegó, o no permitieron llevar a
cabo.
Luego de
lo sucedido se tejieron mil historias ¿Que impulsó
a los dos conductores a intentar el cruce? ¡Ya tampoco
importa ante el hecho consumado!
Apenas el
ómnibus se quedó y vieron que ya no saldría,
¡si varios pasajeros salieron caminando! ¿Por
qué no lo hicieron los demás? ¿Por qué
no dejaron entrar el camión? ¡Que cada cual se
conteste estas preguntas y saque sus propias conclusiones!
Debieron
pasar tres días para que bajaran las aguas y ver el
resultado del desastre, el jueves 21 comenzó a emerger
la figura del ómnibus con su carga funeraria, 18 cadáveres
adentro, estaba sobre sus ruedas como queriendo decir que
murió de pie, a 40 metros del puente y bien cerca de
la costa, la puerta abierta y dos de sus ventanillas caídas.
En realidad
el 216 no murió, solo sus pasajeros, el ómnibus
fue recuperado y puesto en servicio nuevamente, lo único,
que como para acallar los ecos de la tragedia le cambiaron
el número y pasó a ser el 222, continuó
recorriendo las carreteras y finalmente terminó sus
días en la empresa haciendo el trayecto Rocha-Chuy.
En este
ómnibus, junto a los demás pasajeros viajaba
con su hijo, José Garazzia, un hombre de origen checoeslovaco,
gran dibujante y fotógrafo. En futura nota les contaré
algo acerca de este hombre y lo que acarreó el accidente
para su esposa, Doña María, como cariñosamente
se le decía, José y su hijo Jorge de 17 años
perecieron en el accidente. No es mi intención valorizar
la vida de este hombre ni las consecuencias familiares por
sobre las demás, solo que este caso lo conozco personalmente
y nos dará una idea de lo que esto resultó para
muchas familias.
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Agradecemos
profundamente al diario "El País"
y al Sr. Mario Marota hijo por la gentileza de
las fotos del ómnibus en el agua, que fueron
publicadas en el Libro "Documento de la Historia",
editado por este matutino en 1998.
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Lo de accidente
no sabemos como encararlo, pero de alguna manera hay que definirlo,
pudo haber sido imprudencia, impericia, fatalidad, incapacidad
de decisión o capricho por parte de quienes tuvieron
que haber actuado con otra visión de las circunstancias...
¡no se! Aunque toda la gente con la que he hablado y
tuvo algo que ver, o un conocimiento muy cercano a lo que
pasó, coinciden en decir que la policía no permitió
la entrada al puente del camión cargado ni a la grúa,
que seguramente los hubieran logrado salvar cuando aun había
tiempo. Pero no estamos aquí para juzgar a nadie, talvez
el destino les tenía reservada esta jugarreta y era
inevitable que sucediera lo que sucedió, no soy fatalista
ni creo demasiado en el destino, pero sea lo que sea... ¡allí
estuvieron a la hora señalada! para ingresar a la historia
como... "La tragedia de San Ramón"
RESUMEN
Los datos aportados en esta nota, como la hora en que el ómnibus
entró al puente y la que cayó al río,
así como también los nombres del camionero y
los de la gente del bote de bomberos que rescató a
varios pasajeros y algún otro detalle fueron sacados
de la edición de "El Diario" de la noche
correspondiente a la fecha, los nombres de los choferes de
los ómnibus involucrados y el de la grúa de
ONDA fueron aportados por Berruti así como también
otros datos anecdóticos, lo demás son recuerdos
personales de los acontecimientos y conclusiones sacadas por
mí.
A medida
que vamos incursionando en el tema, este se torna apasionante,
y si bien en rasgos generales la historia es la misma, comienzo
a encontrar algunas versiones contradictorias que hacen algo
confuso el asunto. Estoy tratando de ubicar a una señora
que sobrevivió al accidente, amiga de Berruti, hoy
ya es una persona muy mayor, pero me puede aportar datos muy
interesantes que ayudarían a esclarecer algunas cosas.
De encontrar más información insistiré
con esta historia, aunque ya tengo algo, pero no lo he podido
corroborar con otras fuentes.
También
he encontrado confusión con los nombres de algunos
de los actores y algunos acontecimientos puntuales. En resumen,
lo anterior se trata de una narración superficial de
la tragedia, sin extendernos en detalles.