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Año V Nro. 288 - Uruguay,  30 de mayo del 2008   
 

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Fernando Pintos

Acerca del último clásico del fútbol uruguayo
por Fernando Pintos

 
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         Inmediatamente antes y después del último encuentro clásico del fútbol uruguayo, que ganó Peñarol por marcador de 4 a 2, se dieron algunos hechos que son dignos de análisis, puesto que no sólo revelan el fanatismo y la ignorancia de determinados personajes (principalmente, seguidores aurinegros), sino que también ostentan una mínima y tortuosa cuota-parte de veracidad.

         Aunque el triunfo de Peñarol haya sido inobjetable, se debe tener en cuenta un factor determinante para que así sucediera: en qué circunstancias fue logrado. En primer término, Nacional venía afrontando a toda máquina dos campeonatos paralelos: el Clausura Uruguayo y la Libertadores de América (me resisto a decir «Santander Libertadores», en razón de que no considero de buen gusto llevar la prostitución a los altares y, para colmo, hacer ostentación de tamaña blasfemia), en tanto que Peñarol se remitía a jugar con comodidad tan sólo en casa, lo cual viene haciendo, asiduamente, de cinco años a esta parte. Nacional afrontaba los dos torneos con un plantel reducido, al cual no se le habían hecho incorporaciones significativas (salvo mantener la presencia de Richard Morales), mientras que Peñarol, con la bendición de Casal & Cía. había armado, desde el principio del Clausura, un equipo lleno de muy buenos jugadores que habían estado hasta entonces jugando fuera de fronteras. Para hacer las cosas todavía peores, en los 23 días que precedieron al clásico Nacional había disputado siete partidos, cada uno de los cuales —incluida la épica victoria frente a River Plate— tuvo visos de final. En una palabra, Nacional llegó virtualmente fundido, con jugadores lastimados, y con el peso de su reciente eliminación de la Libertadores a manos del Sao Paulo de Brasil.

         Una eliminación a manos de Sao Paulo que me lleva a comentar, con brevedad, el interesante contenido un artículo de Jorge Savia que se publicó en la edición digital de «El País» correspondiente al lunes 12 de mayo de 2008, bajo el título de «¡Muito obrigado, Sao Paulo!», donde se explicaba lo que transcribo a continuación:

    «…El cartel estaba en la Olímpica. Feliz. Nostálgico. Irónico. Agraviante, casi: ¡Hijos de San Pablo!, decía, con el nombre Pablo -en clara alusión a Bengoechea- escrito con distinto trazo. En ese sentido, la leyenda del "trapo" aurinegro, cobró vida a los 6`, cuando el "hijo predilecto" -futbolísticamente hablando- del petiso que se hizo tan grande para la historia de Peñarol que hasta un monumento le levantaron, ejecutó un foul sobre el borde derecho del área contraria con un toque -también de derecha- combado, que metió la pelota contra el primer palo del arco rival, con la misma cadenciosa clase con que lo hizo su "padre" un montón de veces, incluso en los clásicos…».

         Y es verdad. En la práctica, mucho ha debido agradecer Peñarol a Sao Paulo por esta victoria clásica. Pero también ha debido expresar su agradecimiento a otros, tales como Liverpool, Cienciano de Cusco y, muy especialmente, el River Plate de Juan Ramón Carrasco.  Todos ellos aportaron, no simples granitos sino camionadas de arena (cada cual a su turno) para que Peñarol pudiera cantar victoria en ese clásico. Entonces, queda claro que los energúmenos se quedaron cortos en el elogio, porque no fue solamente Sao Paulo: fueron algunos más los que trabajaron —y bien duro por cierto— para que ellos pudieran llegar con innegable ventaja y por ello ganar el choque clásico. Sin embargo, las provocaciones promovidas por este mini ejército de cretinos y resentidos venían desde algunos días atrás. De ello deja testimonio un artículo de Silvia Pérez que publicó «El País» bajo el título de «Clásica mojada de oreja» (sábado 10 de mayo), donde se escribía:

       «…Ayer una cantidad de afiches, que hacen referencia a la eliminación de Nacional de la Copa Libertadores aparecieron pegados en diferentes puntos de Montevideo, sobre todo en las principales avenidas de la capital. El afiche es amarillo y negro, tiene el escudo de Peñarol y reza: "yo 5, ¿y vos? Seguí participando". Por si fuera poco, en el ángulo inferior derecho tiene una gallina con el escudo de Nacional que en lugar de C.N. de F., dice "hijos".
Muchos de los mencionados afiches fueron pegados en las inmediaciones del Parque Central, pero, obviamente, fueron rápidamente arrancados por los aficionados tricolores. Ayer por la tarde, un grupo de hinchas aurinegros los llevaron a Los Aromos para mostrárselos a los futbolistas. Los parciales dijeron pertenecer a "La 14", un grupo de la barra de la Amsterdam.
Contaron que se les había ocurrido la idea y que lo habían enviado a una imprenta, con la orden de hacerlos solo si Nacional era eliminado de la Copa Libertadores por Sao Paulo. Confiaron, a su vez, que tienen otro de similares características pronto para "salir del horno" en caso de que el equipo de Saralegui consiga mañana un triunfo ante el tradicional adversario. Eso sí, no hubo manera de que revelaran detalle alguno sobre la nueva idea.

         El ingenio popular es maravilloso y siempre ha sido parte del fútbol. Seguramente, el afiche que apareció ayer hizo sonreír a los manyas y calentar a los bolsos. Si todo termina en eso, el objetivo de la ingeniosa idea estaría cumplido. La pregunta es si en estos tiempos tan difíciles, ese ingenio popular no está incitando a la violencia. Si esos afiches no consiguieron que los hinchas de Nacional más radicales se lo tomaran como un agravio y llegaran a pensar en vengarse. ¡Ojalá que el clásico se viva como lo que es: una fiesta!…».

         Caramba… ¡Qué genios! Seguramente les habrá salido humo por las orejas mientras estaban pergeniando tamaña obra de arte… Pero, más allá de que en lo básico todo el asunto demuestra una abyecta sumisión a las peores expresiones que se acostumbran en la vecina orilla —sumada con una orangutánica propensión a la copia—, debería yo aclararles algo que en sus diminutos cerebritos de pásula pudiera no tener mayor cabida. Sepan, en consecuencia, que desde muchas décadas a esta parte el gran amigo y compinche que tiene Peñarol en la vecina orilla se llama River Plate (bien dice que «Dios los cría…»). Por otro lado, el amigo inseparable de Nacional siempre ha sido y sigue siéndolo Boca Juniors. De manera tal que sería bueno dejaran de injuriar con tal alevosía a su socio bonaerense, y al mismo tiempo, de imitar con esa simiesca persistencia al socio de Nacional, porque tamaña conducta excede largamente el plagio y podría ser objeto de litigio penal. Pero, por supuesto: ¿qué se le podría pedir u objetar a una partida de ignorantes? En todo caso, Nacional sí bien hubiera podido hacer cartelitos injuriantes después que vapuleó a Peñarol en los dos clásicos del verano 2008… ¿O ya no se acuerdan de cómo terminaron, ¡en el tacho de la basura!, tanto entraña y asado de tira, como las simples y modestas achuras? (¡Caramba! Hasta en rima me salió…).

         Todo lo cual me conduce a una última reflexión a este respecto, que viene de la mano de un comentario de Lalo Fernández («El País» digital,  jueves 15 de mayo de 2008), titulado «Si lo dice un senador será verdad…», en el cual se expresa lo que a continuación leemos:

       «…Ha pasado otro partido entre Peñarol y Nacional y al margen de la incuestionable victoria carbonera vuelven a quedar a la vista hechos que hablan de la falta de respeto por los demás, la ordinariez, la cobardía patotera. De un tiempo a esta parte a Nacional una banda aurinegra le tildan de gallina y el momento supremo fue cuando enorme gallináceo hizo irrupción en la Ámsterdam.
¿Cómo entró? ¿Volando, desinflado, disimulado entre mercaderías a la venta, la inflaron afuera y la izaron desde adentro? Nadie lo sabe... Pero que no sólo los chicos malos actuaron es clarísimo, ¿quiénes fueron los autores de la idea? ¿Quién la pagó? ¿Fueron solo los que saltan y vociferan en tono festivo "no hay cosa más linda que matar una gallina"? Para su felicidad hace tres días murió otra... Lo triste es que las gallinas son personas.
No hay que ser muy despierto para darse cuenta que la replica al muñeco vendrá. Y como de copiar se trata nadie se extrañe si la banda de enfrente a los peñarolenses le empieza a llamar "bosteros" como a Boca y se disfrazan con caretas antigases o tapa bocas para no sentir el olor. ¡Vamos bárbaro! Es triste, pero es verdad y como dijo cultamente un distinguido senador de la República en declaraciones merecedoras del premio Cervantes. ¡Somos unos pelotudos! O mejor dicho SON…».

         Es indudable que todo cuanto comenta Fernández es cierto y exacto. Porque no se vaya a pensar que los idiotas prosimios son un patrimonio exclusivo de Peñarol. Nacional también los tiene, y no son pocos por cierto. La muestra está en los vándalos que, después del encuentro clásico, apedrearon el bus aurinegro cuando retornaba hacia Los Aromos. Esas cosas no se hacen, pero cabe agregar a este preciso incidente un agravante: en la práctica, ese equipo de Peñarol tuvo un comportamiento muy digno en la cancha y no quiso ni sobrar ni humillar a un rival que, como Nacional en esta ocasión, llegaba a la cita seriamente disminuido en lo físico y lo anímico.  En cualquier caso, si de ejercer violencia y de verter injurias se tratase, recomendaría a los exaltados de las dos hinchadas un blanco perfecto: esos contratistas que, de dos décadas a esta parte, vienen arruinando el fútbol uruguayo y en especial a los dos clubes grandes. ¡Ah!, Pero de esos tipos, sí que no dicen ni «pío», ¿verdad que no? Es que, al final de cuentas, tenemos que volver siempre con el mismo dicho: «Dios los cría y ellos se juntan».

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