Año III - Nº 150 - Uruguay, 30 de setiembre del 2005

 
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El re-cambio
* Javier Garcia
 
Los uruguayos estamos asistiendo, asombrados, a la mutación más escandalosa de discurso político de la que se tenga memoria en la historia de nuestro país.

Nada de lo que el gobierno sostiene hoy se parece ni de cerca a lo que sostuvo cuando era oposición. No tiene rubor en defender muchas de las cosas a las cuales se opuso hace apenas pocos meses unas, y desde toda su historia otras.

En la discusión presupuestal cada ministro va explicando sus iniciativas, que en verdad no son muchas, pero las pocas que tienen son aquellas a las cuales se opusieron.

Si a un uruguayo se le preguntaba qué opinaba el Encuentro Progresista sobre la posibilidad de que las empresas públicas se rigieran por las normas del derecho privado, cualquier ciudadano y entre ellos el más humilde de los militantes de un Comité de Base diría, con convicción, que esa posibilidad nunca prosperaría en un gobierno de su partido. Si se le preguntaba a un dirigente de esa colectividad no sólo confirmaría lo mismo, sino que además estaría dispuesto a impulsar un referéndum para evitar que esa alternativa prosperara, si algún gobierno lograra concretarla. Sin embargo, apenas seis meses después de asumir el gobierno, el ministro de Economía dice que es una alternativa a estudio para mejorar la eficacia de las empresas públicas.

Cuando al ministro de Transporte y Obras Públicas, Víctor Rossi, la oposición le preguntó qué haría con la "megaconcesión" que tanto él había criticado, el secretario de Estado contestó que en verdad lo que a él no le gustaba era el nombre, porque era "demasiado ampuloso". Nadie en su momento lo entendió bien, la cosa no era con el bautizado, sino con la pila bautismal.

Por tanto, tampoco asombra que se diga que se piensa autorizar a AFE a asociarse con privados para realizar cualquier tipo de actividad, mediante la creación de sociedades anónimas.

Si de Antel hablamos, la noticia es que su Directorio está pensando en llevar adelante alianzas estratégicas con empresas privadas extranjeras, y se afirma que para ello, obviamente, se va a requerir algún tipo de autorización legal. Los piratas de ayer son los aliados estratégicos de hoy.

De la educación ni hablar, ya que para explicar las cosas que tienen que pasar para que al final del período se llegue al 4,5% del PBI asignado a este rubro no da el tiempo en cinco años, y los gremios de la enseñanza se han encargado de desnudar el galimatías.

De la austeridad proclamada no queda nada, nada en ciento ochenta días. No sólo hablan de ello las cataratas de cargos políticos de confianza que van a crear para ocupar a los militantes que no salieron electos, que premio consuelo no son ya que los sueldos son suculentos, sino que además se envían mensajes desconcertantes. Se crea un enorme servicio de seguridad presidencial, para el cual se autoriza a contratar a la presidencia a personal particular. Quiere decir que el presidente, que es el mando superior, le dice indirectamente a la ciudadanía que quienes deben brindar la seguridad pública, servicio esencial si los hay, sirven para todos, menos para él, ya que él privatizó su seguridad personal. Esto además de contradictorio, es preocupante.

La casa que la presidencia tiene en Punta del Este, que en su momento el propio Vázquez anunció que serviría para que niños de escuelas públicas pasaran por ella, no solo no ha visto a un solo infante recorrerla, sino que además sirve de reposo del mandatario cuando concurre en excursiones de pesca, en un yate del Comando de la Armada que hacía años que nadie usaba.

Mientras tanto la prensa informa que la mesa política del Frente Amplio está analizando cómo festejar la victoria del 31 de octubre pasado. Será, se nos ocurre, con el champán que degustaron con el Banco Mundial.