Nada de
lo que el gobierno sostiene hoy se parece ni de cerca a lo
que sostuvo cuando era oposición. No tiene rubor en
defender muchas de las cosas a las cuales se opuso hace apenas
pocos meses unas, y desde toda su historia otras.
En la discusión
presupuestal cada ministro va explicando sus iniciativas,
que en verdad no son muchas, pero las pocas que tienen son
aquellas a las cuales se opusieron.
Si a un
uruguayo se le preguntaba qué opinaba el Encuentro
Progresista sobre la posibilidad de que las empresas públicas
se rigieran por las normas del derecho privado, cualquier
ciudadano y entre ellos el más humilde de los militantes
de un Comité de Base diría, con convicción,
que esa posibilidad nunca prosperaría en un gobierno
de su partido. Si se le preguntaba a un dirigente de esa colectividad
no sólo confirmaría lo mismo, sino que además
estaría dispuesto a impulsar un referéndum para
evitar que esa alternativa prosperara, si algún gobierno
lograra concretarla. Sin embargo, apenas seis meses después
de asumir el gobierno, el ministro de Economía dice
que es una alternativa a estudio para mejorar la eficacia
de las empresas públicas.
Cuando al
ministro de Transporte y Obras Públicas, Víctor
Rossi, la oposición le preguntó qué haría
con la "megaconcesión" que tanto él
había criticado, el secretario de Estado contestó
que en verdad lo que a él no le gustaba era el nombre,
porque era "demasiado ampuloso". Nadie en su momento
lo entendió bien, la cosa no era con el bautizado,
sino con la pila bautismal.
Por tanto,
tampoco asombra que se diga que se piensa autorizar a AFE
a asociarse con privados para realizar cualquier tipo de actividad,
mediante la creación de sociedades anónimas.
Si de Antel
hablamos, la noticia es que su Directorio está pensando
en llevar adelante alianzas estratégicas con empresas
privadas extranjeras, y se afirma que para ello, obviamente,
se va a requerir algún tipo de autorización
legal. Los piratas de ayer son los aliados estratégicos
de hoy.
De la educación
ni hablar, ya que para explicar las cosas que tienen que pasar
para que al final del período se llegue al 4,5% del
PBI asignado a este rubro no da el tiempo en cinco años,
y los gremios de la enseñanza se han encargado de desnudar
el galimatías.
De la austeridad
proclamada no queda nada, nada en ciento ochenta días.
No sólo hablan de ello las cataratas de cargos políticos
de confianza que van a crear para ocupar a los militantes
que no salieron electos, que premio consuelo no son ya que
los sueldos son suculentos, sino que además se envían
mensajes desconcertantes. Se crea un enorme servicio de seguridad
presidencial, para el cual se autoriza a contratar a la presidencia
a personal particular. Quiere decir que el presidente, que
es el mando superior, le dice indirectamente a la ciudadanía
que quienes deben brindar la seguridad pública, servicio
esencial si los hay, sirven para todos, menos para él,
ya que él privatizó su seguridad personal. Esto
además de contradictorio, es preocupante.
La casa
que la presidencia tiene en Punta del Este, que en su momento
el propio Vázquez anunció que serviría
para que niños de escuelas públicas pasaran
por ella, no solo no ha visto a un solo infante recorrerla,
sino que además sirve de reposo del mandatario cuando
concurre en excursiones de pesca, en un yate del Comando de
la Armada que hacía años que nadie usaba.
Mientras
tanto la prensa informa que la mesa política del Frente
Amplio está analizando cómo festejar la victoria
del 31 de octubre pasado. Será, se nos ocurre, con
el champán que degustaron con el Banco Mundial.