Airbus
A-380: desafío para la seguridad
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El
Airbus A 380, 30 millones de piezas
y un "sistema central nervioso"
que controla hasta la última
bombilla.
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Los aviones
más modernos tienen millones de componentes. Los pilares
para mantenerlos volando con seguridad son las inspecciones
y el mantenimiento. El nuevo gigante de Airbus es un hito
en este campo.
Si se cuidan
bien y a tiempo, nada impide que un avión comercial
pueda volar durante 30 años. Se trata de mantener un
equilibrio entre la seguridad y el resultado económico.
Después de todo un avión comercial es una inversión
y como tal, debe arrojar ganancias.
Los más
modernos, como el A-380 del consorcio europeo Airbus, incluso
disponen de una especie de "sistema nervioso central"
que indica durante el vuelo si hay posibles fallos, para que
sean reparados apenas toquen tierra.
Sin
margen de error
Para los
expertos, la aviación es una de las historias de éxito
industrial que sólo puede ser superada por la computación.
Si las computadoras personales llegan a fallar perdemos información.
Son fallos que causan fastidios pero cuyo daño es limitado.
En cambio
en los aviones no son admisibles los fallos. Las consecuencias
pueden ser mortales.
Empresas de
mantenimiento como la de la línea bandera alemana Lufthansa,
están detrás de la seguridad en los aires. Con
sus 25.000 empleados en todo el mundo, Lufthansa Technik puede
lograr que los aviones lleguen a volar durante tres décadas.
Controles
permanentes
Los aviones
comerciales figuran entre los dispositivos o aparatos más
complejos a nivel industrial. Hasta 30 millones de piezas
los componen, tienen una veintena de ruedas y estructuras
o unidades que requieren tres millones de remaches para peramencer
unidas.
De hecho,
un avión nunca deja de ser inspeccionado. Las turbinas
del nuevo Airbus A-380 podrían levantar con su fuerza
a la locomotora de un tren. De acuerdo con esta potencia deben
realizarse las inspecciones, justamente en las turbinas, que
son las partes más expuestas a sufrir daños
por objetos ajenos al avión.
Existen
cuatro niveles de inspecciones: diarios, semanales, mensuales
y cada cinco a seis años. Estos últimos son
los más exhaustivos, ya que se desarma por completo
el avión hasta que sólo queda su estructura
básica. Es decir, una vez vuelto a montar queda literalmente
como nuevo, la garantía de poder volar durante años.
Además,
en los aviones se aplica el principio de la redundancia. Es
decir, algunas de las partes de mayor importancia se duplican
en las aeronaves, como los sistemas hidráulicos o eléctricos.
En el aire hay por lo tanto más de un sistema que puede
cumplir la misma función. Sería como que un coche
tuviera un motor de repuesto que podría ser utilizado
en cualquier momento.
Reto
comercial
Cuando un
avión vuela por lo general genera ingresos. Los tiempos
muertos son las estadías en los aeropuertos, cuando
unos pasajeros bajan y otros suben, horas que se aprovechan
para un control básico de los aparatos.
El balance
entre el éxito económico de un avión
y la garantía de seguridad se puede optimizar con aeronaves
modernas como el A-380. Este nuevo gigante de los aires está
equipado con sensores, equivalentes a un "sistema nervioso
central" que controlan hasta la última bombilla
e identifican posibles partes que estén fallando o
que requieran determinada manutención. Esta información
se adelanta hasta el siguiente destino del avión, de
modo que se minimiza el tiempo en tierra, a la vez que se
asegura que el aparato está en condiciones de continuar
volando sin contratiempos.
Al menos
en la aviación civil, el A-380 simboliza la ventaja
tecnológica de Europa frente a los EE.UU.. Pero como
siempre en la historia comercial, la competencia impulsa a
los negocios, y esta aeronave no representa el final de los
avances en la tecnología de aviación. De momento,
al menos, reina el Airbus, con una capacidad para 555 pasajeros.
Su estreno en las rutas comerciales será en el 2006.
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