Año III - Nº 150 - Uruguay, 30 de setiembre del 2005

 
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Airbus A-380: desafío para la seguridad

El Airbus A 380, 30 millones de piezas y un "sistema central nervioso" que controla hasta la última bombilla.

Los aviones más modernos tienen millones de componentes. Los pilares para mantenerlos volando con seguridad son las inspecciones y el mantenimiento. El nuevo gigante de Airbus es un hito en este campo.

Si se cuidan bien y a tiempo, nada impide que un avión comercial pueda volar durante 30 años. Se trata de mantener un equilibrio entre la seguridad y el resultado económico. Después de todo un avión comercial es una inversión y como tal, debe arrojar ganancias.

Los más modernos, como el A-380 del consorcio europeo Airbus, incluso disponen de una especie de "sistema nervioso central" que indica durante el vuelo si hay posibles fallos, para que sean reparados apenas toquen tierra.

Sin margen de error

Para los expertos, la aviación es una de las historias de éxito industrial que sólo puede ser superada por la computación. Si las computadoras personales llegan a fallar perdemos información. Son fallos que causan fastidios pero cuyo daño es limitado.

En cambio en los aviones no son admisibles los fallos. Las consecuencias pueden ser mortales.

Empresas de mantenimiento como la de la línea bandera alemana Lufthansa, están detrás de la seguridad en los aires. Con sus 25.000 empleados en todo el mundo, Lufthansa Technik puede lograr que los aviones lleguen a volar durante tres décadas.

Controles permanentes

Los aviones comerciales figuran entre los dispositivos o aparatos más complejos a nivel industrial. Hasta 30 millones de piezas los componen, tienen una veintena de ruedas y estructuras o unidades que requieren tres millones de remaches para peramencer unidas.

De hecho, un avión nunca deja de ser inspeccionado. Las turbinas del nuevo Airbus A-380 podrían levantar con su fuerza a la locomotora de un tren. De acuerdo con esta potencia deben realizarse las inspecciones, justamente en las turbinas, que son las partes más expuestas a sufrir daños por objetos ajenos al avión.

Existen cuatro niveles de inspecciones: diarios, semanales, mensuales y cada cinco a seis años. Estos últimos son los más exhaustivos, ya que se desarma por completo el avión hasta que sólo queda su estructura básica. Es decir, una vez vuelto a montar queda literalmente como nuevo, la garantía de poder volar durante años.

Además, en los aviones se aplica el principio de la redundancia. Es decir, algunas de las partes de mayor importancia se duplican en las aeronaves, como los sistemas hidráulicos o eléctricos. En el aire hay por lo tanto más de un sistema que puede cumplir la misma función. Sería como que un coche tuviera un motor de repuesto que podría ser utilizado en cualquier momento.

Reto comercial

Cuando un avión vuela por lo general genera ingresos. Los tiempos muertos son las estadías en los aeropuertos, cuando unos pasajeros bajan y otros suben, horas que se aprovechan para un control básico de los aparatos.

El balance entre el éxito económico de un avión y la garantía de seguridad se puede optimizar con aeronaves modernas como el A-380. Este nuevo gigante de los aires está equipado con sensores, equivalentes a un "sistema nervioso central" que controlan hasta la última bombilla e identifican posibles partes que estén fallando o que requieran determinada manutención. Esta información se adelanta hasta el siguiente destino del avión, de modo que se minimiza el tiempo en tierra, a la vez que se asegura que el aparato está en condiciones de continuar volando sin contratiempos.

Al menos en la aviación civil, el A-380 simboliza la ventaja tecnológica de Europa frente a los EE.UU.. Pero como siempre en la historia comercial, la competencia impulsa a los negocios, y esta aeronave no representa el final de los avances en la tecnología de aviación. De momento, al menos, reina el Airbus, con una capacidad para 555 pasajeros. Su estreno en las rutas comerciales será en el 2006.

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