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Padre, perdóneme porque he pecado (voz femenina).
- Dime, hija, ¿cuáles son tus pecados?
- Padre, el demonio de la tentación se apoderó de mí, pobre pecadora.
- ¿Cómo es eso, hija?
- Es que cuando hablo con un hombre tengo sensaciones en el cuerpo que no sé como describirlas...
- Hija, por favor, que también soy un hombre...
- Sí, padre, por eso vine a confesarme con usted.
- Bueno hija, ¿y cómo son esas sensaciones?
- No sé cómo explicarlas, por ejemplo, ahora mi cuerpo se rebela a estar de rodillas y necesito ponerme más cómoda.
- ¿En serio?
- Sí, quiero relajarme y quedarme tendida...
- Hija, ¿tendida cómo?
- De espaldas al piso, hasta que se me pase la tensión...
- Y qué más?
- Es como que tengo un sufrimiento que no le encuentro acomodo.
- ¿Y qué más?
- Como que espero un poco de calor que me alivie....
- ¿Calor?
- Calor, padre, calor humano, que lleve alivio a mi padecer....
- ¿Y qué tan frecuente es esa tentación?
- Permanente, padre, por ejemplo, ahora me imagino que sus manos sobre mi piel me darían mucho alivio...
- ¡Hija!
- Sí, padre, perdóneme, pero me urge que alguien fuerte me estruje entre sus brazos y me dé el alivio que necesito...
- ¿Por ejemplo yo?
- Por ejemplo, usted es la clase de hombre que imagino me puede aliviar.
- Perdóname, hija mía, pero necesito saber tu edad...
- Setenta y cuatro, padre.
- Hija, vete en paz, que lo tuyo es reumatismo...

Temporada de verano. Balneario Atlántico. Una gran ola cubre parte de la playa y se lleva a un chico que estaba jugando allí. Su padre, Samuel, desesperado deja de jugar Burako y corre hacia la orilla, mira al cielo y se dirige directamente a Dios:
- Dios mio...soy yo, Samuel, no podes hacerme esto a mí... no podes llevarte al nene... yo siempre he sido un buen judío, observante, ayuno, cumplo todo lo que dice la religión al pie de la letra, no podes hacerme esto Dios.... te pido por favor... voy a Hebraica, a Macabi, colaboro con la comunidad.... por favor... devuélveme a mi hijo... tráelo de nuevo junto a mi...
En ese momento, un rayo rompe el cielo miramarense, un estruendo silencia a los veraneantes... sin duda es una señal de Dios para Samuel... una nueva ola llega desde el mar... y regresa al niño a la orilla...
Samuel es testigo del milagro, su amado hijo ha vuelto...
Entonces, con lagrimas en los ojos, vuelve a mirar al cielo y a comunicarse con el Supremo:
- Dios... ¿...y la palita?

Un alemán, un francés, un inglés y un uruguayo comentan en un museo sobre un cuadro de Adán y Eva en el Paraíso.
El alemán dice :
- Miren que perfección de cuerpos: ella esbelta y espigada, él con ese cuerpo atlético, los músculos perfilados ... Deben ser alemanes.
Inmediatamente, el francés reaccionó:
- No lo creo, es claro el erotismo que se desprende de ambas figuras... Ella tan femenina... él tan masculino ... saben que pronto llegará la tentación ... deben ser franceses.
Moviendo negativamente la cabeza el inglés comenta:
- Noten la serenidad de sus rostros, la delicadeza de la pose, la sobriedad del gesto... solo pueden ser ingleses.
Después de unos segundos más de contemplación el uruguayo exclama:
- No estoy de acuerdo, miren bien: no tienen ropa, no tienen zapatos, no tienen casa, solo tienen una triste manzana para comer, no protestan y todavía creen los muy tontos que están en el paraíso ... no esos lo único que pueden ser, es ser uruguayos.
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