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Año V Nro. 349 - Uruguay, 31 de julio del 2009
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Todo el gobierno, con cientos de cargos políticos y de confianza, fue convocado por la fórmula oficialista. Mujica y Astori los conminaron a salir a hacer campaña. Las elecciones enfrentarán entonces por un lado al Partido Nacional y por otro a un conjunto de fuerzas coaligadas: el Frente Amplio, el gobierno y hasta el Pit-Cnt, que se introdujo en la campaña. El propio presidente Vázquez, que había ordenado abandonar el gabinete a quienes se dedicaran a las elecciones, cambió su posición inicial introduciéndose él mismo en la contienda, con lo cual liberó al resto de los ministros y jerarcas de la prohibición anterior. No hay antecedentes de algo parecido, pero sobre todo revela una enorme desesperación y falta de confianza en la fórmula oficialista. Centenares de funcionarios públicos pagados por los contribuyentes serán dedicados a la campaña frentista. El locuaz Mujica huye de un debate con Lacalle y escondido manda a Astori a azuzar a sus oponentes. Este, el ex ministro de Economía, ya no es el de antes, mudó su característica calma y ponderación para transformarse en un radical que recuerda sus épocas mozas. Ya no es lo que era y su radicalismo llega a un cierto tono malevo donde promete "ni un minuto de tregua". Cuando las personas cambian conductas drásticamente o cuando deben esconder su pensamiento para que no surjan las ideas en las que se cree, lo que ofrecen es incertidumbre. Y eso es lo que se elige en octubre, la opción no es solo entre partidos, o entre partidos y coaliciones, sino entre la certeza y la incertidumbre. Se vote o no a la fórmula blanca, nadie duda que representa seguridad, se sabe qué piensan Lacalle y Larrañaga y no hay sorpresas. La fórmula frentista es incertidumbre pura, porque entre Mujica y Astori reina la desconfianza, están en las antípodas, no pertenecen a un partido político sino a una coalición, que a diferencia de lo anterior no comparte un programa de principios sino que es fruto de la ingeniería electoral. Votan juntos pero no piensan juntos. Astori es el Cobos uruguayo, está en una fórmula en la cual desconfía del candidato presidencial, lo único que los une es un guión entre ambos apellidos. Ahora han descubierto una nueva forma de camuflar su pensamiento que es la de invocar a nuestras figuras, a las que más queremos y a aquellas que no pueden contestarles. Cada colectividad tiene su historia y sus recuerdos. A los nacionalistas no se nos ocurre utilizar a Seregni, no coincidimos con él en vida y por lo tanto no podríamos hacerlo cuando ya no está. No lo utilizamos porque no fue blanco, porque sería deshonesto hacerlo y porque respetamos su memoria. Pero además no camuflamos ideas porque tenemos nuestros propios recuerdos que atesoramos y que son vida e ideal. La manía de Mujica de mencionar a Wilson es de una bajeza que podría calificarse de falsificación ideológica. ¿Por qué no habla de Seregni? Resulta que él, junto a otros, acusaba a Wilson en 1971 de estar financiado por la ESSO y ahora descubre su honestidad. Lo ensució en vida y lo utiliza para vestirse con su grandeza. Es muy bajo. Mujica fue ministro de Ganadería y nadie lo recordará por una sola medida trascendente, fue un fracasado ministro. Usó el mismo despacho de Wilson, pero no aprendió nada. El gobierno salió a sostener la fórmula frentista. Mientras, Astori hace de radical y Mujica se esconde del debate. Se espera con ansiedad la hora en que se les caiga una idea. © Javier García para Informe Uruguay
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