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Hay cosas difíciles de comprender.
Por ejemplo la aprobación de la Ley de Retiro Policial.
Empecinadamente el Gobierno refloto un proyecto que había presentado en el 2005, -a poco del comienzo de esta Administración-, según trascendió ante “presiones” del Banco Mundial que supuestamente condicionaba nuevos prestamos, a la solución de las deficitarias administraciones de las Cajas Bancaria, Militar y Policial.
Al poco tiempo se anuncio con bombos y platillos el adelanto del pago de los intereses de la deuda, lo que implícitamente trajo aparejado la desaparición de las imposiciones de los organismo financieros internacionales.
En el año 2006 nuestra Mesa Representativa, presento ante las autoridades Ministeriales una serie de argumentos por demás validos, sobre los perjuicios de la aprobación de dicho proyecto de Ley, los que fueron escuchados por las autoridades que lograron que dicho proyecto fuera mantenido stand by hasta la fecha en que fue “reflotado” ante la irreflexiva presión de algunos sectores policiales.
Así se coloco nuevamente arriba de la mesa un proyecto que es malo en su conjunto; que padece de indefiniciones y da lugar a dos bibliotecas; que no reconoce algunos logros que se consiguieron después de muchos años de lucha; que genera inequidades e incertidumbres, y sobre todo que no respeta un principio básico establecido en nuestra Constitución: la especificidad de nuestra función.
Según nos señalaban algunos legisladores oficialistas, -en nuestro peregrinaje legislativo, tratando de detener la aprobación de esta infame Ley-, la idea del Gobierno es tratar de “igualar” toda la seguridad social. Como siempre a la hora de igualar, este gobierno iguala en menos. Por lo menos en el caso de la Policía Nacional.
Reflexionamos que estaría bueno que para ser “todos iguales”, todos los funcionarios públicos tuvieran que hacerse matar para defender a los vecinos, que tuvieran que entrar a un edifico en llamas para salvar a una persona, que tuvieran que levantar un muerto de una semana, para meterlo en un cajón o que tuvieran que trabajar 18 horas por día para mantener medianamente a su familia.
Esa también seria otra forma de igualarnos, lógicamente que también en menos.
Lo raro es que la Sra. Ministra del Interior no esta de acuerdo con esta Ley, la oposición por supuesto tampoco, los sindicatos policiales y las Instituciones Sociales nos manifestamos en contra, y hasta varios legisladores oficialistas nos hicieron llegar su disgusto con la norma.
Aun así el proyecto contra reloj, fue “disciplinariamente aprobado”.
La verdad no entendemos ¿por que?...
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