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La amenaza reeleccionista
por Francisco Faig
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A pesar de lo claro que fue el presidente el año pasado, son numerosas las señales que dejan pensar en que efectivamente se puede llevar adelante una campaña reeleccionista de cara a 2009. Para entenderlas, importa dejar claro cuál es la verdadera disputa de poder en la izquierda, detrás de la opción Astori- Mujica.
La posición de Vázquez ha sido clara: su candidato es Astori. Y en estos días, dejó sobrevolando la idea de ir a la reelección cuando dijo que “todo cambia”. Mensaje al Frente Amplio: o va Astori, o voy yo de vuelta. Lo entendieron los socialistas y la Vertiente Artiguista rápidamente, y se manifestaron en el sentido reeleccionista presidencial.
Lo que está fuera de toda cuestión es que los Tupamaros lleven candidato a presidente, que vayan a una interna, que ganen la mayoría de esa interna, y que luego, lleven a la derrota a un Frente Amplio dividido.
Los tupamaros nunca fueron muy bien vistos por el resto de la izquierda, ni en 1971, ni hoy en día. El MPP reivindica una forma distinta de encarar la actividad política, no tiene la misma posición del presidente en la ley de caducidad, la política exterior, la política militar, o el sesgo productivo.
Astori representa una izquierda un poco distinta, si bien siempre antiliberal en lo político. No tiene esa costumbre complotista tan tupamara. Se adapta un poco mejor al sistema capitalista. Es la puerta de entrada a una renovación razonable de los cuadros de gobierno, en particular para la generación del 83 de izquierda, que no junta votos, y que confía más en la línea astorista que en los viejos representantes tupamaros.
El debate de fondo es entonces entre el MPP y el proyecto de Vázquez.
Es por eso que todos –menos los tupamaros y Asamblea Uruguay- miran y se satisfacen cuando avanzan los aprontes de recolección de firmas que procuran hacer cambiar de posición al presidente. Y es que el asunto presenta dos ventajas.
Primero, se cree que puede dar más aire a la batalla electoral. Con el 40% de intención de voto, se complica el balotaje. Con el 66% de aprobación de gestión de Vázquez, las esperanzas se ensanchan.
Segundo, se contienen las presiones tupamaras. Mujica no solo no asegura la victoria hacia fuera, sino que además se queda con la mayoría de la izquierda… este escenario post 2010 se hace francamente insoportable para la “gauche caviar” que le encontró el gustito al poder pero que no tiene apoyo popular y no soporta a los tupamaros, su mística, su jerga, sus códigos, su militancia y su tesón.
La amenaza reeleccionista se extenderá a lo largo de la primavera. Pende sobre la cabeza de Mujica. Más se afianza cuanto mayor peligro corra la unidad de la izquierda por la falta de un candidato de consenso.
Sin embargo, el país precisa otro debate en el partido de gobierno. No qué cambio institucional hacemos para seguir en el poder. Sino, qué cambio ideológico generamos para mejorar nuestra gestión en un sentido de apertura, democracia, respeto por la diferencia, tolerancia hacia lo distinto, modernidad productiva, inserción internacional de largo plazo, reformas estructurales consensuadas con vocación republicana.
Lamentablemente, me temo que si Mujica no afloja en su proyecto generacional tupamaro de hacerse del poder, no serán las urnas de la interna las que lo saquen de su camino. Será sí, la voluntad presidencial de resguardar la unidad frenteamplista gracias a una reforma reeleccionista que dé esperanzas de triunfo a la izquierda en 2010.
Eso sí. Por mucho que amenace Vázquez con la reelección, no tiene margen para llevarla adelante. Creer que el Uruguay de la previsible recesión del 2009 aceptará graciosamente que se privilegie la interna del partido de gobierno y su consecuente reforma institucional frente a los debates de futuro que precisa el país, es equivocarse feo.
Mujica y los tupamaros lo saben, y por eso siguen en el mismo trillo de disputar la mayoría del Frente al (devaluado) delfín presidencial. En la pulseada reeleccionista del Frente Amplio también puede haber algún brazo arrancado, aunque esta vez, no sea de ningún Batlle.
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