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Año V Nro. 310 - Uruguay, 31 de octubre del 2008   
 

 
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Visión Marítima

 

¿Matrícula universitaria?
por Gonzalo Navarro

 
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         Las recientes manifestaciones de nuestro Presidente han colocado nuevamente el tema de la universidad de la república, y particularmente el de su matricula, en el escenario de la opinión pública. En la entrevista realizada, el Dr. Vazquez se manifestó de forma clara a favor de su implementación lo que resulta verdaderamente novedoso, principalmente por provenir de una de las figuras del partido de gobierno que históricamente se ha manifestado en forma contraria a dicha medida.

         En lo personal considero que el tema debe abordarse de forma global, esto es, estudiando la situación de la Universidad de la República (UDELAR) en su conjunto y no reducir el tratamiento del mismo al si o no a la matricula. En esa línea, un ranking de las mejores doscientas universidades del mundo realizado por THE TIMES dio un pésima nota a las universidades latinoamericanas. Según el listado, las mejores universidades del mundo están en los Estados Unidos, encabezadas por Harvard, la Universidad en Berkeley y el Instituto Tecnológico de Massachutts (MIT), mientras que únicamente la UNAM de Mexico era la universidad latinoamericana que lograba posicionarse entre las primeras doscientas (nº 195).

         Como puede apreciarse, el resultado no ha sido nada bueno para Latinoamérica. Respecto a las causas, los especialistas internacionales no han dudado en afirmar que uno de los principales motivos, es que gran parte de las universidades latinoamericanas son estatales por lo que no se les exige mucho en materia de control de calidad. Y cuando se les exige, estas se resisten escudándose en el principio de la autonomía universitaria.
Otro de los elementos que indudablemente colaboró para dicho resultado, es que los países latinoamericanos invierten menos en Educación que los países de Europa, quienes destinan aproximadamente un 7 % del PIB a tales efectos. Pero en Latinoamérica no sólo se invierte menos sino que además se invierte peor ya que la casi totalidad del gasto educativo se destina a pagar salarios y ni siquiera del personal docente, sino del personal de mantenimiento y del administrativo.

         En consecuencia, el sistema universitario latinoamericano padece de baja calidad con universidades sobrepobladas, edificios deteriorados, carencia de equipos, materiales de instrucción obsoletos e insuficiente capacitación y dedicación de los profesores. Lo triste, es que la realidad nacional resulta similar al resto de nuestro continente.

         Mi experiencia con el escenario descripto comenzó en el año 2002 en que ingresé a la Facultad de Derecho. Si bien la lotería natural (al decir de Rawls) me había otorgado la posibilidad de optar entre las diversas casas de estudio, terminé inclinándome por la pública pues tenía ganas de conocer otras realidades, otras personas.

         Sin embargo, me encontré con que muchos de mis nuevos compañeros provenían de liceos privados similares al mío y que conocía a gran parte de ellos. Allí es que empecé a darme cuenta que el ingreso a la universidad pública parecía no ser tan amplio como lo había imaginado antes. Pero no todo quedó allí. A medida que iban pasando los años, aprecié que los mejores estudiantes eran generalmente los de familias con recursos.

         La razón era sencilla, mientras estos acudían a clase de mañana y tenían toda la tarde libre para estudiar, los demás debían trabajar varias horas haciéndoseles la carrera más difícil y complicada, lo que repercutía indefectiblemente en sus notas y en la posibilidad de seguir año a año la carrera.

         Este proceso continuó agudizándose cuando constaté que la inserción laboral se desarrollaba en la misma línea. Era lógico, las notas posicionaban a unos en óptimas condiciones para obtener los mejores trabajos, las mejores oportunidades.

         Fue en ese momento que me “cayó la ficha”, como decimos habitualmente. Entendí que teníamos una universidad pobre en recursos que financiaba, básicamente, el desarrollo de los jóvenes de familias pudientes. Sorprendente, pero real. En lugar de encontrarme con una universidad rica para estudiantes pobres descubrí una universidad pobre para estudiantes ricos.

         Lo anterior no hace más que mostrarnos que mientras los uruguayos de todas las clases sociales financian la Universidad a través de los diversos tributos que abonan, los provenientes de familias con recursos son los que obtienen el mayor provecho. Sin embargo, las autoridades universitarias parecen ignorar lo mencionado y pretenden que todo siga tal cual está. Gran error.

         Es claro que UDELAR debe comenzar un proceso de reforma y que debe hacerlo pronto, siendo uno de los puntos medulares su financiación. En lo personal comparto lo alegado por nuestro Presidente, la matrícula debe ser una realidad. La Universidad no puede seguir financiándose únicamente con lo que recibe por parte del Estado. Simplemente no alcanza, por lo que debe ingeniarse y obtener otras formas de financiamiento. La matrícula es una de ellas.

         Lo llamativo es que este tema ya ha sido debatido en gran parte del mundo décadas atrás. Los países desarrollados son una clara muestra de ello donde el pago de matrícula no se discute. Incluso en países como china la solución ha sido en esta línea con universidades que se financian en un 65 % con fondos estatales y en un 35% con las cuotas que pagan los alumnos.

         Sin embargo, la financiación no debe agotarse únicamente en tales fuentes. Ello puede apreciarse claramente si analizamos el caso de Australia, cuyas universidades se nutren en un 40% del presupuesto estatal, otros 40% de los pagos que hacen los graduados una vez que alcanzan un cierto nivel de salarios y el 20% restante de la venta de servicios al sector privado.

         Por supuesto que quienes no estén en condiciones de abonar la matrícula deben estar exonerados de la misma. A tales efectos, la Universidad deberá disponer de un equipo de asistentes sociales que certifiquen la situación económica del estudiante. De hecho, la implementación será más fácil de aplicar que antes ya que el IRPF, a través de las declaraciones juradas, nos otorga una gran mano en este sentido.

         Lo obtenido de su recaudación permitirá por un lado incrementar los recursos disponibles de la Universidad así como también fortalecer el sistema de becas para aquellos estudiantes que lo necesitan. Como vemos todos salen ganando, los de recursos porque reciben un mejor servicio y los otros por recibir un respaldo mayor que le permitirá no tener que trabajar o hacerlo menos horas, con todo lo que ello implica.

         Otro de los grandes temas es el del ingreso irrestricto y la falta de controles para impedir que haya estudiantes eternos. Bajo la premisa de que todos tienen derecho a estudiar, se esta impidiendo que se pueda estudiar bien. En Uruguay tenemos un nivel de deserción alarmante tanto a nivel secundario como terciario que resulta muy negativo para el país. Los uruguayos estamos financiando carreras que en su gran mayoría no son finalizadas por lo que dichos recursos quedan, prácticamente, en la nada.

         Este tema también ha sido de debate en el mundo, incluso en países comunistas como China donde existe un examen de ingreso obligatorio para todas las universidades que es rendido anualmente por más de 6 millones de estudiantes. Sin embargo en nuestro país, ante la pregunta del examen de admisión se dice que es injusto debido a que los que vienen del liceo público vienen peor preparados por lo que estarían en franca desigualdad. Ante tal planteo una posibilidad es recurrir a Andrés Oppenheimer quien en diversas oportunidades, ha sostenido que en lugar de que el Estado gaste en estudiantes que ingresan sin estar preparados, de los que se terminan recibiendo muy pocos, resulta mas conveniente destinar ese dinero a la escuela secundaria para que lleguen preparados y compitan por la admisión.

         En suma, la Universidad de la República requiere de cambios importantes a todos los niveles a los efectos de salir de la crisis en que se encuentra sumergida desde hace ya varios años. Por tal motivo no puedo hacer otra cosa que aplaudir lo afirmado por el Presidente Vázquez, quien cerca de las elecciones tiene la valentía de decir algo que sabemos resulta impopular. Lástima que haya tomado tanto tiempo y se hayan generado tantas desigualdades pero como decimos comúnmente, más vale tarde que nunca. Bienvenido sea.

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© Fernando Pintos para Informe Uruguay
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