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¿No tienen a nadie?
por Oscar Almada
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El semanario “Búsqueda” en su edición del jueves 23 del corriente mes, anuncia que, según informes recogidos de “diversas fuentes políticas”, el presidente Vázquez estaría dispuesto a analizar que se promueva su reelección para las próximas elecciones nacionales, en caso de que el F.A. no lograra una fórmula de consenso en su próximo Congreso de diciembre, o de que Mujica insistiera en competir para ser electo como único candidato a la presidencia por dicha colectividad en las elecciones del año próximo. Parece que el actual presidente respalda únicamente la fórmula que tenga a Astori como candidato a sucederlo, con Mujica de candidato a Vice. De lo contrario, estaría dispuesto a rever su repetidamente sostenida posición de no procurar la reelección. Se ha lanzado, pues, una tremenda presión sobre el M.P.P. Para ese propósito, ya está marchando una campaña para la recolección de las 230.000 firmas necesarias para presentar un proyecto de reforma que la permita. Incluso, (enfrentándose a la obvia objeción de que eso significaría un nuevo cambio de los ya muchos que han tenido las posiciones de Vázquez sobre distintos temas, entre ellos por supuesto la reelección) en un acto de lanzamiento de dicha campaña se colocó un cartel con estas sabias palabras: “Una persona inteligente puede cambiar de opinión. El que no cambia de posición es un necio”.
Todo el problema arranca de que, como comentamos en otro artículo de esta edición, el Frente tiene horror a la decisión popular. En vez de acudir al simple y constitucional mecanismo de someter a la decisión popular en junio próximo el asunto de la candidatura, presentando a sus dos candidatos de más numeroso apoyo, se prefiere extremar los intentos de “consenso” previo de manera tal que el plato ya se presente cocinado. Y la receta culinaria en este caso supone necesariamente, para Vázquez, que el “uno” sea Astori y jamás Mujica. Por supuesto que en nuestro concepto el presidente tiene razón, pues Mujica candidato a la presidencia es sencillamente impresentable e inimaginable (lo que no quiere decir de ninguna manera que a contrario sensu, Astori no lo sea). Pero existe el “pequeño detalle” de que, internamente, la opinión más numerosa de los frentistas se inclina por aquél y no por éste. Y por lo tanto, si Vázquez, para evitar esta calamitosa posibilidad, se interpone y decide “sacrificarse” y aceptar la reelección, ello significa que le importa un bledo la voluntad popular, la democracia, la participación popular, todas esas insignificancias, y que se siente el Elegido, el nuevo Mesías. Pero: y Astori ¿qué dice? ¿Se someterá una vez más? ¿Hará nuevamente su papel, ya muy conocido, de “marido complaciente? Y por otra parte: el Frente, que reunió la mayoría absoluta de votos en el 2004, ¿no tiene a otro?
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