Miembro de
Proyect Sindicate apdu
       
 
separador                                          Inscripto en el Registro de Derechos de Autor en el libro 30 con el No 379
              
     
Google Buscar en la

 
Año V Nro. 310 - Uruguay, 31 de octubre del 2008   
 

 
historia paralela
 

Visión Marítima

 
Fernando Pintos

Ciento once años del conde Drácula
por Fernando Pintos

 
separador
 
mail
mail Contactos
notas
Otros artículos de este autor
pirnt Imprimir Artículo
 
 

«…A nuestro alrededor existen sacramentos del mal, como existen sacramentos del bien, y yo creo que nuestra vida y nuestros actos se desarrollan en un mundo insospechado, lleno de cavernas de sombras y de moradores crepusculares…». (Arthur Machen)

         En el año de 1997, apenas once años atrás en el tiempo se ha cumplido, sin conmemoraciones ni alharacas, el primer siglo en la vida una de las obras más perdurables que haya producido la literatura moderna. Al utilizar esta expresión y asignar al libro, con ella, la cualidad de modernidad —época de la cual es hijo sin la menor duda—, sería conveniente asumir, en consonancia con lo expresado por David Lyon, que el verdadero meollo de la Edad Moderna ha discurrido, encorsetado si se quiere, por un exacto lapso de dos siglos, el cual tuvo su comienzo con la caída  de la Bastilla (1789) y encontró su culminación con el derrumbe del muro de Berlín (1989), dos sucesos que han sido indudablemente estrepitosos y traumáticos a nivel universal.

         Como consecuencia de ello, el «Drácula» de Bram Stoker, publicado por primera vez en 1897, estuvo temporalmente ubicado en el verdadero epicentro de la Época Moderna y ha resultado, por diferentes características que más adelante se habrá de analizar con mayor detenimiento, una obra que puede ser considerada como moderna (producida por y dentro de la Modernidad) por excelencia.

         En primer término, toda vez que se pretenda explicar alguna obra literaria de relativa trascendencia —y el «Drácula» de Stoker, pese a ser una novela que la crítica seria ha menospreciado por el simple hecho de pertenecer a la literatura de horror, la ha tenido y en verdad enorme—, resulta de fuerza analizar los componentes principales que la han compuesto. Por tanto, se debería poner atención superlativa sobre elementos tales como: realidad y entorno del país y época en que fue escrita; los sucesos más relevantes de aquel período, tanto a nivel local como universal; las tendencias literarias de aquel preciso momento; las influencias directas que pudieran existido sobre el autor; así como la personalidad y trayectoria de quien la escribió.

         Obviamente, también se deberá analizar la obra en sí misma, como un puro fenómeno estético y literario. Pero, al mismo tiempo, existe un aspecto fundamental, que las más de las veces se ha quedado por un lado: resulta estrictamente necesario un análisis mediático de ese libro… Y cuando a esto último referimos, tal estudio debería realizarse en dos sentidos: 1º) la influencia que la obra, en su trayectoria editorial de 111 años, ha recibido por parte de los diferentes medios de comunicación, principalmente masivos; 2º) las influencias que esos mismos medios han absorbido de parte de esa misma obra y de muchas otras que de alguna manera la han seguido, utilizando para ello, ya de manera directa o tangencial, elementos incluidos en la novela de Stoker; 3º) el impacto que ambos factores previos pudieran haber tenido con relación a una difusión que podría obrar no sólo por diversas vías, sino por muy diferentes dimensiones o alcances.

         Para decir verdad, el propio autor de «Drácula» contribuyó en buena medida a minimizar la dimensión de su obra cumbre desde un principio. Resultó que a Bram Stoker le complacía explicar, en ciertas ocasiones sociales, que su libro había nacido de «…una pesadilla que se debió a una indigestión de cangrejo, debido a la cual sufrió alucinaciones acerca de una especie de rey de los vampiros, quien salía de su tumba en busca de sangre».

         En la práctica, aquel rebuscado argumento termina por resultar tan disonante como las rocambolescas explicaciones que expresaba Pedro Camacho (el personaje central de «La tía Julia y el escribidor», de Mario Vargas Llosa), sobre lo que consideraba el origen de todos los males de amor:

«…Para todo eso no hay como la leche de magnesia —me repuso, dejándome sin ánimos siquiera de reírme—. Ya sé, le parecerá un materialismo exagerado. Pero, hágame caso. Tengo experiencia de la vida. La mayor parte de las veces, las llamadas penas de corazón, etcétera, son malas digestiones, frejoles tercos que no se deshacen, pescado pasado de tiempo, estreñimiento. Un buen purgante fulmina la locura de amor…».

» Arriba


© Fernando Pintos para Informe Uruguay
 
21
Informe Uruguay se halla Inscripto en el Registro de Derechos de Autor en el libro 30 con el No 379
Depósito legal No. 2371 deposito Nos. 338018 ley No - 9739, dec 694/974 art. 1 inc A
20
Los artículos firmados son de exclusiva responsabilidad del autor y no reflejan, necesariamente, la opinión de Informe Uruguay
20
Los enlaces externos son válidos en el momento de su publicación, aunque muchos suelen desaparecer.
Los enlaces internos de Informe Uruguay siempre serán válidos.
21
 
Estadisticas Gratis