EL PAPA CLEMENTE
por Graciela Vera
Periodista independiente
Aún semi dormida escuchaba por radio el informativo de la mañana y oí que decían el Papa había fallecido.
Me estremecí, no lo niego, todos sabemos que el Papa está muy enfermo pero ningún cristiano quiere perderlo.
En los minutos siguientes comenzaron a sucederse las incongruencias.
La muerte de un Papa apenas había ocupado unas líneas en una de las principales emisoras de un país que se considera a sí mismo, el más católico de la Tierra.
No era normal, como no lo era la ausencia de campanas sonando a duelo. Ni lo sería momentos después la programación de la televisión en la que infructuosamente buscaba referencias a la noticia escuchada.
Pensé que el sueño puede provocarnos errores de percepción importantes y no tuve dudas que eso había sucedido.
Lo cierto es que la noticia se había dado: ‘El Papa Clemente había fallecido’; sólo que yo no hice la dicotomía de la información.
Realmente, el lunes 21 de marzo falleció en Utrera, provincia de Sevilla, el Papa Clemente. Y para su congregación murió el guía supremo.
¡Qué egoístas somos! Yo sentí alivio cuando me di cuenta del error sin pensar que había muerto un ser humano.
Y así como muere un Rabino, o un Imán, o un Gurú, o un Dalai Lama, que en la fe nada tienen que ver con mis creencias religiosas; había muerto un Papa, que en su rebeldía tuvo mucho que hacer con la Fe cristiana.
Clemente Domínguez, autoproclamado ‘Papa’ Gregorio XVII de la Orden de los Carmelitas de la Santa Faz, conocido como el ‘Papa Clemente del Palmar de Troya’, falleció en la madrugada del lunes de Semana Santa a los 59 años, pero el hermetismo de su ‘Orden’ hizo que su muerte se conociera recién el martes.
UN PERSONAJE SINGULAR
Para algunos fue casi un santo, para la mayoría no era más que un apóstata y para otros apenas si un personaje pintoresco y controvertido que logró amasar fortunas con las que levantó una gran Basílica de ocho torres, sostuvo una congregación y mantuvo el boato de su iglesia.
Tan pintoresco que consolidó su propio y muy personal ‘Vaticano’ y llegó a excomulgar al Papa Juan Pablo II y a la familia real española.
Creó una orden religiosa que se ha extendido a todos los continentes; proclamó ‘documentos papales’ por los que canonizó entre otros personajes célebres a Cristóbal Colón, Francisco Franco, José Antonio Primo de Rivera, Carrero Blanco, Adolfo Hitler y Don Pelayo.
¿Quién le siguió? gran cantidad de personas. Podemos decir que su exhortación tuvo la aceptación de miles de adeptos.
SITUANDO LA HISTORIA Y BUSCANDO SUS INICIOS
El Palmar de Troya es una población de algo mas de dos mil habitantes que se encuentra situada en el centro del término municipal de Utrera, en la provincia de Sevilla, Andalucía.
Un lugar donde la población se dedica especialmente a las tareas del campo. Tranquilo, sin atesorar sucesos extraordinarios hasta que, supuestamente comienzan a producirse milagros.
La historia comienza en marzo de 1968 cuando cuatro niñas de la zona aseguraron haber visto a la Virgen posada sobre un arbusto, en los terrenos de una finca conocida como Alcaparras, situada a escasa distancia de El Palmar de Troya.
La gente comenzó a visitar el lugar. Algunos aseguraban ver a la Virgen, otros entraban en trance. La afluencia crecía día a día, quizás porque el mundo está necesitado de milagros.
A las apariciones siguieron los prodigios de las curaciones. ¿Realidad o imaginación? ¿Cuántos hablaban convencidos de lo que creían y cuántos especulaban?
Entre todos los visitantes, llegaron al lugar dos homosexuales sevillanos: Clemente Domínguez Gómez y su compañero Manuel Alonso Corral, contable el primero y abogado el segundo.
Parece ser que Clemente estaba entre los favorecidos que podían ver a la Virgen. La primera de sus visiones ocurrió el 30 de septiembre de 1969 y desde entonces se convirtió en el devoto más importante de las apariciones del Palmar.
Pasaba horas en una especie de trance y según contaba al salir del mismo, era un agraciado que podía percibir las mas bellas manifestaciones divinas y quizás el único al que la Virgen entregaba sus mensajes.
Comenzó a predicar y se convirtió en una especie de guía para la gente que acudía en busca de ‘algo’. Según él, la Virgen le había pedido mucha oración y penitencia y denunciado ‘las herejías y el progresismo que pervierte a la Iglesia’.
Clemente se convirtió en enemigo declarado de la Iglesia Católica Apostólica y Romana. La vapuleaba sin piedad.
Por su parte la Jerarquía Eclesiástica local condenó las prácticas que se desarrollaban en el lugar en nombre del culto a la Madre de Dios.
Clemente respondió aduciendo que aquella actitud no era más que ‘un producto de la soberbia humana’ y él también respondía, pero lo hizo con acciones: fundó la Orden de los Carmelitas de la Santa Faz, según aseguró, por directa solicitud de la Virgen.
A todo esto la gente que visitaba el lugar asegura que se producen una serie de milagros; por ‘indicación de la mismísima Virgen’ los seguidores cavan en la tierra hasta hallar agua con la que dicen realizar ‘las curaciones milagrosas’, que continúan realizándose a pesar de que las autoridades ordenan la clausura del pozo porque el agua estaba contaminada, algo que los partidarios de los ‘milagros’ denunciaron como una forma de intimidarlos.
Entre los que se acercan al lugar hay muchas personas de gran solvencia económica. Una de ellas, una baronesa que en 1972 realiza, para la recién iniciada Congregación, una donación de dieciséis millones de pesetas con las que Clemente y Manuel Alonso compran la finca de las apariciones.
A esta altura ya nadie cuestiona que Clemente Domínguez haya sido elegido por el mismísimo Dios, como el ‘conductor’. Por algo puede, según el mismo asegura, hablar con más de sesenta integrantes de la corte celestial.
Las visiones se mezclaban con las escenas de las estigmatizaciones. Sus seguidores llegaron a ‘asegurar’ que en una ocasión, en pleno éxtasis sangró, vertiendo por sus llagas quince litros de sangre.
¡Todo un milagro!, nadie lo dudó, desde que el cuerpo humano contiene unos seis litros de sangre y más aún si se tiene en cuenta que al analizar este ‘milagroso fluido’ se encontró con que no pertenecía a ninguno de los grupos sanguíneos existentes entre los humanos.
En 1974, después de viajar por varios países de los tres continentes, buscando adeptos y dinero, Clemente y Manuel establecen contacto con el arzobispo vietnamita Pedro Martin Gho Dhin Tuc que les ordena sacerdotes y posteriormente obispos en el transcurso de apenas diez días.
Por supuesto que el Vaticano nada sabe de ésto aunque hasta por el momento Clemente se autoconsidera, dentro de las jerarquías de la Iglesia Católica.
Como sacerdote Clemente Domínguez adopta el nombre de Padre Fernando, pero pocos lo recordarán como tal.
En 1974 queda ciego como consecuencia de un accidente de tránsito pero proclama que la Virgen le ha prometido devolverle la vista. Quizás haya habido una demora en concederlo o un olvido por parte de la Señora.
Después de todo Clemente también anunció el fin del mundo y alguna otra tragedia menor que no llegó a cumplirse, ¿quizás porque los milagros también se catalogan como inmediatos y a largo o largísimo plazo?
Cuando en 1978 murió el Papa Pablo VI, Clemente daba un paso de gigante para separarse de la Iglesia de Roma.
Mientras en el Vaticano se elegía un sucesor para el Trono de Pedro, en Bogotá, donde estaba en ese momento catequizando, se autoelegía Papa el ‘Obispo Clemente’.
Los milagros que con tanta prodigalidad parecen darse en Troya, no estuvieron ajenos a este nombramiento. Según Clemente, el mismísimo Dios le pidió que se autoproclamara Papa y él lo hizo con el nombre de Gregorio XVII, asegurando que él era ‘el segundo Papa elegido directamente por Dios después de San Pedro’.
Comenzaba una era de lo que para sus ‘creyentes’ eran milagros y para los demás oscilaban entre payasadas y blasfemias.
La ordenación de 24 Cardenales, la proclamación de los nuevos santos y la excomunión a todo aquel que representara lo que personalmente odiaba, que sin dudas era el Papa Juan Pablo II, elegido por el Vaticano sin tener presente ‘la venia divina’, fue el centro de toda su inquina.
El por entonces Papa Clemente acusó de Anticristo al Papa Juan Pablo II y llegó a decir que la Iglesia de Roma era gobernada por un Masón y por serlo debía estar excomulgado. Si la Iglesia no lo hacía, él lo haría.
Mucho más se podría hablar de Clemente Domínguez, el Papa de El Palmar de Troya que fundó una iglesia o secta, según quién le nombre, que tiene adeptos en todo el mundo los que con sus donaciones le han posibilitado poder construir una basílica cuyo costo superó en su momento los quinientos millones de pesetas.
Sí, los donativos llegaron de muchos sitios del mundo pero en muy buena parte de la ultraderecha española. ¿Cuánto dinero en donaciones ha recibido la Orden?
Preguntas que quizás no tengan respuesta. Se dice que hoy día está pasando por apuros económicos. ¿Será verdad lo que dicen sus detractores, de que cada canonización tenía por precio un dádiva de excepción.
Como toda congregación religiosa, la de El Palmar de Troya deberá elegir un sucesor para su cabeza. Los rumores apuntan hacia el Obispo Santiago ¿deberíamos entonces decir: hasta el próximo capítulo?
Almería, el sur del norte, marzo 30 de 2005