Año III - Nº 124 - Uruguay, 01 de abril del 2005

 

 

 

 

 

Peligros de la Globalización
Fernando Pintos

 

Ya sea que nos guste o deje de gustar, el tema de la Globalización ha dejado de estar en el aire: sencillamente, fluye por nuestras venas. ¿Cómo así? Pues muy simple: los medios de comunicación han llevado el contagio en todas las direcciones imaginables y la Posmodernidad, esa complicada reingeniería de una tendencia inalterable e inasible que se ha encargado de imponer las pautas para la civilización en todas sus épocas, se encargó de hacer lo demás.
En definitiva, todo es cuestión de modas. Existe una implícita obligación de seguir el paso a las modas con una docilidad ovina, por la más nimia de las razones: porque el resto del mundo as' lo hace. ¡Aleluya! Entonces, cuando el resto del mundo decida que el suicidio es la mejor vía para una sana diversión, todos tendremos el deber de intentarlo, so pena de ser mal vistos por el resto de la humanidad... En este caso, en el de la Posmodernidad y su compañera de ruta, la Globalización, el símil sería que cuando todos corran como corderitos a desmoronarse por un abrupto despeñadero asesino, habremos de seguir la corriente.

Sin ánimo de ser aguafiestas, intuyo algunos peligros de enormes proporciones, bastante más acá del horizonte. La Globalización exige a los países, como condición previa sine qua non, la obligación ineludible de regionalizarse. En el caso de Uruguay, la regionalización pasa por Mercosur. Recuerdo que en el año 2000 pregunté a uno de mis catedráticos de la Universidad Pontificia de Salamanca, el doctor Luis Buceta, sobre el innegable salto a la prosperidad que habría por fuerza experimentado España con el ingreso pleno a la Comunidad Europea, o sea, regionalización. Breves años atrás, según mi memoria, España ya figuraba como la octava potencia industrial del planeta... ¿Acaso se subió ya al puesto siete? interrogué a mi profesor. ¡Pues quÉ va! Si nos hemos bajado hasta el lugar doce, me contestó. Pregunté entonces la causa de tamaño desfase: ha sido la integración europea, me contestó Buceta a secas. Y conste que eso le ha sucedido a España, que se regionalizó dentro del Primer Mundo... Sin embargo, los países del Mercosur integran otro mundo muy diferente, al cual no sabría cómo llamar. Sin lugar a dudas es un mundo híbrido, con retazos del Primero y oscuras y extensas áreas mucho más adecuadas al Tercero... En realidad, podríamos hablar tal vez de una especie de Mundo Bizarro... Este es un símil que rememora las historietas del famoso hombre de acero, donde los memoriosos recordarán la existencia de un mundo paralelo, donde todos eran defectuosos, torcidos, grotescos, llenos de costurones y cicatrices, ya se tratara de gente (todos réplicas defectuosas de Superman y Luisa Lane), edificios, árboles, perros, etcétera... En realidad deberíamos hablar de Mundo Extrañó, Mundo Grotesco, Mundo retorcido... Pero ya varias décadas atrás las traducciones del inglés aparecían tan retorcidas como los habitantes del Mundo Bizarro, e ignoraban que la palabra inglesa bizarre tiene significados drásticamente diferentes u opuestos de la palabra española bizarro... Pero, claro, eso nunca ha importando mayor cosa a nadie, y en tiempos de Posmodernidad y Globalización, tan definidamente bizarre, importa menos todavía...

Habitamos ahora en un mundo integrado, aunque sea a empujones y tropezones. Tenemos las autopistas de la Información, estamos rodeados por la era del Conocimiento, y la mayor parte de las economías tiende a ser globalizada... ¿A dónde llegaremos por tales caminos? No sólo yo pregono escepticismo: algunos articulistas de medios tan influyentes como THE NEW YORK TIMES expresan reiteradas dudas. He ahí un artículo de tal procedencia, que fue reproducido por la revista SUMMA en marzo de 2001 bajo el título LOS PRETENSIOSOS, donde relata la patética experiencia que vivían por entonces millares de japoneses de la clase media, desempleados a la fuerza y empeñados en esconder tamaña desgracia y deshonor a los ojos de familiares, vecinos y amigos... Era un panorama duro de la economía colapsada en un país que no otorga segundas oportunidades y que, sin embargo, seguía contando con un PIB de 27 mil dólares para arriba... Y he también, por ahí, otro artículo publicado en THE WALL STREET JOURNAL bajo el titulo de LAS CONTAGIOSAS PLAGAS QUE PROPAGA LA GLOBALIZACIÓN: de acuerdo con él, entre 1999 y 2001, una serie de plagas que afectan generalmente a especies animales, y en ocasiones también a seres humanos, se regaron por el planeta gracias a la multiplicación de contactos y viajes que ha generado el proceso globalizador de la economía. Se señalaba la aparición y propagación de fiebre porcina clásica; virus del Nilo Occidental (afecta a caballos, aves y humanos); fiebre del Valle del Riff (atacando camellos, cabras, vacas, ovejas y personas); lenguas azuladas (ovinos); fiebre porcina africana; mal de las Vacas Locas; enfermedad de Newcastle (sus víctimas son aves); virus del Nipah (contra los cerdos); y la infaltable fiebre aftosa (vacas, ovejas, camellos, cerdos), causando múltiples estragos en países del Mercosur... Ni qué decir "volviendo a las autopistas de la información", de esos alegres virus informáticos, que sin cesar están amenazando los centenares de millones de computadoras que funcionan en el mundo.

Tal vez peque de pesimista mas anoto que se escuchan y presienten unas pisadas de animal grande. No me refiero al imperio de la bandera estrellada, que tal vez no esté lejos de estrellarse, para alegría de muchos. Aludo a situaciones y posibilidades mucho más concretas: desarticular la mitad de una economía y echar por la borda buena parte de su equipamiento industrial, y quedar dependiendo de lo que buenamente se pueda importar desde grandes emporios de producción global para luego, frente a un colapso fulminante de cualesquiera entre ellos, por ejemplo los que produzcan zapatos, quedar todos triste y patéticamente descalzos... Bien sé que en un mundo altamente globalizado, como el que nos toca sufrir, el concepto de autarquía suena peor que el de sedición o terrorismo. Pero la economía mundial es un sistema complejo, muy delicado y frágil. Y no digamos nada de las finanzas mundiales, porque comparadas con ellas, las arenas movedizas parecerían un paraíso vacacional. Ni, por cierto, tampoco hablemos de la ética que impera en tiempos de Posmodernidad y Globalización, una que haría ver a Nicolás Maquiavelo y Baltasar de Castiglione como mascotas de kinder... Y al conde Drácula como algo parecido a la madre Teresa de Calcuta.