Año III - Nº 124 - Uruguay, 01 de abril del 2005

 

 

 

 

 
Otro veintisiete de marzo
Dr. Enrique Rimbaud
Decano de la Facultad de Veterinaria
Managua - Nicaragua

 

Hay cosas que nunca entenderemos del ser humano, su capacidad de acumular tristezas, hondas heridas que nunca cierran, lagrimas guardadas que queman y que pugnan por salir liberando la mente y sin embargo quedan a un palmo de un nudo de garganta con ojos congestivos&

El corazón late en su féretro toráxico, sangrando en cada latido, doliendo en cada contracción, y la tristeza invade el cuerpo como un hongo, silenciosa y pegajosa, coloreando la piel y el alma, sin poder ni saber detenerla&

Hoy hace doce años que mi hijo Mateo falleció en un accidente de carretera, un accidente que trunco su vida y cambio la mía& para siempre, un accidente del que casi no pude reponerme y que quizás nunca lo logre&

Un día especial, de siempre, de toda la vida, en este día cumplían años mi Abuela Rica, mi Madre, Sonia, y la empleada de toda la vida que nos criara, la Vieja Juana& hoy ninguna de ellas vive, pero siguen preñando de intensidad un día que hasta hoy se me confunde&

Hay cosas que son difíciles de comprender o superar, creo que nadie esta preparado para perder un hijo, el resto son reglas del juego, pero esto no, nadie puede hacerse a la idea, nadie&.

Hoy puedo dar gracias por estar vivo, por ser y estar, y esto se lo debo a mi hermano Michel, a mi amigo Pablo y a la Rubia, que han sabido apoyarme y estar conmigo pese a mis fantasmas, mis recuerdos, mi lado oscuro del corazón&.

Solo me queda el recuerdo, unas fotos, el sonido de su voz llamándome papito& que queda como un eco permanente, la imagen de su gran sonrisa y la sensación de tibieza de su cuerpo entre mis brazos, y tras doce años, veo que seguirá dentro mio hasta el fin de mis dias&

Les pido perdón por la tristeza, les pido perdón por el recuerdo imborrable y persistente, pero es parte de mi vida y lo seguirá siendo, sin dudas, la mejor parte de mi vida&.

Un abrazo triste
Enrique