|
Las consecuencias de los cambios
de política hacia Cuba
por Jorge A. Sanguinetty
|
| |
|
|
La liberalización de los viajes y del envío de remesas a Cuba por parte de los cubano-americanos tendrá una larga serie de consecuencias, siendo la mayor parte de las mismas impredecibles. Creo que lo primero que hay que ver es que dicha movida por parte del presidente Barack Obama tiende a quebrar el estancamiento actual dentro de Cuba, lo que puede ser positivo si mueve al país hacia un nuevo estado de equilibrio. Sin embargo, difícilmente el nuevo equilibrio será estático. Qué sucederá en el corto plazo dependerá mucho de cómo reaccione el gobierno cubano, de lo que quiera hacer Raúl Castro, de lo que su hermano Fidel le permita hacer y de cómo reaccionará el gobierno de Estados Unidos posteriormente. Examinemos varios escenarios probables.
Supongamos que los Castro no tomen medida alguna y se limiten sencillamente a recibir más visitantes y más remesas. En el corto plazo esto enriquecerá las arcas del gobierno y la de los Castro, los cubanos en la isla que reciban visitantes y remesas se beneficiarán directamente, mientras que los que no reciban ni remesas ni visitantes también se beneficiarán indirectamente pero probablemente en menor proporción. Si no hay cambios en la política interna, EEUU podría tomar la iniciativa y poner presión sobre los Castro para que adopten algunas medidas de liberalización en reciprocidad a las iniciativas recientes.
Sería también una oportunidad para reclutar o recabar la colaboración de algunos gobiernos “hermanos” de Cuba y presionar a los Castro entre todos. Si nada sucede, entonces estas medidas no forman parte de una nueva política de EEUU hacia Cuba. El lado positivo de todo esto es que las fuerzas evolutivas que operan en Cuba guiadas especialmente por la demografía, deberán verse estimuladas por el aumento de los viajes y de las remesas. No nos olvidemos que por mucho que el castrismo se haya empeñado en aplastar a los cubanos y mantenerlos eternamente en el estado actual de opresión, dependencia y desesperanza, las nuevas generaciones están buscando nuevos espacios. Al igual que sucedió en otros países comunistas, los cubanos acabarán encontrando esos espacios y propiciarán tarde o temprano un cambio de gobernantes, de alguna manera.
Supongamos un segundo escenario: que los Castro, queriendo limitar la influencia de las fuerzas evolutivas dentro del país de las cuales ellos seguramente están al tanto, aprovechen el aumento de los recursos disponibles para intensificar de inmediato la represión interna. Un componente de esta medida podría ser la reasignación de una parte de las nuevas ganancias al mejoramiento de las condiciones de vida de la población más marginada, sin dejar de reprimir a los más inquietos. Este escenario también pondría a prueba, aunque de una manera más perentoria, la voluntad política de los gobiernos de EEUU y de otros países del hemisferio de propiciar cambios sustanciales en Cuba. Sin embargo, ni en éste ni en el anterior escenario, se puede predecir si los gobiernos actuarán en consecuencia.
Irónicamente, gracias a los hermanos Castro, los autodeclarados campeones mundiales de la soberanía y autodeterminación de los pueblos, es que hoy el futuro de Cuba depende en gran medida de lo que se decida en Washington. Desafortunadamente, esta realidad no la podemos cambiar en el corto plazo, pero en medio de este complejo juego y en presencia de las nuevas condiciones cabe preguntarse: ¿qué podemos hacer los cubanos desde afuera para ayudar a que las fuerzas evolutivas se inclinen a favor de una democratización del país?
Desde hace años, algunos grupos en el exilio han estado trabajando en diversas actividades para promover el desarrollo de una sociedad civil en Cuba. Tengamos en cuenta que hoy el país sufre de lo que pudiéramos llamar “indigencia institucional” entre sus muchas otras formas de indigencia. La fuerza de los Castro realmente no es otra cosa que la debilidad orgánica de la sociedad cubana. Hasta que no existan cuerpos de sociedad civil en la isla, el país seguirá en su estado de postración e impotencia, dependiendo de los tiranos actuales o de los venideros, que desafortunadamente no pueden descartarse. Es por eso imperativo que seamos realistas y contribuyamos a crear pacientemente esa sociedad civil.
La liberalización actual de los viajes y de los envíos de dinero tiene la ventaja que facilita el trabajo de aquéelos que dentro y fuera de la isla luchan por el desarrollo de la sociedad civil. No cabe duda de que los Castro y su entorno se beneficiarán de tal liberalización (para no hablar de un levantamiento del embargo), pero ellos mismos no podrán evitar que los disidentes, la oposición y los que quieren libertad también se beneficien.
Es ahí dónde radica el desafío tanto para los que se oponen a la libertad de los cubanos como para los que la desean: cómo jugar bajo las nuevas reglas y ganarle al contrario. En tales condiciones, como en cualquier juego de estrategia, la inteligencia tiene la palabra. Muchos se han opuesto y se oponen a que haya más intercambios entre la isla y el exterior, pero lo que logran es impedir que jueguen los que saben y pueden jugar. El estancamiento permanente sólo favorece a los elementos más retrógrados de la isla, los Castro ahora y sus posibles sucesores después. Seamos inteligentes colectivamente hablando y movamos nuestras fichas como muchos cubanos esperan que lo hagamos. Para ganar.
» Arriba
| |
|
| Publicado con la autorización de Liberpress |
|