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Las papeleras y la contaminación Argentina, a la larga pierde
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| por Raúl Seoane |
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Hablar de las papeleras, en estos momentos en que un grave conflicto enfrenta a dos países hermanos es un tema difícil porque en algún lugar tocaremos una fibra sensible oculta en cualquiera de los contendientes.
La demanda mundial de pulpa celulosa blanqueada crecerá en el mercado mundial de 45 millones de toneladas en 2005 a 74 millones de toneladas en 2020, lo que significará una ampliación de 1,9 millones por año, una ampliación que preocupa a las organizaciones ambientalistas de América del Sur, región elegida por la industria para radicarse. http://www.telam.com.ar/vernota.php?tipo=N&idPub=62683&id=97403&dis=1&sec=1
Si tomamos en cuenta de que la población mundial creció más de un cien por ciento en tan sólo 30 años, es lógico que exista una mayor demanda de papel, una mayor demanda de comida, de agua, de energía, etc.
Aparte de esta gran demanda, las principales productoras de pulpa de papel se encuentran en Europa, pero ese continente, por este incremento poblacional, se halla muy acotado para continuar expandiendo a este tipo de industrias, y esta es una de las principales razones de que las pasteras miran hacia el cono sur americano.
Otra de las ventajas, es que el Cono Sur es una región muy eucaliptera y esta especie es muy apreciada para la fabricación de pasta celulósica debido a su fibra corta, cualidad que la hace atractiva y se la utiliza en la fabricación de papeles finos. También hay que tener presente que en estas zonas, el eucaliptus se torna apto para el consumo en la tercera parte del tiempo con que lo hace en Europa.
No nos olvidemos que primigeniamente, tanto la pastera Botnia como ENCE intentaron instalarse en la provincia de Entre Ríos. “La radicación original de estas dos plantas era la Provincia de Entre Ríos, y que finalmente las empresas decidieron la otra orilla del Río Uruguay por el fuerte peaje, eufemismo de coima, que se exigió en la tierra de Urquiza y de Pancho Ramírez”, según afirmaciones del editorialista de Clarín Julio Blank.
La República Argentina, tiene cuatro plantas de celulosa frente a la provincia de Entre Ríos, y una en Ibicuy, a 123 kmts. de Gualeguaychú, y muchas de ellas blanquean la pulpa con cloro elemental. A su vez, existen tres más en Misiones, que han generado roces con Paraguay por la contaminación que estas generan, y una más en Jujuy. Ninguna de estas plantas tiene tecnología de punta, y todas trabajas con procesos de blanqueo muy inferiores a las que utilizarán las plantas uruguayas.
Una guerra que es económica y no ambiental
Creer que el conflicto con Uruguay es por un problema de polución ambiental, es tener una visión simplista. Detrás de toda la parafernalia verborrágica de los principales actores, existe una guerra no declarada por las inversiones extranjeras en la zona.
No es ninguna novedad que Argentina no recibe inversiones extranjeras genuinas desde hace mucho tiempo, por la continua persecución del gobierno kirchnerista a los industriales con controles y congelamiento de precios, aprietes y patoteadas, en un desesperado intento de controlar una inflación que está reprimida pero que ya comienza a explotar, por la falta de un plan económico coherente y la corta visión global de los dirigentes políticos argentinos.
La pérdida de las inversiones de las pasteras por parte de las autoridades políticas de Entre Ríos, más le necesidad del gobernador Busti, y del propio presidente argentino de ganar los legisladores nacionales en Entre Ríos en las elecciones legislativas pasadas, hizo que el gobernador entrerriano se pusiera al frente de los pseudos reclamos ecológicos.
Desgraciadamente, una honesta inquietud ambientalista que hubiera sido posible encausar dentro de lo razonable, fue infiltrada políticamente por la necesidad de victoria de un gobierno sin propuestas positivas. Una vez creado el Frankestein, éste se fue autoalimentando por la impotencia de las lógicas derrotas sufridas con los repetidos estudios ambientales, la decisión del Banco Mundial de otorgar un préstamo a Botnia con el único voto en contra del representante argentino, la resolución negativa del Tribunal de la Haya ante la presentación argentina sobre el posible daño ambiental, también con el único voto en contra del representante argentino y la resolución del Mercosur instando a la Argentina a levantar los cortes de los puentes internacionales, otra vez con el único voto en contra del representante argentino.
Lo que se está perdiendo
Argentina se está jugando su futuro en este conflicto. La sensación que tienen los inversores extranjeros es que este país se maneja por el capricho de un grupo de inadaptados que arremeten contra las leyes y que el gobierno nacional no las hace cumplir, mirando capciosamente para otro lado, temeroso de perder el favor de los votantes, y aprovechando un conflicto por él generado para intentar posicionarse como un gobierno fuerte que pírricamente no se deja amilanar.
A su vez, estos mismos inversores aprecian que el contrincante argentino, Uruguay, el pequeño David, defiende con uñas y dientes los compromisos asumidos con las empresas que invierten en él país, y esto está resultando en nuevas inversiones que se están dirigiendo hacia allí.
La ineptitud de los gobernantes argentinos que priorizan sus apetencias personales al crecimiento y bienestar de sus gobernados, arremeten contra todo lo que pueda favorecerles electoralmente. Este es el caso de la impugnación a la instalación de la empresa Kemira que invertirá 13 millones de dólares en la provincia de Santa Fe para la producción de dióxido de cloro para proveer, principalmente, a la planta de Celulosa Argentina que está instalada en Capitán Bermúdez.
El pseudo ambientalismo, o el ambientalismo exacerbado, ya se pronunció en contra de este nuevo emprendimiento de capitales finlandeses, por lo que no se descarta que se inicien acciones en contra de la empresa, lo que redundaría en el traslado de Kemira hacia un país más confiable como Uruguay.
“Disparen contra las inversiones” parece ser la consigna que ha ganado a los entrerrianos, sin darse cuenta de que perdidas las inversiones pasteras en Entre Ríos por la ambición desmedida de políticos pretensiosos, las empresas que se instalan en Uruguay continúan siendo muy importantes para el crecimiento económico de todo el litoral del Río Uruguay, porque además de que pueden abastecerse de materia prima en Entre Ríos, Corrientes y Misiones, también generan industrias satélites que pueden operar en toda la región. El caso de Kemira en Santa Fe es un buen ejemplo.
La intransigencia de cuatro gatos locos, la ineptitud del gobierno argentino y su miedo a enfrentar una realidad que le está golpeando en los ojos, están haciendo que la española ENCE inicie contactos con empresas paraguayas para garantizarse el abastecimiento, perdiendo el litoral argentino la oportunidad de generar nuevas fuentes de trabajo. Esto nos lleva a la lamentable conclusión de asegurar que este estúpido conflicto está perjudicando a los propios entrerrianos y litoraleños argentinos, mucho más que a los uruguayos contra quienes está dirigida esta guerra.
La mayoría de los juristas internacionales consultados aseguran que la resolución a la demanda presentada por Argentina ante La Haya va a ser ambigua y no va obligar a Uruguay al desmantelamiento de las fábricas, ni a la interrupción de la producción de pasta de celulosa, lo que representa una nueva derrota de la posición del gobierno argentino.
Ante esta perspectiva, lo más razonable sería que los ambientalistas entrerrianos propiciaran un férreo control de las emisiones de Botnia para minimizar en todos sus aspectos la posible contaminación, en lugar de oponerse estúpidamente a la producción de pasta de celulosa, pero, desgraciadamente, los oscuros intereses creados detrás del ambientalismo siguen inyectando su ponzoñoso veneno.
Un Mercosur en peligro
Sin embargo, Argentina está perdiendo mucho más que inversiones. Se está quedando aislada internacionalmente, y con sus despóticas actitudes está socavando los cimientos del Mercosur.
José “Pepe” Mujica, Ministro de Agricultura y Ganadería del Uruguay lo expresó sin eufemismos: “Si Brasil no nos deja entrar nuestro arroz, la Argentina nuestras bicicletas y cuando tenemos la posibilidad de acceder a inversiones se oponen, el MERCOSUR no nos sirve para un carajo”
Estas declaraciones de un dirigente uruguayo pueden tomarse dentro del contexto de esta Guerra de las Papeleras, pero la propuesta del senador chileno Víctor Pérez, de impulsar el retiro de Chile del Mercosur en razón de las desavenencias por los subsidios argentinos a las exportaciones, avalan mi convicción de que el gobierno argentino es el peor enemigo que tiene el acuerdo regional.
El senador Pérez, recalcó la necesidad de revisar la asociatividad de Chile al Mercosur, pues, “ésta no ha sido lo buena que se esperaba”. Recordó que “cuando uno se asocia a un organismo internacional, lo hace con el firme convencimiento de que esa incorporación traerá beneficio para los habitantes del país, pero en este caso, el efecto ha sido inverso”.
Como podemos apreciar, el conflicto de las papeleras con Uruguay ya no es algo bilateral, se está convirtiendo en un problema mucho mayor por esa falta de diálogo político de un gobierno argentino que se maneja como un “patrón de estancia” en lo interno y en lo externo, y por la improvisación e ineptitud de la Cancillería argentina, iniciada por Bielsa y continuada por su sucesor, Taiana.
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