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Año V Nro. 297 - Uruguay,  01 de agosto del 2008   
 

 
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2012

 
Helena Arce

Una historia de la vida real
por Helena Arce

 
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         Mi querida amiga Betty Alter, con su prosa inigualable suele contar historias verdaderas que le llegan, conmueven al punto de uno sentir estar viviéndolas mientras las lee.

         Hoy intentaré contar yo una historia de la vida real, la vida de una querida amiga, a la que quiero casi tanto como a mi misma, con sus luces y sus sombras, aprendí a quererla y respetarla. Nunca igualaré la prosa de la querida Betty, pero espero que la sinceridad de esta historia de vida supla la falacia de la prosa.

         Esta mujer, una joven en aquellas épocas, tenía una especie de imán hacia los hombres inconvenientes, por lo cual más bien a fin de no sufrir su vida como una especie de telenovela, decidió dedicarse a estudiar, trabajar y armar su vida por si misma.

         Así ocurrió un día, insólitamente en el casamiento de un amigo, al que se obligó a asistir, pues no estaba en su ánimo en esas épocas pasar momentos amenos, divertidos, sino que estaba aferrada a darle un sentido a su vida en la construcción de su futuro, conoció a quien sería su compañero de ruta.

         Posiblemente si se hubiese dado tiempo para pensar, no se hubiese embarcado en ese viaje, ese hombre recién separado de su esposa, con dos pequeños hijos tal vez traería más problemas a su vida de los que estaba preparada para afrontar.

         Sin embargo no pensó, justo es decirlo, se resistió al principio a entregarse a esa felicidad que se le presentaba, un ser maravilloso, dispuesto a amarla sin cuestionarla, sin pretender cambiarla, aceptándola tal cual era.

         De esa forma, sin percibir cabalmente el radical giro que si vida iba tomando,  fueron transcurriendo los hechos, cuando quiso acordar, ese amor que apareció en su vida, la envolvió en un manto de ternura, de seguridad, que la hizo entender que sin compartir su vida con él, ya nada tendría sentido.

         Muchas advertencias recibió por cierto,  en contra de ese amor: no duraría, los hijos siempre serían un obstáculo, la ex esposa siempre le complicaría la existencia. Pero a esa altura, ya nada podía darle felicidad, salvo el compartir día a día su existencia con ese hombre. Un hombre para ella inigualable, pues la amaba, y conquistó su amor con ternura, con respeto, logrando cambiar su espíritu, su existencia, y para siempre su forma de encarar la vida.

         Estaban sus dos pequeños hijos, los de ese hombre con otra mujer, sin embargo, ella que siempre adoró a los niños, desde el inicio quiso  a esos pequeños con locura.

         Pasó el tiempo, y con momentos de discordia, donde de aceptarla, a veces las criaturas la rechazaban, nació al fin el fruto de ese amor infinito, un hijo que la realizó como mujer y ser humano. Entre problemas y soluciones, los hermanos se conocieron, y como Dios a veces tiende su mano, esos tres hermanos por siempre se quisieron, sin diferencias, sin importar  madres distintas, solo eran hermanos y se amaban.

         Pero el tiempo pasó, y así como la madre de los niños mayores cometió sus equivocaciones, también ella cometió los suyos. Solo podemos decir a su favor que nunca quiso menos a esos niños, siempre los adoró. Pero dejó que la intolerancia la ganara, y justificándose en poner límites para no jugar el juego de ser la “madrastra de cenicienta”, dijo basta. Y se convirtió sin quererlo en la real madrastra de Cenicienta, se puso intransigente con los rechazos adolescentes, y sin quererlo, realmente sin quererlo, terminó coadyuvando a separar a su hijo y a su marido, sus dos seres más amados en el mundo, de ellos.

         Pasaron los años, un  día su hijo se encontró con su hermana de casualidad y se abrazaron llorando. Otro día se encontró con su hermano y fue más fácil reanudar la relación. Su hijo, un adolescente le trasmitió lo dicho a su hermano: “Yo respeto a tu madre, tu respeta a la mía y todo está bien, los problemas de los viejos no deben afectarnos a nosotros”.

         Así de a poco, primero los hermanos varones, luego el padre con su hijo, se fueron reencontrando.

         Y al fin un día, es muchacho hijo del amor de su vida con otra mujer, y hermano de su hijo, le dio una lección de vida. Se invitó a cenar y apareció sin resentimientos, abrazándola muy fuerte, haciéndola sentir que nada había pasado. Así la hizo vivir una felicidad únicamente similar, a aquel día que tuvo por primera vez a su propio hijo, fruto de sus entrañas en sus brazos, Ese mismo sentimiento prevaleció al ver la felicidad de sus hijos, el de sus entrañas, y el de su marido, juntos abrazados a su padre.

         Las visitas se ha repiten, y ella mira a ese niño hoy hombre, al que amó desde siempre solo por ser el hijo del hombre que amaba, y le agradece el perdón, el no necesitar  explicaciones.

         Solo espera de la vida, que la hija, esa hoy joven mujer a quien tanto quiere también la perdone, y se integre a la familia, sabiendo que el amor es para sumar, la mujer de su padre y su hermano tan adorado, no pretenden que quiera menos a nadie, únicamente quieren sumar amor a su vida.

         Por eso Jimena se te esperan en casa, para que la felicidad sea completa, eso mujer me ha dicho que humildemente pide tu perdón por los sufrimientos que te haya hecho pasar.

         Y a vos Pablo, gracias, mil gracias por tu lección de hombre, por acercarte y perdonar.

         Esa amiga mía querida, me ha dicho, solo quiere darte las gracias por hacer más feliz al hombre que ama, y al hijo por el cual pasa su existencia.
Ella sabe que no lo merece, ha cometido muchos errores, no ha sabido estar a la altura de las circunstancias, pero también sabe que la vida les debe a ustedes el compartir la vida juntos, el disfrutarla juntos, y aunque ella no lo merezca, ustedes si,

         Por lo tanto Jimena, me pide mi amiga, que si es posible puedas disculpar tantos errores, reencontrándote con tu padre y tu hermano, pues sin ti nunca estarán completos

         Me pide te diga que ella también te ama igual, pero no pretende que la quieras, solo que la aceptes y la perdones, para que al fin ustedes, el padre y los hermanos puedan sumar amores.

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