El sábado 27 de enero el diario El País publicó un extenso artículo de César Bianchi, titulado “¿Se viene el estallido?”. Aquella nota estaba enteramente dedicada a, cito textualmente el colgado o antetítulo: “La conjura de los ultras uruguayos, pocos pero revolucionarios”… Para decir verdad, el texto no tiene desperdicio y es un interesante recorrido a través del más cretino, estúpido e infame repertorio de la izquierda troglodita uruguaya, de la cual, el único elogio que se me pudiera venir a la mente es el que sigue: parecería ser insuperable (en cuanto a cretinismo, estupidez e infamia).
Parece mentira, pero más bien es digno de Ripley, el tumulto de cretinadas e insensateces que pueden pasar por una mente joven, o relativamente joven. Pero, ¿por qué escribo “jóvenes”? Ninguno de estos aberrados individuos sabe, ni por asomo, lo que significa la juventud, ni han experimentado, siquiera por préstamo, el gozo de ser jóvenes. Léase el reportaje de Bianchi y se encontrará, irremediablemente, ante una polvorienta colección de momias. Para esta concatenación de engendros el siglo XXI no existe y ni siquiera fue precedido por el XX. Muy posiblemente, hasta la ideología de Marx sea para ellos una innovación posmoderna, de la cual tardarán un par de siglos en tener noticias. En la práctica, todos ellos parecerían sentirse mucho más cómodos en la viscosa tarea —ampliamente practicada por sus congéneres tupamaros— de arrastrarse por el alcantarillado. Una exótica afición que, sin lugar a dudas, comparten con las ratas, las cucarachas y las amebas. Antes que imaginarlos embelesados a un costado de Marx, se les podría visualizar reptando entre cloacas y toda clase de rincones asquerosos, en compañía del infame Marat. Y en la práctica parecen haberlo hecho durante largo tiempo. De ahí esa lepra irreversible que les devora el cerebro, el alma y hasta parecería destinada a corroerles los mismos huesos.
Pero veámoslo de una manera un poco más práctica, lo cual significará hacerlo a través de esa lupa cruel que aporta la más estructa realidad. Analícense esos ambiguos personajes que desfilan por el moroso relato de Bianchi: cronológicamente están ubicados entre el principio de la adolescencia y la barrera de los 30 años, con excepción de un sexagenario que de buen seguro sacará rédito económico de su vocación revolucionaria. Pero los otros, todos esos inmaduros cretinos útiles, generalmente se declaran desocupados. Cuando no, se dedican a oficios tales como repartir pan, aunque presuman de ser “diseñadores gráficos”. Vistos en general o en particular, parecen ser los perfectos modelos para el fracaso laboral y social. En una palabra: resentidos y perdedores
A decir verdad, no considero que ningún trabajo pueda ser denigrante o deshonroso. En cierta ocasión, para no morirme de hambre, levanté bolsas de 50 kilos en el puerto de Montevideo. ¿Y con eso qué? Personalmente, estoy orgulloso de haberlo hecho. Pero no estaría nada feliz si toda mi vida hubiera transcurrido estancada en aquella actividad. Yo quería avanzar en la vida y de allí para adelante trabajé en mil cosas y casi sin excepción las hice bien o todavía mejor, aunque cada nuevo trabajo que conseguía representaba apenas un escalón en mi carrera hacia algo mejor. En el caso de todos estos peleles de la ultra izquierdista uruguaya, el único futuro parecería consistir en ser desocupados o hacer mandados, y más que nada proseguir con sus estúpidas tareas de militancia político-ideológica, eso sí, con el sacrosanto propósito de anticipar y preparar en debida forma esa “revolución inevitable” que, según sus enfermizos cerebritos de colibrí, tarde o temprano arrasará el Uruguay y lo dejará convertido en una pavesa
En la práctica, estos revolucionarios de papel —tal como los denominaría su tan admirado Mao— parecen destinados a una vida completa de fracasos y frustraciones. En el mejor de los casos, un buen día de esos tal vez conseguirán que este gobierno de izquierda, o algún gobierno burgués que le suceda, les tire el tan anhelado hueso de un empleíto público, momento en el cual habrán alcanzado la consumación wagneriana de sus parasitarias existencias. Dado que el fin supremo del comunismo ha consistido siempre en convertir a cualquier país que caiga en sus garras en una gigantesca oficina pública, uno comprende con claridad que las metas superlativas para todos estos individuos sean el acomodo y el puestito en la administración pública. Por supuesto que jamás se tratará de un cargo público conseguido por oposición, por méritos, por capacidad, por probada competitividad… ¡Nada de eso! El puestito, vulgar rebusque en jerga montevideana, será alcanzado gracias al amiguismo al compadrismo, al clientelismo político, a la manga, al parentesco con algún politicastro o al buen uso que alguno que otro pueda hacer de su sagrado trasero. Y desde allí en adelante, a marcar tarjeta día tras día, a robar horario de la oficina para el té de la media mañana y la lectura del diario, la discusión de las noticias, las idas frecuentes al baño, los ratos dedicados al chateo y la navegación por Internet, las sagradas horas de almuerzo, la merienda, el té de las cinco, la preparación para la salida, y todo el resto del podrido y asqueroso repertorio burocrático.
En realidad, todos ellos estarán de tal manera en su mini paraíso terrenal. Podrán enfermarse con frecuencia y faltar a una oficina que no les reclamará mayor cosa porque, después de todo, allí nadie sabe para qué sirve y mientras que unos cuantos hacen poco, la gran mayoría hace nada. Eso sí, con el paso del tiempo, que es inexorable, comenzarán a reciclar prolijamente toda esa frustración que les pueda manar desde la propia impotencia y que —sorpresas tiene la vida— tal vez surja de algún que otro aislado chispazo de lucidez estremecedora. Y todos ellos con el tiempo serán, a no dudarlo, el típico burócrata con manguines y corbatita estrecha. Un resentido de tiempo completo que convertiá la destilación de ponzoña en un arte eximio y utilizará de tiempo completo su larguísima lengua viperina para cantar loas a un Chávez, a un Evo Morales o cualquier otro wanabe de Fidel Castro, labor que desarrollará sin dejar de afilar las pezuñas, para permitirse el goce supremo de joder, bien jodido y con J mayúscula, a cualquier pobre hijo de vecino que pudiera tener la mala suerte de aparecer en su área de influencia burocrática… Tamaña progenie de esperpentos no hubiera podido siquiera ser imaginada por Franz Kafka, pues no creo que la imaginación del gran escritor pudiese alcanzar tales extremos.
A continuación, para quienes lo hayan pasado por alto, extractaré algunos pasajes del extenso trabajo periodístico de Bianchi. Léalo con atención, pero evitando intoxicarse. Y después remítaselo a Àlvaro Vargas Llosa, Plinio Apuleyo Mendoza y Carlos Alberto Montaner, quienes necesitan material para su nuevo libro sobre el retorno del perfecto idiota latinoamericano.
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“…Bruno Leyton tiene 16 años y cara de niño. Está en quinto Humanístico del liceo de Piedras Blancas, donde vive con sus padres. Con ellos aprendió a militar en política desde que era chiquito. Los acompañaba a movilizaciones y comités de base, sentado en los hombros de su padre… Lucía Siola, de 19 años, lo invitó por msn a visitar la sede del Partido de los Trabajadores (PT), en Agraciada y San Martín… "Soy un agitador. Me brotan las letras", se ríe Bruno. Después dice que su papá, hoy empleado público, está orgulloso de él y lo acompaña en cada movilización. "Muchos de los representantes que están en el gobierno fueron compañeros de mi viejo, y ahora como están acomodados en el poder no anulan la ley de impunidad… "Ellos también saben que va a llegar. ¿Por qué te pensás que no anulan la ley o ponen una cárcel VIP para los milicos ¡en mi propio barrio!?" Bruno milita para ser protagonista de esa oleada, el día del estallido. Para eso también se preparan no muchos más de 200 jóvenes de entre 15 y 30 años en Montevideo, integrantes de organizaciones políticas de izquierda radical, descreídos de la izquierda gobernante. Y reivindican la revolución socialista como única generadora de cambios reales…
Federico Morales, de 27 años, contó que empezó a militar a los 16 en el liceo 38 de La Teja y en el MPP, donde lo echaron cuando un día fue José Mujica de visita y dijo que para ser legislador no iba a usar traje. El adolescente preguntó si en caso de ponérselo dejaría de ser revolucionario, y al otro día le pidieron que deje (SIC) de concurrir. Se fue a la Corriente de Izquierda y tuvo una discusión con Helios Sarthou porque entendía que a los jóvenes no les permitían militar "en serio" sino sólo en la campaña electoral… En 2002 se integró al PT. "Lo elegí porque es un partido revolucionario, de clase obrera, también por el programa y la militancia. Y porque no es un partido de burgueses", argumentó Morales.
Palabras más, palabras menos, todos los entrevistados para esta nota dijeron casi lo mismo, para contestar por qué se adhirieron a la Organización Libertaria Cimarrón, Fogoneros, la Juventud Guevarista del Movimiento Revolucionario Oriental o la Juventud Comunista Revolucionaria. Joaquín Otero, de 23 años, se integró a la anarquista Organización Libertaria Cimarrón (OLC) porque le atrajo "el proyecto político de la organización y la importancia de la militancia. Era un proyecto combativo, revolucionario, que significó una alternativa que no había para los jóvenes…
Federico Boga, de 26 años, se sumó a la Juventud Guevarista del Movimiento Revolucionario Oriental (MRO) atraído por los 40 años de historia del movimiento y por "tener determinados principios e ideas. Vi las figuras del ´Che´ y de Artigas en un determinado estilo de militancia". A Ismael Gómez, de 23, lo encandiló Mao Tse Tung y a Federico Steinhardt, de 28, los pensamientos de los anarquistas Pierre-Joseph Proudhon y Mijail Bakunin. Pero todos ellos comparten consignas similares, y por eso se ven las caras en movilizaciones donde quizás, los más veteranos sean el independiente Jorge Zabalza e Irma Leites de Plenaria Memoria y Justicia…
Sobre el sofá donde están sentados Bruno y Valeria, los voceros de Fogoneros, hay un poster con la cara de Simón Bolívar y unos soldados a caballo que dice: "En Bolívar nos encontramos todos. Coordinadora Continental Bolivariana. ¡A la carga!" Para explicar por qué prefieren no dar sus apellidos (el semanario Búsqueda informó que Bruno se ha presentado como Bruno Fonseca aunque su verdadero apellido es Lasa), Bruno dice que no es por ser misteriosos. Solamente no quieren liderazgos con nombre y apellido, y limitarse a reflejar la opinión de la organización. Además, para evitar conflictos laborales. "Los servicios de Inteligencia me vienen siguiendo desde hace muchos años y saben quién soy", dice él. "Nos juntamos por la militancia estudiantil, y vamos a la puerta de los liceos porque los problemas de la educación están ligados a los problemas del país. Los que deciden las cosas que pasan en el país son muy pocos, como el FMI que decide en los programas de gobierno", dijo Lasa…
Victoria, una estudiante de 21 años que habla como si se hubiera aprendido de memoria todo el léxico revolucionario sesentista, agregó: "La democracia está sustentada sobre un modo de producción capitalista, es una democracia burguesa: no representa a la mayoría por una simple elección. Hay que profundizar la democracia en un sentido obrero, proletario, no en un sentido burgués. Para nosotros las elecciones constituyen una variante táctica, no estratégica. La estrategia está signada por la toma del poder, y no por llegar al gobierno durante cinco años". La joven no quiso revelar su apellido. Dijo que su interés por la militancia libertaria nació en el ámbito estudiantil, pero se negó a precisar a qué liceo iba: "No es necesario, no es sustancial…
Milton Rodríguez, de 28, integrante de la Juventud Comunista Revolucionaria (JCR), en un aula vacía de la facultad de Humanidades: "Queríamos que la gente viera con sus propios ojos lo que es un gobierno de la ´socialdemocracia´, del oportunismo electoral, que se disfraza de rojo (por comunista) para después luchar contra la izquierda antiimperialista, contra los sindicatos, contra las organizaciones populares, para hacerle los mandados al imperialismo de turno".
Inclusive, Rodríguez hizo gala del mismo espíritu misterioso de Fogoneros y prefirió no estimar cuántos jóvenes integran la JCR. "Somos más de los que quedaron vivos en el Granma, pero menos de los que embarcaron". (N. de R.: fueron 82 los guerrilleros que en México partieron hacia Cuba en el yate, pero de ellos, sólo sobrevivieron ocho tras el naufragio y una emboscada). Los números no interesan. Vos estás haciendo una nota sobre organizaciones revolucionarias, y ninguna que se precie de tal te dirá cuántos son". Se equivocó Rodríguez: sólo Fogoneros y la JCR no quisieron revelar el número de militantes. El Partido de los Trabajadores tiene 80 miembros, de los cuales 15 integran la Juventud Revolucionaria, dijo Lucía Siola. La Juventud Guevarista del MRO sólo tiene diez militantes en Montevideo y ocho en el interior del país (dos en Rivera, dos en Soriano, dos en Maldonado y dos en Canelones), informó Federico Boga.
La Organización Libertaria Cimarrón tiene 150 militantes en todo el país, 90 de los cuales están en Montevideo, reveló Esteban Corrales. Y en la Federación Anarquista Uruguaya 40 personas visitan la sede con frecuencia, pero suman 100 contando los adherentes que simpatizan con la organización, a quienes llaman "anillos", según Federico Steinhardt.
Boga, de la Juventud Guevarista del MRO: "Preveíamos que ciertas cosas podían pasar. Pero se adelantaron en el tiempo, como declararse continuistas. El firme compromiso con el FMI, por ejemplo, que se profundizó, o las políticas de corte neoliberal y que se venían aplicando en la Intendencia de Montevideo, como tercerizaciones y privatizaciones…
Rafael Gallo, un joven desocupado de 27 años, cebador oficial de mates en la juventud del PT, casi se ofende cuando se le pregunta por afinidades con el Frente Amplio. "Nosotros planteamos un programa de la clase obrera, el Frente tiene un programa que se ha ido transformando en pro-imperialista. Planteamos lo mismo que Marx: que siempre ha habido lucha de clases, desde antes del surgimiento del proletariado, en la esclavitud y la época feudal".
Lucía Siola agregó: "El gobierno lleva una política pro-imperialista: la firma de la operación de Unitas, mandar las tropas a Haití, la firma del Tratado de Inversiones, ahora el Tifa para llegar al TLC con Estados Unidos… Ya se veía cuál iba a ser la postura del Frente cuando salió a parar la caída de Jorge Batlle. Se vio que iban a seguir la política del FMI".
Joaquín Otero, de la anarquista OLC, repitió la teoría del "pro-imperialismo" pero con otros términos, igual de trillados: este gobierno "sigue la lógica de los gobiernos neoliberales". "Hoy la gente aplaude que se le haya pagado al FMI cuando antes se le pagaba y había huelga. Se juega con la legitimidad de la gente". Su compañero Esteban Corrales, de 30 años, fundador del movimiento, dijo: "El neoliberalismo como sistema político y económico vigente en América Latina no cambia porque haya un consejo de salarios. En todo el continente hay una consolidación de los sistemas democráticos como expresión del cambio, algo que no compartimos…
Steinhardt, anarquista pero de la FAU, también cree que en toda América Latina -más allá de su viraje hacia la izquierda- los gobiernos están muy distantes de los problemas populares…
Milton Rodríguez, de la JCR, admite que votó a este gobierno, pero asegura que no lo volverá a hacer. Insistió con el "pro-imperialismo" y aseguró que, además, fue "oportunista" porque aprovechó las ansias "de la gente" por un gobierno "popular" pero le hizo los "mandados" a la "oligarquía".
Más allá de que al escucharlos da la impresión que tienen puesto el cassette porque repiten los mismos pensamientos (y con las mismas palabras), también es cierto que suenan muy convencidos de lo que dicen. Cuestión de sensibilidad, dicen. Y de ideología. Diferencias de matices, coincidencias en ideas.
Ejemplo: Fogoneros y la OLC coinciden en criticar el sistema partidario y las elecciones como forma de acceder al poder, mientras que la Juventud Guevarista del MRO y la Juventud Comunista Revolucionaria (del Partido Comunista Revolucionario) defienden a los partidos como un método más de lucha. Federico Boga, del MRO, cita a Guevara: "Decía en 1963 que sería muy tonto para un marxista revolucionario no aprovechar las ventajas que da el proceso eleccionario para dar a conocer el programa revolucionario". El único partido de los consultados para esta nota que participó de las últimas elecciones nacionales es el PT, que sumó 524 votos en todo el país…
Milton Rodríguez, de la JCR lo expresó así: "Todo el que se oponga al imperialismo, a los oligarcas, es amigo nuestro". Y con ellos pretende conformar un frente de liberación nacional…
"¿Las papeleras? Es una entrega más a los grandes intereses internacionales", dijo Rafael Gallo, de la Juventud Revolucionaria del PT. Su compañero Federico Morales agregó que "ser anti-capitalistas no escapa al ambientalismo, van de la mano. Es un negociado que no sólo abarca el río Uruguay ahora o el Río de la Plata en el caso de Ence. Es el tema de la forestación. En Misiones se talaron los bosques y se inunda todo, mientras que en el Chaco no hay agua".
Ismael Gómez, de la Juventud Comunista Revolucionaria, señaló lo obvio: más allá de creer que las papeleras contaminarán, hay una clara postura ideológica al no acompañar su instalación en Uruguay: "Hay consecuencias económicas y sociales que traen los países dueños de los capitales de las pasteras. Hablo de la extranjerización de la tierra, el crecimiento del latifundio, las pésimas condiciones de trabajo y el desplazamiento de los productores…
Joaquín Otero, de la OLC, dijo que el movimiento no tiene una postura al respecto de las papeleras. Sin embargo, ni bien él y Esteban Corrales comenzaron a analizar el tema, se alinearon a los demás grupos ultras de izquierda. "Se ve la injerencia de una multinacional que parece la gobernante del país. Sí, van a dar trabajo. Pero está claro que van a contaminar, y agrega enemistad con un vecino", sostuvo Otero.
"Es la continuidad de un modelo por parte del Frente Amplio", insistió Corrales, reiterando un argumento repetido hasta el hartazgo por todos los jóvenes consultados para este reportaje. "Es la política por fuera de las necesidades de la gente. Se habla de una inversión de mil millones de dólares y crecimiento de la macroeconomía, pero eso está lejos del bolsillo de la gente".
Federico Boga, guevarista y artiguista de la juventud del MRO -organización fundadora del Frente Amplio que se alejó de la coalición en 1993- no tuvo empacho en admitir que la negativa a las papeleras responde a convicciones ideológicas más que a ambientalismo. "Es por lo que está detrás de las plantas: un proyecto de país, de producción, que para nosotros no es válido. Es ideológico porque tiene que ver con abrirle las puertas al imperialismo y sus capitales, una empresa productora de basura (las traen acá porque contaminan). Teníamos un país lleno de verde, y ahora habrán ¡siete plantas de celulosa! ¡Es una política de Estado!"…
A Federico Steinhardt, de la FAU, lo que más le preocupa es la "consolidación del modelo forestal". "El monocultivo forestal es tristísimo porque genera menos mano de obra que la ganadería expansiva. Lo del ´país productivo´ es una gran mentira. Vos soltás una vaca en el campo y generás más empleo que la forestación. Y acá se consolida la forestación ¡en las mejores tierras del país! Vender esos árboles es un disparate, y más si son eucaliptos, que consumen un montón de agua". Steinhardt es anarquista desde los 16 años, aunque a los 14 ya militaba en el MPP. ¿Por qué? Intentaba infructuosamente comprender el mundo. Quería alcanzar una solución para las cosas que veía que estaban mal, que no le cerraban. Empezó buscando dentro de la izquierda pero no tardó en estudiar las vertientes históricas del socialismo. Descartó el socialismo "científico" (según la definición de Karl Marx, socialismo "autoritario", según la FAU) porque veía al Estado como una herramienta para la solución de problemas…
Los jóvenes revolucionarios uruguayos siguen modelos, estilos de conducción en la América Latina de hoy. Sienten que la revolución cubana sigue siendo el mejor ejemplo de cómo hay que hacer una revolución, y piensan que los presidentes de Venezuela y Bolivia, Hugo Chávez y Evo Morales, encarnan lo más parecido a un líder de su agrado que los lleve al socialismo del siglo XXI. Así y todo, los estudian con lupa.
"Separamos al modelo venezolano y al boliviano del resto. Cuba, Venezuela y Bolivia integran el ALBA, una asociación de ruptura con Estados Unidos", dijo Bruno Lasa, de Fogoneros, quien entiende que muchos opositores de Chávez se vieron rendidos por su carisma y pasaron a apoyarlo. Para él, lo importante es que las organizaciones populares abrazaron el proceso bolivariano: "Hay sectores surgidos de los cerros de Caracas que están organizados, administran barrios enteros desde la seguridad a la educación o las tareas municipales, hay latifundios que se han socializado y hay una tendencia a que el pueblo recupere su poder".
Ese punto de vista lo comparte la anarquista OLC. Sigue Otero: "El proceso venezolano es interesante y raro, como fenómeno. Hay una organización social muy importante, hay barrios que tienen un proyecto socialista, esté Chávez o no. Hoy lo siguen a él, pero si llegara a no estar, no se caerá todo el proceso de la Venezuela bolivariana". Joaquín lo dice porque él visitó ese país el año pasado cuando fue invitado por organizaciones afines a la Libertaria Cimarrón y conoció de cerca esa realidad…
Profundiza Siola: "No nos sentimos identificados con ningún gobierno de América Latina (salvo Cuba) porque todos tienen carácter burgués. Nosotros queremos el socialismo, entonces no estamos conformes. El propio Chávez declaró que su modelo no iba por la dictadura del proletariado, y nosotros sí apostamos a ella". En el mismo sentido opinaron Otero y Corrales, que como anarquistas, creen que Chávez y Morales no escapan al corset de un sistema, que ellos deploran. "Vos pensás que Evo nacionaliza el gas. Pero, es un elemento que juega en la lógica del sistema. Evo tiene una construcción de poder popular muy fuerte, que lo presiona. Entonces, nacionalizar el gas y una reforma agraria es lo mínimo que tiene que hacer para que no lo voltee el pueblo. En Uruguay, lo mínimo que hubo que hacer fue el Plan de Emergencia, pero ¡vaya si el Frente juega en la lógica del sistema!", exclamó Corrales…
Cuando se le pregunta a Federico Boga (MRO) por simpatías en el continente, no duda: la revolución cubana. Dice que aunque han pasado 47 años es un proceso vivo. A Chávez lo mira de reojo, algo desconfiado. "Ha desarrollado la participación popular, ha enfrentado a Estados Unidos en lo discursivo y ha implementado algunas nacionalizaciones que ilusionan. Pero hay que ver si avanza en el proceso que terminaría en el socialismo. Somos cautelosos, más que mirar a Chávez miramos al pueblo. A él lo seguimos vigilando".
Detenerse a observar una pared en la sede del MRO de la calle Fernández Crespo resulta útil para entender sus afinidades ideológicas. Hay banderas colgadas de: Tupamaros, el "Che" Guevara, Cuba, la FAU, el Frente Revolucionario por una Alternativa Socialista, el Movimiento de Izquierda Revolucionaria, el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional de El Salvador, el Frente Sandinista de Liberación Nacional de Nicaragua, la Unión Soviética, las FARC de Colombia, el Ejército Revolucionario del Pueblo de Argentina, el Movimiento Revolucionario Tupac Amaru de Perú, el Ejército de Liberación Nacional de Colombia, el País Vasco, Batasuna, el Movimiento Sin Tierra de Brasil, la FAR de Chile, y el movimiento Mapuche.
Otra pared tiene ensamblados los rostros pintados de José Artigas y el "Che" Guevara junto a una frase que dice: "El deber de todo revolucionario es hacer la revolución". Y en la fachada, a las caras de Artigas y Guevara se le suma la de Raúl Sendic.
Mario Rossi, veterano dirigente guevarista del MRO, de 64 años, explica aquello del verdadero socialismo sin concesiones al que aludió Lucía Siola, del PT. "Tenemos un modelo de socialismo: para nosotros las fábricas tienen que quedar en manos de los trabajadores, y la tierra en manos de los que la trabajan. En Venezuela vemos la lucha antiimperialista sí, pero hoy 20 millones de venezolanos se levantan todos los días a vender su mano de obra a capitalistas venezolanos y extranjeros. Por eso está lejos de lo que esperamos…
"En Uruguay hoy no es viable, pero tenemos que prepararnos para eso", sostuvo. Federico Boga, repartidor de pan y diseñador gráfico, dijo que ve la revolución uruguaya a largo plazo. "Me preparo para que sea todos los días, como decía Lenin, pero la veo dentro de mucho tiempo. Nuestra revolución es trabajando en varios frentes sociales todos los días: en barrios, haciendo ollas populares, ayudando en comedores infantiles…
Nicolás Marrero, del PT, interpreta que una revolución significa un cambio en las estructuras sociales del país. "Y eso no lo logra una elección, sino una apropiación, gente en la calle", dijo. Sólo así habrá un gobierno obrero, como ellos quieren.
Creen que la revolución no podrá ser en un país y aislada del resto del mundo. "El socialismo tiene que darse a nivel mundial. La teoría del socialismo en un solo país no es viable porque estamos rodeados de capitalismo", opinó.
Rossi, con algo más de tino y experiencia, encuentra dificultades insoslayables para la realización de una revolución mundial. "Primero tiene que ser un país, después varios y después todos. ¡¿Cómo hacemos la revolución todos el mismo día a la misma hora en todo el mundo?! ¿Me querés decir?"
Marrero no descarta la lucha armada "en algún momento". Siola, su compañera trotskista, aclara que su partido no comparte la lucha armada desde el foquismo (Guevara creía que un pequeño foco podía iniciar acciones típicas de la guerra de guerrillas para lograr con relativa rapidez que la revolución se expandiera, obteniendo así el levantamiento de las masas), táctica que sí defiende la organización Fogoneros. "Creemos que nos separa de la clase obrera. Si cien tipos tiran tiros y rompen todo y la clase obrera lo mira por televisión, van a pensar: ´mirá estos loquitos´. Nosotros preferimos que nuestro programa llegue a todos los trabajadores, que lo tomen como propio y luchemos juntos", dijo Siola.
Ismael Gómez (JCR) dijo en la facultad de Humanidades, donde estudia, que "la revolución se construye día a día" y puso como ejemplos: crear conciencia en gremios estudiantiles u obreros, peleando para que determinados barrios de la periferia tengan saneamiento o gestionando becas para un centro de estudio.
Milton Rodríguez apuntó que la revolución modélica es la artiguista que propone "luchar contra los opresores para repartir la tierra y generar mejores condiciones de vida para nuestros pueblos". E insistió con que "los burgueses" en forma usurera les privan a los trabajadores de los medios de producción que operan…”.