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Año V Nro. 358 - Uruguay, 02 de octubre del 2009   
 
 
 
 
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Visión Marítima

 
Julio María Sanguinetti

Es la educación, señor...
por Julio María Sanguinetti

 
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         Allá por el mes de abril, en ocasión de la inauguración de un club de Don Óscar Magurno, dije que siendo yo tan opositor a este gobierno, al ver lo que se venía, había empezado ya a extrañar al Dr. Vázquez.

         Algunos se rieron, otros entendieron mi mensaje y muchos otros me expresaron su desconcierto.

         A la luz de los acontecimientos actuales, me parece que está todo claro: si cuestionable es el modo con que nos ha gobernado el Frente Amplio estos años, mucho peor aún es lo que nos ofrece ahora, en medio de las contradicciones, las palabrotas y un total desapego a los simples códigos del sentido común.

         Vuelve a ser verdad el viejo refrán de que nunca se está lo suficiente mal porque siempre se puede estar peor.

         Si algo faltaba para aclarar las cosas, el propio Presidente lo ha dicho con todas las letras: "Como frenteamplista disciplinado acato las resoluciones y lo que libre y soberanamente decide el pueblo frenteamplista".

         O sea, votará a su candidato por disciplina pero no por convicción. En una palabra, es un frenteamplista apenas resignado.

         El concepto se aclaró rotundamente cuando severamente cuestionó algunas declaraciones en el libro recientemente publicado:

         "Sobre todo aquellas que hace criticando a todo y a todos, a veces con una actitud pontifical, en un terreno filosofal, quedando preso de muchas de estas expresiones. Algunas de ellas que son simplemente estupideces, que yo no comparto. Y lo expreso libremente. De la misma manera que lo expresa el senador Mujica".

         Después de este comentario, hecho en los EE.UU., sin presiones ni microclimas, no habría más de que hablar.

         Pero hay que hacerlo, porque mucha gente actúa como si estuviéramos delante de una encuesta, donde cada uno dice lo que le viene en gana a quien le pregunta, y no delante de una elección, el momento solemne en que decidimos el gobierno por cinco años.

         Así ocurre que después "nadie fue", como pasa en la Argentina con Menem o en Perú con Fujimori, a quienes parecería que nadie votó, ni reeligió y fueron objetos no identificados que cayeron del cielo.

         La verdad es que las declaraciones publicadas en el libro en cuestión, al rebotar en la Argentina y en la interna frentista -donde no quedó títere con cabeza-, han tenido un mérito y que es poner en relieve todo lo que el senador Mujica ha venido diciendo desde hace tiempo, lo que -sin ir más lejos- había dicho a La Nación de Buenos Aires, una semana antes, repitiendo frases y ocurrencias más de una vez reiteradas.

         De todo ello surge que "la justicia le importa un c…", que la Constitución se puede cumplir o no y que su sueño de sociedad sería como los Kun Sang, "que laburan dos horas para vivir y lo demás lo pasan de joda y de chusmerío".

         También queda claro que, cuarenta años después, sigue pensando que se justificaba la violencia que en la década del 60 alfombró el camino a la dictadura y que, ante la Argentina, en vez de plantarse a defender nuestro derecho a instalar una fábrica, lo que él hubiera hecho era sentarse en la puerta de la embajada y "la pasaría llorando, llorando y llorando".

         Ante la tormenta, el senador dijo que al Presidente "no le daba pelota", pero luego hubo de asumir su responsabilidad y allí empezaron las burdas explicaciones conspirativas, que se caían a cada minuto, hasta refugiarse en que es atacado por "odio de clase".

         La emprende contra todo el mundo y no me escapo de la perdigonada, cuando dice que lo "acuso" de asemejarse al Viejo Vizcacha.

         La verdad es que no es acusación alguna compararlo con el personaje más popular del "Martín Fierro", cosa que hice en una radio argentina que no se explicaba su popularidad y le formulé esa interpretación: su discurso es una versión moderna, televisiva, de aquel viejo que daba consejos a los jóvenes filosofando en tono pontifical, como lo describe el propio Presidente Vázquez -con mucha más acidez- dando la idea de un charlatán que termina diciendo "estupideces".

         En cualquier caso, ahora se refugia en que es víctima de un ataque "clasista", de una presunta aristocracia uruguaya que no lo tolera, haciendo pie en algunas frases infelices de un candidato.

         Y la verdad es que ha tocado un punto esencial, porque el tema no es de clases, es de educación. "He ahí la cuestión", como decía Hamlet.

         En este país, donde Artigas reclamó que "los orientales fueran tan ilustrados como valientes" y Varela construyó la educación laica en el siglo XIX, la educación ha sido el alma de su democracia.

         En los bancos de escuelas y liceos se construyó la clase media uruguaya, que amalgamó la sociedad criolla con el aluvión inmigratorio y para siempre nos grabó en el alma que pobres o ricos, blancos o negros, todos éramos iguales ante la ley.

         En esas escuelas y esos liceos se nos enseñó a respetar, a hablar con corrección, a mirar hacia arriba procurando siempre superarnos.

         Y así fue siempre el Uruguay, donde aún el más modesto fue respetuoso y bien hablado, y ningún ciudadano sintió que tuviera el camino cerrado.

         Pensemos, simplemente, en el Presidente Tomás Berrera, un estadista y un caudillo popular, que llegó a lo más alto desde su humilde condición de agente de policía.

         Esa es la cuestión. El señor Mujica quiere acostumbrarnos a sus palabrotas, a sus groserías, a su irrespeto para los periodistas "chorizos" y cosas peores, cuando agravia a destajo, pero a él no se le puede ni comentar sus incongruencias porque es "clasismo".

         El Presidente Tabaré Vázquez habla de "estupideces".

         Nosotros -con voz más baja- pedimos simplemente reflexión para que el país no dé un salto atrás en su cultura cívica y no quede prisionero de las ocurrencias de quien revela estar muy lejos de las condiciones necesarias para conducir un país.

© Julio María Sanguinetti
Gentileza de: Agrupación José Batlle y Ordóñez

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