Medio Ambiente
14 años de la Cumbre de Río
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Una influyente publicación brasileña señalaba hace pocos años que la Cumbre de Río (Eco 92) había terminado en "zamba", como sucede con la gran mayoría de estos eventos realizados a nivel mundial.
Muchas declaraciones, muchos discursos mientras los ricos del norte continúan cada día más separados de los pobres del sur por culpa, entre otras cosas de los temas ambientales.
Muchos presidentes, primeros ministros y algún dictador marcaron su presencia en las discusiones de Eco 92 y posaron alegremente para la foto final en representación de sus respectivos países.
Fueron noches enteras de discusiones y divergencias donde por primera vez Bush y Fidel estuvieron bajo el mismo techo.
Mientras el dictador cubano se ganaba el aplauso delirante de sus simpatizantes, el presidente americano era criticado por haberse negado a firmar la Convención de la Biodiversidad, señalando que los E.E. U.U. habían hecho más por la ecología que todos los países juntos.
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Oceanógrafo Jacques-Ives Cousteau
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Durante la segunda noche el presidente Bush festejó sus 68 años junto a Bárbara, siendo recibido por el presidente Colhor de Mello, mientras la cantante norteña Simone lo recibía con el Parabens pra Voce y 250 agentes de la seguridad americana cercaba el Palacio de Las Larangeiras.
Al día siguiente para trasladarse desde el Hotel Sheraton hasta Río Centro utilizó una "limusine" brindada de 7 toneladas traída especialmente de los Estados Unidos. Pero al margen de los datos domésticos que poco interesan, hubieron encendidos discursos y declaraciones firmadas sobre el crecimiento demográfico que viene soportando el planeta.
Basta recordar que durante los días que duró la Expo un cartel gigante marcaba silenciosamente el aumento poblacional de la tierra señalando 3 nacimientos por segundo y la pérdida de una hectárea destinada a la agricultura cada 8 segundos.
Este control digital le estaba gritando a los presidentes y a la numerosa concurrencia que acompañó los debates durante 12 días que se detuvieran a pensar que tipo de vida esperaba a esos nuevos habitantes, teniendo en cuenta que 9 de cada 10 estarían naciendo en el tercer mundo.
Mucho se discutió sobre los diversos problemas que esto generaría, pero muy poco se hizo durante estos 14 años transcurridos.
En esa oportunidad el oceanógrafo francés Jacques-Ives Cousteau no hizo referencia a la extinción de las ballenas, no criticó los derramamientos de petróleo en todos los mares del mundo ni atacó la pesca predatoria que en ellos se realiza, sino que su discurso se basó en el crecimiento incontrolable de la población humana y el impacto ecológico que esto representa.
Sentenció Cousteau que "ya no hay más tiempo para las teorías. No existe por lo menos en este planeta sistema económico por más eficiente que sea, que pueda garantir una vida decente a una población que crece una China por década."
Manifestó además que "antes de lanzar en los países pobres, los rígidos programas de planificación familiar era necesario distribuir mejor la riqueza del mundo. Dentro de algunas décadas la tierra se agotará definitivamente y no habrá otra revolución verde, los mares han llegado a su limite de exploración y no se vislumbran medios capaces de revertir esa tendencia."
Poco podemos agregar si investigadores como Cousteau ya se encontraban asustados hace 14 años, pensando que la división de la riqueza natural era una teoría demasiado ingenua, teniendo en cuenta que el número de comensales aumentaba considerablemente, mientras la productividad no alcanzaba para satisfacer las necesidades básicas de la humanidad. "Si no hacemos nada-dijo el sabio francés- la presión ejercida por la masa humana sobre el frágil ecosistema del planeta será devastadora. Si la explosión demográfica no es controlada, los progresos políticos y económicos sobre el medio ambiente habrán sido en vano."
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