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Año III - Nº 133 - Uruguay, 03 de junio del 2005

 

 

 

 

ALMERÍA EN CORTO
por Graciela Vera
Periodista independiente


 

Estos días en los que Almería se vistió de largo hemos descubierto todo el sabor que se puede degustar en un cortometraje.

Almería en corto es un festival internacional reconocido y que celebra este año, su quinta edición. No es un festival que haya nacido de la nada, venía de muchos años de festivales nacionales y aunque el nombre parece ser un contrasentido, podemos decir que en la materia Almería ya viste de largo.


DE LARGO PARA LOS CORTOS

Si Almería fuese una dama -porque es ella, la Almería, la bella- y entonces es dama y tiene esbelta figura, se vestiría con el traje largo de las divas para disfrutar de la IV edición del Festival Internacional de Cortometrajes de Almería en corto que este año presentó más de 150 cortometrajes de todo el mundo, loables por su altísimo nivel.

Se exhibieron desde el ganador del último Óscar al mejor cortometraje: UASP al primer western de animación rodado en la provincia de Almería, tramas para todos los públicos en cortos que fueron sumamente elogiados.

Resulta entonces que Almería ciudad y Almería dama han vivido momentos de intensa emoción.

Aún faltan los premios y se despiden los amigos pero desde ya el balance es positivo.

Almería ciudad reditúa reconocimientos pasados con este nivel internacional alcanzado por la muestra; la otra Almería, la hipotética, se emociona en el recuerdo y avizora el futuro desde su butaca del Teatro Cervantes, lugar emblemático en el que tuvo lugar la gala de la inauguración.

El festival comenzó el 24 de mayo y finaliza hoy, en su transcurso, cuando se cierren las seis proyecciones de esta última jornada se habrán pasado cuatro mil doscientos minutos de película en 21 municipios de la provincia.

Esta edición nos trajo también otras retentivas y rostros recordados. Los de aquellos que un día sonrieron al mismo sol que hoy nos muestra todo su esplendor.

Su presencia fue aplaudida por su trayectoria pero quizás, en su yo íntimo los almerienses batían palmas por su ciudad, porque James Coburn y Raquel Welch volvían a recorrer las calles de Almería.

En ellos recayó este año el homenaje que en todas las ediciones se hace a los que contribuyeron en hacer de Almería una Tierra de Cine y éste es precisamente el premio que recibió la Welch; premio que el año pasado recayó en otra inolvidable, Claudia Cardinale.

Hoy se cierra esta edición de Almería en Corto, la fiesta será 'a lo almeriense' que es decir, insólita, con una velada a partir de la medianoche en el Pub Privé, en pleno casco histórico, lugar que se convertirá en una improvisada sala de cine en la que se proyectarán ocho cortometrajes sin diálogos.

Después nos queda dar a conocer los premiados en las distintas categorías, será la semana próxima y quizás, también seguir soñando.

SOÑANDO CON LA FÁBRICA DE SUEÑOS
CONOCIENDO ALGO MÁS SOBRE ALMERÍA

Cuando veo películas, algo que realmente me agrada, siento un poco de envidia por quienes escriben los argumentos porque fueron los primeros en soñar las tramas, en sentirse héroes o rufianes y acaso se sepan dioses con el poder de decidir el destino de los protagonistas.

Los espectadores tenemos limitados nuestros poderes de sueños y aunque podamos llegar a ver por tercera o cuarta vez la misma película con la secretísima esperanza de que algo cambie y la trama se ajuste a nuestros deseos, al final debemos convencernos de que lo que se plasmó en la cinta quedó allí, inamovible.

¡Como llegamos a denostar ese final que no está acorde con nuestro íntimo deseo de formar parte de una utópica e irreal secuencia privada del film!

Y en un divagar por salas de cine tropezamos con otro repertorio de películas que son comunes a las viejas matinées y que de la mano de grandes actores han rescatado para las nuevas generaciones, regalándonoslo a todos, el gusto por la aventura enraizada en leyendas extraídas de la misma historia.

¿Quién no se sintió centauro del far west y cabalgó los inmensos desiertos del oeste americano para salvar a la muchacha de manos de forajidos o indios?

¿Qué chica alguna vez no soñó con ser rescatada por los brazos fuertes de ese héroe que se llamaba universalmente cowboy?

¿Quién no se sintió invencible y orgulloso de pertenecer al ejército de Patton?

¿Qué jovencita no deseó conquistar el corazón de aquel Lawrence de Arabia que semejaba un dios vestido de blanco?

Hasta hace poco yo soñaba con la irrealidad del séptimo arte pero viviendo en la tierra del cine los sueños se pueden palpar.

Aquí vivimos el Egipto de Cleopatra, el paisaje lunar de Odisea en el Espacio o el trayecto sacrificado de una caravana de colonos. El marco de esos sueños está en nuestro entorno. Pocas veces cambia maquillado por la mano humana y cuando lo hace no desaparece camuflado sino que se potencia.

El viernes pasado al salir de Port of Spain, un pub de esos que nos gustan a la gente de 40 en adelante, me recreé recorriendo los lugares que simularon el escenario para la entrada triunfal de las tropas aliadas a Palermo en la película Patton.

Y allá, en el Gran Hotel, el cuartel general de Los Cuatro de la Apocalipsis, allí, apenas a un paso de mi casa.

Me cuentan que para Conan el Bárbaro se necesitaron más decorados durante los dos meses que duró la filmación en Almería que para una docena de películas del oeste.

El plató de filmación puede ser natural, en las ramblas, calas y playas o en ese desierto lunar que parece extrapolado de otro mundo o, en las profundidades del Mediterráneo costero como filmó James Bond en Nunca digas Nunca Jamás, la última en que el famoso personaje fue interpretado por Sean Connery& ¡cielos! si este túnel que paso todos los días para ir a Aguadulce es en el que detuvieron a James cuando la persecución en moto.

Un poblado oriental, réplica exacta de la ciudad jordana de Aqaba se levantó en Carboneras; Damasco y El Cairo se escenificaron en el parque Nicolás Salmerón en Lawrence de Arabia.

Para Rey de Reyes en el desierto de Tabernas se filmó la escena en que el demonio tienta a Jesús, pero también se rodaron El Cid, La Muerte tenia un Precio, El bueno, el Feo y el Malo que son solamente algunos de los títulos rodados en la provincia.

¿Porqué lo cuento?, seguro que no lo hago para el lector almeriense que ha visto como algo cotidiano a una Brigite Bardot sentada en una terraza del Paseo de Almería o a Ringo Starr concurriendo al 26 cumpleaños de su amigo John Lennon celebrado en la casa que éste alquilaba en primera línea de playa, sobre lo que hoy es el Delfín Verde aquí mismo, durante la filmación de la sátira Como gané la guerra y por algún tiempo más porque estaba enamorado de Almería.

Y Almería sabe de transformaciones en pro del cine.

Cuando se filmó Indiana Jones y la Última Cruzada, su director, Steven Spielberg. buscó los paisajes de Tabernas y tomó de Almería los edificios emblemáticos, bellezas arquitectónicas como la escuela de Artes que se convirtió por magia en el palacio de un Sultán.

De nada de ésto se asombra el almeriense que vio como la plaza de la catedral cambiaba de fisonomía para que los tanques de Patton rodearan una catedral-fortaleza que daba la talla para ser cuartel general.

Los Escullos, el Playaso de Rodalquilar, la Isleta del Moro, la playa de Mónsul, Aguamarga, y toda la sucesión asombrosa de escenarios naturales de incalculable belleza que llevan a que Almería sea un enorme plató de cine a cielo abierto han sido, son y serán escenarios de películas, videos, grabaciones publicitarias y se transforman en sitios tan lejanos a la realidad física donde se encuentran los actores

GITANOS POR INDIOS, TABERNAS POR TEXAS

Cuando llegué a Almería aún estaba en el convencimiento de que Texas era Texas, el desierto mexicano se ubicaba debajo del río Grande y Jerónimo era un apache o al menos lo personificaba un piel roja americano.

Cinco años después reconozco muchos de los escenarios del viejo oeste americano y de los solitarios páramos mexicanos en los soleados y áridos paisajes de Tabernas o Cabo de Gata.

Cuando se filmó 800 Balas me sentí ubicada en una butaca de privilegio, no sólo porque podía introducirme un poco más en ese mundo que ha sido vida de esta ciudad de la que estoy aprendiendo a conocer otros sueños y otras realidades, sino porque las ilusiones ajenas y las fantasías del celuloide me empezaban a abrazar, invitándome a compartirlas.

Y la fantasía no sufre desmedro porque haya descubierto que los pieles rojas son personificados por gitanos y que así como las jaimas árabes se instalan en Los Genoveses o Vela Blanca en lugar de oasis perdidos en el desierto africano, los indios de las películas suelen cruzarse con nosotros por la calle sin parecerse a un piel roja.

Pero el espejismo se acrecienta cuando visitamos los poblados del lejano oeste los campamentos indios y nos asombramos con el asalto al banco, un linchamiento o el espectáculo de la taberna y nos encontramos en medio de una trifulca donde hay uno que resulta más rápido para desenfundar.

Sonreímos dejando paso al caballo que trae al arrastrao y aplaudimos la caída perfecta del que estaba en los tejados y al que le alcanzó alguna bala bien dirigida.

Acabo de entrar en el mundo del cine por la puerta de la fantasía y alguien me pregunta si la realidad menoscaba la creación.

¡Para nada! Ahora, además de atender la trama de la película estoy atenta a identificar el escenario.

Y ese escenario está aquí, en Almería, el sur del norte, a 3 de junio del 2005

Almería, el sur del norte, 3 de junio 2005