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Año V Nro. 345 - Uruguay, 03 de julio del 2009   
 
 
 
 
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Visión Marítima

 
Carlos Malamud

El fin de la era K
por Carlos Malamud

 
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          El veredicto de las urnas fue indiscutible y puso el punto final a una etapa que deja paso a otra marcada por el comienzo del cierre de la era K. El kirchnerismo gobernante, que llegó al poder con un escaso 22,3% de los votos, se irá dentro de dos años probablemente con un respaldo popular semejante, si no más bajo. Sin embargo, no es éste el momento de hacer leña del árbol caído sino de hacer algunas reflexiones sobre la realidad política y social argentina.

          Para comenzar, y más allá de las ensoñaciones matrimoniales, ni Argentina es Venezuela ni Kirchner es Chávez. Argentina es un país sin tanto petróleo, con una composición social muy especial, donde las clases medias, efectivas o potenciales, siguen teniendo algo que decir, y cuenta con un sistema de partidos que todavía mantiene un poco de su fortaleza pasada. No es mucho, pero sí lo suficiente para no secundar determinadas derivas conducentes al proceloso mar de los fracasos. Algo de esto se vivió cuando la presidenta Cristina Fernández intentó cargarse de un plumazo la base del sistema productivo argentino. La respuesta social fue impactante y supuso el principio del fin de una presidencia que nunca terminó de despegar.

          Más importante que lo anterior es el hecho de que Kirchner no es Chávez. El proyecto inicial kirchnerista, la creación de un movimiento “transversal”, de izquierda o centro izquierda como fue denominado inicialmente para no asustar a la gente, terminó descarrilando. Tras ello, Kirchner debió asumirse como lo que era, aunque nunca le gustó reconocerlo: uno de los discípulos más aventajados de Perón.

          Si hubiera ejercido plenamente su condición de peronista desde un principio, si se hubiera volcado al peronismo por convicción y no con ánimos puramente electoralistas, como en ésta ocasión, probablemente otro hubiera sido el resultado de su gestión. Argentina necesita partidos fuertes y homogéneos, un terreno en el cual la pareja gobernante podría haber trabajado más, e inclusive pasado a la historia. No hubiera sido poca cosa sacar al país de la gran crisis de 2001, reorientarlo en la senda del crecimiento y fortalecido su entramado institucional. Sólo se logro la mitad de una agenda tan ambiciosa.

          El panorama abierto tras las elecciones del domingo llama a la esperanza y también a la preocupación. En relación a esto último habrá que ver cuáles serán las respuestas que dará el gobierno en los próximos seis meses, hasta que asuman los nuevos parlamentarios. Pero no sólo en éste corto lapso de tiempo, sino después. ¿Sabrá un gobierno que hizo de la prepotencia una de sus principales señas de identidad dejar de lado sus ticks autoritarios para poder negociar con la oposición, a la que repetidamente negó el pan y la sal, la búsqueda de consensos?. Temo que no.

          Como estaba escrito en todos los guiones preelectorales, ya se ha lanzado la carrera por las presidenciales de 2011. En el peronismo emerge la figura de Carlos Reutemann, que ganó su senaduría en Santa Fe, por escasos puntos. Un inconveniente, el mismo Reutemann que hoy se presenta ambicioso y triunfador rechazó en 2002 ser el candidato peronista, tras un ofrecimiento del entonces presidente Eduardo Duhalde. En el entorno justicialista, aunque con cierta autonomía y un sesgado perfil de derecha modernizante se consolida la figura de Mauricio Macri. Habrá que ver en qué medida un Partido Peronista reestructurado fuera de la obediencia de Kirchner es capaz de asumir el liderazgo de un outsider. Si esto ocurre, ¿tendrá Macri el caudal político necesario como para imponer su propia candidatura por fuera del justicialismo?

          Al margen del peronismo encontramos la emergente figura de Julio Cobos, el vicepresidente, cuyos candidatos triunfaron en Mendoza, su provincia natal. Cobos, después de haber quebrado al radicalismo con su fuga hacia el kirchnerismo, se ha dado cuenta que para sus aspiraciones políticas sólo hay luz dentro del viejo tronco radical. Al igual que Penélope, Cobos deberá tejer lo que otrora destejió y que lo ha colocado en una posición de desventaja.

          Evidentemente no se agota aquí la lista de presidenciables y habrá algunos que se sumen en los próximos meses. De todas formas, la elección pasada ha puesto algunas cosas en su sitio y ha encendido luces rojas no sólo en la Casa Rosada sino también en el más lejano Palacio de Miraflores, en Caracas. El desenlace de la crisis en Honduras, los resultados de las elecciones parlamentarias en Argentina y de las primarias en Uruguay anuncian tiempos complicados en buena parte de América Latina. Como dice el dicho popular: “agárrense que vienen curvas”.

Fuente: Infolatam

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