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Año IV - Nº 245
Uruguay, 03 de agosto del 2007
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El gris de Canarias

Graciela Vera
por Graciela Vera
Periodista independiente
 
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            Cuando el gris comenzó a cubrir los colores brillantes de las islas, el alma de los canarios se tiñó también de gris bajo esa nube de cenizas y desolación que se convierte en indignación antes de llegar a la resignación.

            ¿Qué siente alguien que acerca un fósforo encendido para provocar una de las mayores catástrofes que recuerdan los isleños?

            Gran Canarias y Tenerife han centrado la atención impotente del resto de España ante el avance incontrolado de las llamas que se ensañaron subiendo sin esfuerzo las laderas más abruptas para dejarse caer por las pendientes arrasando todo lo que encontraron en su camino.

            Impotencia porque el clima, con temperaturas que rondaban los 40 grados no ayudaba a detener el infierno donde los termómetros se disparaban; rabia contenida porque el caos no fue accidental sino provocado por dos émulos de ‘Nerón’.

            Ya está en prisión el autor del incendio de Gran Canaria, inconcebiblemente un vigilante forestal de 37 años, Juan Antonio Navarro Armas, que ya ha pasado a formar parte de la historia negra de la isla.

            Navarro Armas, nacido en el lugar y cuya tarea era la de proteger los bosques, ante la inminencia de la caducidad de su contrato de trabajo (contrato a término por tres meses) no encontró otra manera de protesta que iniciar el que se convertiría en el mayor incendio ocurrido en la historia  de Gran Canaria.

            Esto ocurría el viernes 27 de julio y pocas horas después en la isla de Tenerife, otro espécimen incalificable que nos negamos a considerar humano, uno de los ‘históricos’ pirómanos detectados en Los Realejos y,  que vaya uno a saber por qué motivo andan libres, se regodeaba de crear otro infierno. Las autoridades creen que sería el autor del otro fuego que literalmente se comió diez municipios en otro incendio descomunal.

            Un mes trágico en el que las llamas se cebaron con cuatro de las siete islas canarias, La Palma (el menor porque pudo ser controlado antes), La Gomera (donde un ejemplar cortafuego ha salvado al Parque Nacional de Garajonay), y los terribles de Gran Canaria y Tenerife.

            Quince mil hectáreas en Tenerife y dieciocho mil en Gran Canarias presentan el aspecto de los páramos muertos.

            El fuego se alimentó con los arbustos, con los frondosos ejemplares; bosques con muchos árboles de especies raras y con las casas de quienes hoy observan, impotentes, que lo han perdido todo.

            Mascotas, animales de granja, cerdos calcinados, recuerdos convertidos en cenizas. No hay víctimas mortales y el Gobierno ha anunciado que indemnizará por las pérdidas. ¿Qué se puede dar por la fotografía que no se podrá volver a tomar, por el libro que no se volverá a leer, por la flor que no volverá a florecer?

            Nueve mil personas debieron abandonar sus casas en Gran Canaria; cuatro mil en Tenerife, pueblos enteros desalojados, más de cien viviendas totalmente arrasadas por el fuego; un cálculo primario estima que ha sido destruida, entre un veinte y un veinticinco por ciento de la superficie forestal de las islas.

NO LO IMAGINAMOS, LO VEMOS

            La televisión nos trae rostros, también grises, donde las lágrimas han marcado dos profundas huellas.

            Santiago de Teide, en el suroeste de Tenerife es uno de los pueblos donde sus habitantes demorarán en olvidar el olor a quemado. Volvieron a lo que fuera sus hogares para encontrar los cultivos, los viñedos, las tuneras, los corrales quemados. El frondoso Valle de Santiago se presentó ante sus ojos como un paisaje negro que se había engullido años de trabajo, de sacrificio y de esperanzas.

            El fuego se paseó por Arguayo, Las Manchas y siguió avanzando imparable con la ayuda de un fuerte viento que le llevó a rodear el pueblo de Taimano dejando a sus tres mil habitantes una única escapatoria por la costa.

            La situación queda resumida en las palabras de una vecina de Taimano: Horacia González con voz entrecortada narraba ‘Nos llevaron a las tres de la madrugada del martes en guaguas hasta la costa y allí nos atendieron, aquí no se podía respirar. Esa noche, tuve miedo, el fuego se veía a menos de un kilómetro’.

            En Valle de Arriba al retornar sus trescientos habitantes sólo encontraron madera quemada rodeando el pueblo y aún agradecen a la providencia que sólo algunas habitaciones de algunas viviendas hayan sufrido los efectos del fuego.

            No es lo que ocurrió en otros lugares. Más de cien casas fueron arrasadas; comercios, restaurantes. Las dos caras de la tragedia estaba presente en todos lados: la alegría triste de los que encontraban intactos sus hogares y la desolación de los que sólo hallaban restos teñidos de negro.

            Un contraste que se acrecentó en los municipios de Mogán y San Bartolomé de Tirajana, los dos lugares más afectados en Gran Canaria donde el fuego dejó un rastro de fincas quemadas, animales abrasados y palmerales calcinados.

            Allí una mujer quiere hablar, explicar lo que siente y sólo puede señalar con las manos lo que horas antes fuera su casa. No son necesarias las palabras.

MÁS DE LO MISMO

            No fueron los únicos incendios que asolaron España; hubieron muchos más en muchos otros sitios; pero para los que los vivieron y por la magnitud del territorio quemado y la intencionalidad de los dos mayores, Canarias estuvo en el corazón de los Españoles que no pudieron dejar de recordar los fuegos que arrasaron Galicia el verano pasado, también en muchos lugares provocados intencionalmente.

            Los bosques españoles parecen ser particularmente vulnerables y los siniestros aumentan en número: dieciocho mil ciento cuarenta como media anual en la década de los 90 que se elevó a 21.600 en el período 2.000-2005 y 26.500 en años siguientes.

            Un estudio de la superficie quemada entre los años 1991 y 2004 alcanzó la escalofriante cifra de 2.107.836 hectáreas fruto de un total de 269.999 incendios. Vale destacar que 2,1 millones de estas hectáreas se quemaron en tan sólo 478 incendios lo que significa que el 43 por ciento de la superficie quemada  lo hizo en el 0,18 por ciento de los incendios registrados.(*1)

            En España, un noventa y seis por ciento de los incendios son ocasionados por el hombre.

            El Ministerio de Medio Ambiente  nos presenta una interesante serie de estadísticas que abarcan entre los años 1991 y 2004,*2:

            Los incendios de Gran Canaria y Tenerife, al día de hoy no han sido totalmente extinguidos y continúa el riesgo de reactivación.

Almería, en el sur del norte, 2 de agosto 2007


*1 – Fuente: Grandes Incendios Forestales. – Causas y efectos de una ineficaz gestión del territorio – Junio 2006 publicado por WWW/F Adena.
*2 – Fuente: Ministerio de Medio Ambiente de España.

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