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Año III - Nº 206
Uruguay, 03 de noviembre del 2006
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Luis Tappa La carta de un Piel Roja
* Luis Tappa
 
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Revolviendo en mis archivos y, leyendo y releyendo artículos periodísticos viejos, me encuentro, casi sin querer, con la estupenda nota de un gran periodista, como Julio Dornel.

No pude con la tentación de traerla a la actualidad.

Hoy mucho se discute sobre los problemas de salubridad ambiental, hoy, la degradación del medio ambiente, por más que muchos no quieran verla, otros la disimulen y, algunos pretendan que no existe, nos golpea en la cara como una bofetada.

Nos parece oportuno traer al presente cosas que sucedieron hace 150 años.

No es cualquier cosa, es la eterna lucha entre quienes ven en nuestro planeta un hogar y quienes lo depredan en beneficio propio, es la lucha entre los que vemos un mundo compartido y los que se creen sus dueños y, también de cuanta vegetación y ser viviente puebla este pobre y agredido mundo nuestro, víctima de una conocida figura penal, “apropiación indebida”

Estas cosas suceden en todos lados, incluido nuestro… ¿Uruguay Natural?

Muchas veces hemos machacado sobre este tema y, ante la indiferencia más absoluta por parte de los gobiernos y la propia gente, vemos como el tiempo nos va trayendo un cada vez más grande deterioro ambiental, donde no se salvan ríos, flora ni fauna.

Ríos y arroyos pelados y contaminados, donde prácticamente han desaparecido los peces y todo vestigio de vegetación, también la fauna viene sufriendo las consecuencias; son varias las especies al borde de la extinción, algunas por causas naturales ante el deterioro de su hábitat natural, los agroquímicos, etc, otras por la enorme e incontrolada depredación a causa de  la mal llamada “caza deportiva”, también comercial o turista, cosa que está muy de moda, principalmente en el norte rochense.

Sin embargo nadie se da por enterado, hoy volvemos por enésima vez con esta denuncia, denuncia que seguramente irá a la papelera de reciclaje. Los campos, montes y fauna, tal como se conocieran un día, aquí, en nuestro querido Uruguay, ya prácticamente son solo un recuerdo.

Todo en aras del progreso, ¿Pero que progreso es este que atenta contra la naturaleza y contra la vida?

Tal vez la respuesta o, la mejor nota periodística sobre el tema, nos la dio un indio  Piel Roja en el año 1854, un salvaje, como decían en aquellas épocas, pero que con una visión infinita dejó un impresionante legado para la posteridad y, la enseñanza más cabal de los sentimientos humanos y del cariño por la tierra y la naturaleza.

No tenían teléfonos celulares, computadoras ni televisión, tampoco sufrían de estrés ni existían los psicólogos, pero vivían más felices y en paz de lo que vivimos nosotros hoy en día… Hasta que llegó el hombre blanco para quitarles sus tierras, matarlos o, civilizarlos y cristianizarlos. ¡Tantas veces me he preguntado!… ¿Quiénes eran los salvajes realmente? 

El mundo necesita de salvajes como ese Piel Roja.

Julio Dornel nos recrea con su nota y la trascripción de una carta que no tiene desperdicio, he aquí la nota.

EL INDIO TENIA RAZON
“El hombre blanco deberá tratar los animales de esta tierra como hermanos.”

Jefe Indio
Por Julio Dornel
Decía Galeano, en reciente reportaje a la prensa extranjera que el juicio final no será el que la Biblia describe. Será un Juicio final en que seremos acusados por los bichos y las plantas, con sus patas y sus ramas para preguntarnos con qué derecho los hemos maltratado y con qué derecho hemos convertido este mundo en un basurero
Nadie puede negar que en los últimos años se hayan elaborado y ratificado cientos de tratados internacionales denunciando la contaminación del medio ambiente como la mayor amenaza para el planeta. Hasta hace pocos años el mar representaba el principal basurero de la humanidad, con la comprobación lamentable de que se estaba exterminando la fauna en los litorales industrializados de varios países. En la actualidad esta comprobación ha llegado a los ríos, arroyos y lagunas, sin que surjan las medidas que podrían evitar esta contaminación preservando los recursos naturales y la sobre vivencia de las especies amenazadas. Existe un documento muy revelador de esta situación que lamentablemente no ha tenido la difusión que se merece, pero que representa una de las declaraciones más hermosas que se hayan hecho a favor de la naturaleza. Hace aproximadamente 150 años que el Jefe Indio SEATTLE que comandaba los territorios del noroeste americano y que ahora forman el Estado de Washington, se dirigía al presidente Franklin Pierse que había pretendido comprarle las tierras de su tribu en los siguientes términos:

“El Gran Jefe de Washington manda decir que desea comprar nuestras tierras. El Gran Jefe también nos envía palabras de amistad y buena voluntad. Apreciamos esa gentileza, que poca falta le hace, en cambio nuestra amistad. ¿Cómo podréis comprar o vender el cielo, el calor de la tierra? Esta idea nos parece extraña. No somos dueños de la frescura del aire, ni del centelleo del agua. Cada partícula de esta tierra es sagrada para mi pueblo. La savia que circula por las venas de los árboles, lleva consigo las memorias de los pieles rojas. Los muertos del hombre blanco se olvidan de su tierra natal cuando se van a caminar entre las estrellas. Nuestros muertos jamás olvidan esta hermosa tierra porque ella es la madre del hombre piel roja. Las flores, el venado, el caballo y el águila majestuosa, son nuestros hermanos, todos pertenecen a la misma familia. Por eso cuándo el Gran Jefe de Washington manda decir que desea comprar nuestras tierras, nos está pidiendo demasiado. También el Gran Jefe manda decir que nos reservará un lugar para que podamos vivir cómodamente entre nosotros. Él se convertirá en nuestro padre y nosotros en sus hijos. Ello no será fácil, porque estas tierras son sagradas para nosotros. Los ríos son nuestros hermanos, llevan nuestras canoas y alimentan a nuestros hijos. Sabemos que el hombre blanco no comprende nuestra manera de ser. Le da lo mismo un pedazo de tierra que otro, porque él es un extraño que llega en la noche a sacar de la tierra lo que necesita. La tierra no es su hermana sino su enemiga. Cuando la ha conquistado la abandona y sigue su camino, dejando atrás la tumba de sus padres y los derechos de sus hijos. Trata a su madre la tierra y a su hermano el cielo, como si fueran cosas que se pueden comprar, saquear y vender como corderos. No los comprendo. Nuestra manera de ser es distinta. Soy un salvaje y no comprendo otro modo de vida. He visto a miles de búfalos pudriéndose en las praderas, muertos a tiros por el hombre blanco desde un tren en marcha. ¿Qué sería del hombre sin los animales? Si todos fueran exterminados, el hombre también moriría de una gran soledad espiritual, porque lo que le sucede a los animales también le sucederá al hombre. Deben enseñarles a sus hijos que el suelo que pisan son las cenizas de nuestros abuelos. Incúlqueles a sus hijos que esta tierra está enriquecida con las vidas de nuestros semejantes, a fin de que sepan respetarla. Enseñen a sus hijos, que nosotros hemos enseñado a los nuestros que la tierra es nuestra madre. Todo lo que ocurra a la tierra, le ocurrirá a los hijos de la tierra. Si los hombres escupen en el suelo, se escupen a si mismo. Ni siquiera el hombre blanco cuyo Dios pasea y habla con él como si fuera su amigo queda exento del destino común. Sabemos una cosa que quizás el hombre blanco descubra un día; nuestro Dios es el mismo Dios. Ustedes pueden pensar ahora que él les pertenece así como desean que nuestras tierras les pertenezcan; pero no es así. También el hombre blanco se extinguirá contaminando sus ríos y una noche perecerán ahogados en sus propios residuos. Pero ustedes caminarán a su destrucción cargados de gloria, inspirados por la fuerza de Dios que los trajo a esta tierra y que por algún designio especial les dio dominio sobre ella. Este destino es un misterio para nosotros, que no entendemos porque se exterminan los búfalos, se doman los caballos salvajes, se saturan los rincones secretos de los bosques.
¿Donde está el matorral? Destruido. ¿Dónde está el águila? Desapareció.
Termina la vida y empieza la supervivencia”.

De poco sirvió este documento. Los pieles rojas continuaron siendo una bestia sanguinaria y cruel a la que debían combatir y matar. El único indio bueno era el indio muerto. Por lo tanto el título de este valioso documento enviado al presidente norteamericano en 1854, nos hace pensar que el indio tenía razón

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Hasta aquí la nota de Dornel, ¡muy buena! ¿No creen amigos?
¿O alguien tiene el fusil en la mano y la mira en el indio?

“Le da lo mismo un pedazo de tierra que otro, porque él es un extraño que llega en la noche a sacar de la tierra lo que necesita. La tierra no es su hermana sino su enemiga. Cuando la ha conquistado la abandona y sigue su camino, dejando atrás la tumba de sus padres y los derechos de sus hijos. Trata a su madre la tierra y a su hermano el cielo, como si fueran cosas que se pueden comprar, saquear y vender como corderos”

“También el hombre blanco se extinguirá contaminando sus ríos y una noche perecerán ahogados en sus propios residuos”

Cualquier semejanza con la realidad… ¡No es mera coincidencia!

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