NACHO SILVERA
por Néstor Rocha
“...Como contrafigura del estanciero de relumbrón, dueño de la tierra, los ganados y las voluntades de los que se constelan en su contorno... se halla el peón de estancia... se levanta con las barras del día y se acuesta con el advenimiento del lucero. Vive a caballo y duerme sobre el recado o en camastros roñosos, en la húmeda lobreguez de los galpones... en el corto haber de las dichas figuran las fiesta de la yerra, la alegría alcohólica del boliche..., su paga fue y es mísera pese a las leyes sociales... inefectivas en las soledades ganaderas...”
extraído “DE TIPOS HUMANOS DEL CAMPO Y LA CIUDAD” de Daniel Vidart.
El “Nacho” Silvera fue un personaje del Departamento de Treinta y Tres con fuerte arraigo en Isla Patrulla y el Yerbal, tal fue el carisma de esta persona cuya idiosincrasia transformada en canción fue tema musical del canto popular uruguayo junto a decenas de otros temas musicales del inolvidable conjunto Los Olimareños, Patrimonio Cultural indisoluble en la memoria y en el presente de todos los orientales, a pesar de que cada uno de los intérpretes actúe por separados en definitiva en nosotros el sentimiento subyacente es por Los Olimareños.
La historia de la muerte del “Nacho” deambula por estos caminos: “yo estaba en Isla Patrulla en unas pencas (carrera de caballos) cuando lo mataron” afirmó José María Gutiérrez conocido por el sobrenombre “Merengue” en los pagos de la Isla.
“En esta oportunidad estaba el 7º de Caballería de Santa Clara de Olimar que acompañó a unas treinta a cuarenta personas que fueron a caballo a buscar arena a la playa de La Agraciada – lugar donde desembarcaron los Treinta y Tres Orientales- para guardar como testimonio en la ciudad capital olimareña con motivo de los cien años de su fundación.”
La noche había avanzado y el boliche de Amejeiras estaba a pleno, estaba de fiesta la pequeña población del Departamento del olimar. Mientras la algarabía y el alcohol iban subiendo de tono los militares descansaban en el galpón del “Chepe”. Merengue, presente en el lugar, recordó el siguiente diálogo entre Enrico Moreira detrás del mostrador y el Nacho que andaba armado con un revólver:
- “Mira si yo fuera milico te saco el revólver” – expresó Enrico
- “No, no me lo sacas” aseveró el “Nacho” obnubilado por el alcohol.
Mientras se generaba este diálogo intervino uno de los peones de Silvera de nombre Félix Lago quien recibió la orden de su patrón:
- “Retírate negro de aquí...!”
Félix siguió insistiendo lo que motivo que “Nacho” reaccionara aplicándole una ruda bofetada en el rostro, el peón cayó encima de unos rollos de alambre de púa y en esta situación éste sentenció:
- “Le juro que es la última vez que me pega, me la va a pagar!”
Amejeiras optó por expulsar a Félix Lago de su comercio. En la madrugada Silvera resolvió retirarse y otro de sus peones llamado Basilio fue a buscar los caballos para irse juntos, el personaje de esta historia estaba empacado y resuelto a volver solo. Al cruzar el alambrado no se dio cuenta de que Félix estaba oculto en la oscuridad de la noche junto al alambrado y unos matorrales, es en esta oportunidad que el peón le aplicó una profunda puñalada. El herido alcanzó a manotearle el arma a su agresor y sacárselo, Juan María Medina atrapó a Lago pero éste logró escaparse y huyó hacia la Comisaría donde obviamente quedó detenido tras ser perseguido por el otro peón: Basilio.
La policía de la Isla Patrulla albergaba la desconfianza que Félix Lago iba a ser linchado por los vecinos de la referida población, para evitar esta situación se solicitó el apoyo de los soldados del 7º de Caballería para que custodiara en la parte exterior del local policial; con la Empresa Fúnebre, según José María Gutiérrez:
“ Armaron la estrategia para llevar al detenido a la comisaría departamental de Treinta y Tres, una vez que se efectuó el trasladó del cuerpo al panteón del cementerio de la Isla para darle sepultura, el furgón de la pompa fúnebre conducido por Diego Silvera se retiró inmediatamente rumbo a la Comisaría de la Isla para trasladar a Félix Lago a Treinta y Tres” Mientras la población despedía con su último adiós al “Nacho” Silvera, que en su sobriedad fue un ejemplar vecino, persona impagable, benefactor, apreciado en las zonas de Isla Patrulla y el Yerbal como también en otros rincones del solar olimareño, a Félix Lago le deparó años de cárcel por este hecho de sangre.
El resultado de esta muerte fue la ida al más allá de un padre de los pobres que con su serenidad y sobriedad cultivaba el don humanitario con todo el mundo, y el peón que desde el amanecer hasta que el lucero asomaba sobre el horizonte regaba la tierra con su sudor, pasó a cumplir su condena como la ley manda – Cosas que Pasan como dice José Larralde.
He aquí el vil capricho del alcohol induciendo al ser humano a recorrer caminos lúgubres, perdiendo valores preciosos como una vida, y malogrando por un tiempo el libre vuelo de la libertad, llevando consigo por el resto de los días la causa de una muerte, este triste acontecimiento hoy forma parte del canto popular uruguayo donde Los Olimareños recuerdan este acontecimiento aciago cantándole al “Nacho” Silvera.
Pero...la venganza, la tragedia que relatamos continuó, existió una capítulo más que muchos paisanos afirmas: cosas que pasan.
Néstor Rocha – CASA AMBIENTAL