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Año V Nro. 280 - Uruguay,  04 de abril del 2008   
 

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Sí a las papeleras; no a las retenciones
por Ing. Agr. Matías Kugler

 
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         En un contexto en el cual la desinformación y la hipocresía se van convirtiendo en moneda corriente, siento la fuerte necesidad de empezar a definir principios básicos en los que creo y comulgo, como creo que lo hace la mayoría de los argentinos. Principios en los cuales fui educado e intento transmitirles a mis hijos. Los resumo en estos dos eslóganes que tanto ruido han hecho en los últimos tiempos y que han sido manoseados en interminables discusiones que derivan en la política: "Sí a las papeleras; no a las retenciones".

         Esto para mí no es político. Son principios que definen una manera de vivir. Ya que el opuesto de estas dos frases, hoy promovido desde el Estado y aceptado dócilmente por gran parte de nuestra sociedad, resume el avasallamiento a las libertades individuales garantizadas por nuestra Constitución.

         Yo he elegido crecer, invertir, trabajar, criar mis hijos y desarrollarme en la tierra que me vio nacer. Por ello me parece necesario defender los principios de libertad e igualdad ante la ley, poniendo luz y claridad sobre las sombras de un discurso que siento cada día más hipócrita y maquiavélico, que da por sentadas mentiras, haciéndolas aparecer como verdades.

         Tal comportamiento no pasa por tal o cual político de turno, sino que como sociedad debemos tomar conciencia, reveamos el modelo de país que queremos, comulguemos en él y salgamos a construirlo todos los días. Pero si dicho modelo se asienta en mentiras o verdades a medias, o justificaciones incomprensibles, cada día iremos destruyendo en lugar de construir y cada tanto, cuando el viento vuele la alfombra, se nos aparecerá toda la mugre escondida, como ya ha sucedido tantas veces.

         Por eso propongo que cada uno, desde su lugar, deje de barrer la basura bajo la alfombra y exija a quienes están a su alrededor que tampoco lo hagan. La basura al reciclaje. Propongo también que discutamos los temas sobre bases realistas y constructivas y dejemos de pretender tapar el sol con las manos. Apliquemos la simplicidad de análisis de Aristóteles y para cuando haya dudas sobre lo bueno y lo malo, razonemos aplicándole la realidad de su superlativo. Si yo hago esto, ¿qué hay? ¿Y si todos lo hacen? En tal caso, si todos adhieren a "No a las papeleras", olvidémonos del papel. Seamos coherentes y dejemos ya de usarlo y demandarlo.

         Y si todos adhieren a "Sí a las retenciones", pues bien, entonces que el gobierno decida, en todas las áreas de la economía, cuánto debe ganar cada quien, lo cual, sin eufemismos, constituye una cuasi dictadura, donde un iluminado tiene la capacidad de decidir sobre cada cosa que pasa en nuestro país. ¿Es necesario señalar que esta experiencia en el mundo ya se intentó y no funcionó, por más que a estos señores no les hayan avisado? Ya hace casi 20 años que cayó el Muro de Berlín.

         Lamentablemente, el problema no resulta sencillo. No es una persona. No es Néstor, ni Cristina. Constituye un paradigma caudillesco; una mentalidad y un acostumbramiento cultural que le da entidad.

         Por eso, el cambio hoy, todavía, depende de nosotros.

         Por todo eso, yo digo: sí a las papeleras. Porque son el penúltimo eslabón de una cadena de valor que en la Argentina nunca se pudo desarrollar: el negocio forestal. Un negocio que podría aportar a nuestro país innumerables fuentes de trabajo y recursos. Uno capaz de potenciar la riqueza de zonas marginales donde hoy la mano de obra es expulsada hacia bolsones de pobreza alrededor de las grandes ciudades. Además, bien controlado, puede ayudar a mejorar el medio ambiente y revertir el creciente fenómeno de deforestación y tala de bosques nativos. Un negocio que, al valorar el recurso madera, permite la aparición de pequeñas y medianas empresas capaces de proveer servicios y desarrollar nichos de mercado, en un país de una geografía grandiosa, donde la mayoría de las cosas aún está por hacer. Uno que, aun instalado en la otra orilla del río Uruguay, podría acrecentar los lazos y volver más real un Mercosur proclamado pero apenas gestado.

         Éstos son datos que se pueden corroborar sólo prestando atención a otros países del globo que ya han desarrollado este negocio. Los argumentos técnicos por el sí los puede desarrollar ampliamente toda la comunidad científica argentina que, desde el inicio de esta discusión estéril y mediocre, ha sido avasallada por manifestaciones infantiles y argumentos caprichosos. Como dato también es importante destacar que toda industria mal manejada genera contaminación; depende del manejo de lo producido y lo desechado. ¿Podemos optar por un país sin industria? Indirectamente es lo que venimos haciendo.

         No a las retenciones. Porque son una forma de derivar recursos genuinos de un sector hacia otros arbitrariamente. Porque esto hace malas migas con la verdadera democracia y es tierra fértil para la corrupción. Porque sin retenciones, el valor agregado de una producción hoy demandada por el mundo se vuelca naturalmente en el desarrollo del interior argentino, consolidando el crecimiento de las pequeñas y medianas industrias instaladas a lo largo y a lo ancho de toda nuestra zona agropecuaria. Porque sin retenciones, negocios como el de la carne vacuna podrían aumentar y consolidarse, dejando espacio para que otros productos sustitutos también crezcan y se consoliden a partir de una demanda doméstica en evolución.

         Porque sin retenciones, el motor que ha demostrado durante más de un siglo ser la agricultura argentina podría devolverle a la tierra los nutrientes que, año a año, se exportan en nuestros granos y que, a la larga, su falta de reposición por vivir forzando la máquina, terminará con la sustentabilidad del sistema.

         En pocas palabras, lograremos matar la gallina de los huevos de oro y nos sentaremos todos en Buenos Aires a venderles baratijas a los turistas que de todo el mundo vienen asombrados a observarnos... si es que los aviones siguen operando.


Fuente: Río Negro On Line
 
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