Se anuncia una nueva guerra de las patentes. Desgraciadamente los seres humanos reincidimos en nuestros errores habitualmente, este en particular demuestra, además, que no aprendemos de los mismos.
Este enfrentamiento es parte ya de nuestro folklore. Los ciudadanos y los contribuyentes todos saben bien de esto, entre otras cosas porque en este episodio somos los que ponemos las víctimas en su totalidad. No hay bandos en pugna pues los heridos salen todos del mismo lugar, sino autoridades municipales que para "hacer caja" recurren a los contribuyentes.
Hasta el momento la única idea que se les ha ocurrido a las administraciones municipales de Montevideo, y esta Intendencia que recién comienza se suma a las anteriores, es perseguir al contribuyente. Se hace siempre alejado de las elecciones, no sea cosa que por impopular le reste votos.
A los inspectores de tránsito se los saca a la calle, libreta en mano, sólo para controlar el origen de la matrícula, nunca para prevenir la accidentalidad ni para educar y con ello evitar muertes por accidentes que se han constituido en una epidemia ciudadana que mata a los más jóvenes.
La Intendencia de Montevideo tiene un monumental déficit que ya habíamos advertido en las pasadas elecciones y que se confirma ahora por boca de las propias autoridades. Este se nutre, entre otras cosas, por la bochornosa administración de los casinos municipales que sumaron en el último período 14 millones de dólares al mismo. La capital del país será reconocida mundialmente por ser la única donde las salas de juego dan pérdida, o por vaya a saber qué circunstancia atmosférica por la cual quien aquí juega, siempre gana.
Para licuar el déficit, que antes se negaba, las autoridades salen presurosas a recaudar. Para ello van a recurrir, lo advertimos, a los dos tributos que más inciden en las arcas municipales: la contribución inmobiliaria y la patente de rodados. Con la contribución ya veremos en los próximos meses cómo a partir de un reaforo se procederá a un fiscalazo. Anótelo, porque se viene.
Con respecto al empadronamiento ya se anunció el inicio de la guerra.
Por Montevideo circula una cifra de autos de montevideanos matriculados en el interior cercana a los 100.000 vehículos. ¿Cuál es la causa de esto? La respuesta es sencilla, el contribuyente busca el precio justo y no está dispuesto a que lo roben. Aquí se obliga a los propietarios de vehículos a pagar un tributo que se estipula por un valor de aforo de su coche que muchas veces duplica al valor de mercado del automotor. Se nos hace pagar por un auto que se dice tiene un valor determinado pero que el precio de mercado es la mitad de ello. El automóvil no es un insumo de lujo, es una herramienta de trabajo que hace entre otras cosas que su costo, incluido la patente y los seguros, hagan a la productividad de la labor que uno desempeña. Para que esto sea así, porque nadie trabaja para pagar la ineficiencia de otros, muchos contribuyentes montevideanos emigran y buscan quien le ofrece el precio justo. Nadie se dedica a buscar subterfugios y demostrar residencias donde no la tiene por hobby, sino para defender su bolsillo. No es por falta de solidaridad con su comunidad, sino por la falta, justamente, de solidaridad de sus gobernantes para con quienes habitan el departamento, que obligan mediante estas persecuciones a pagar lo indebido. ¿Por qué en Montevideo la patente sale 40% más?
Este tema no se arregla con guerras de patentes ni poniendo destacamentos de inspectores, esto se soluciona con justicia tributaria. Cobrando el precio justo, muy inferior al actual, con lo que volverán a Montevideo los que patentan en el interior. Y vaya que esto saldará con creces, por el retorno de miles, lo que significa la rebaja. Sin guerras, con paz, que siempre da resultado.