Año III - Nº 155 - Uruguay, 04 de noviembre del 2005

 
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Un salvamento complicado
* Luis Tappa
 

Corrían los años 90 y poquito, no importa la fecha el día ni la hora, porque lo que aquí les narro es solo una de las tantas salidas en procura de salvar vidas que ha hecho ADES (Asociación Honoraria de Salvamentos Marítimos y Fluviales) en su rico y largo historial.

¿Por qué elegí esta historia? ¡Porque si!, al azar, no fue la más difícil, ni la más importante, aunque se vivieron momentos dramáticos, como siempre que se sale en esas condiciones, pero solo fue una entre tantas.

Cada salida o auxilio prestado por ADES tiene su propia historia, sus propios momentos, vivencias y situaciones. Por eso no hago distinción ni escarbo en detalles, y esto solo es una somera narración de los acontecimientos de ese día, un solo capítulo de una larga novela que se viene escribiendo desde hace 51 años.
Los hechos

Desde la mañana ya se presagiaba que "algo se venía", la gente de mar lo sabe sin necesidad de pronósticos meteorológicos, comenzaban a aparecer en el horizonte, sobre el Oeste, los típicos nubarrones que anunciaban un pampero. Y así fue nomás, al cabo de unas horas se desató un violento temporal que azotaba la costa sur de nuestro país, la lluvia y vientos fortísimos habían convertido el Río de la Plata en un infierno de enormes olas que llegaban con furia a la costa, el río había crecido hasta hacer desaparecer las playas.

En el puerto del Buceo la olas golpeaban con inusitada fuerza las escolleras y levantaban enormes surtidores, cual fuegos artificiales, pero de agua y espuma.

Avanzada la noche de aquel día se recibió el aviso, se trataba de un pequeño velero argentino con dos tripulantes a bordo, se encontraba en peligro en las cercanías del "Bajo Sara", a medio camino entre el Puerto del Buceo y la Isla de Flores, y ante la difícil situación que soportaban radiaron un pedido de auxilio.

Media hora después de cursarse el llamado a los tripulantes de guardia, la ADES III se hizo a la mar, no se podía esperar más, de los nueve hombres que componen la tripulación llegaron 7 a tiempo para embarcar.

Entre las normas de emergencias hay algunas situaciones a tener en cuenta y consisten en tres claves y su consiguiente significado:

1) El radio aviso muestra la primera clave, significa que posiblemente se presente una emergencia, no está confirmado, y quienes quieran pueden ir arrimándose a la base, ¡Por las dudas!

2) El radio aviso muestra la segunda clave, significa que hay una emergencia de bajo nivel en curso, se dispone de una hora para presentarse en la base.

3) El radio aviso muestra la tercera clave, esto es una emergencia de alta prioridad, se dispone de media hora para llegar a la base y embarcar, cumplido el tiempo el barco se irá con los tripulantes que estén en ese momento, aunque no esté completa la tripulación.

Desde la tarde que estaba soplando el pampero, fuertes vientos acompañados con lluvias que vienen desde el oeste, y que minuto a minuto ganaba en intensidad, esa noche y al otro día alcanzaría gran fuerza, con rachas de viento que superarían los 120 kph.
Cuando sonó el radio aviso de los tripulantes, y teniendo en cuenta las condiciones atmosféricas, hizo poner la carne de gallina a más de uno, pero tenían que ir. Pienso que el momento de mayor tensión se vive cuando se recibe el llamado, el traslado al puerto, y cuando se toma conciencia de la situación, luego, a bordo, ya no hay tiempo de pensar estupideces.

El compromiso moral adquirido por los tripulantes con ADES es inquebrantable, y a plena conciencia de lo que puede pasar todos acuden, sin renuncias de ningún tipo.

El llamado por radio aviso se envía a 11 personas, 9 tripulantes para la embarcación principal y 2 para la lancha rápida. A la gente que cubrirá la sala de control de comunicaciones y navegación se la llama por teléfono.

También se le comunica de la emergencia a la PNN y al Centro Coordinador de Búsqueda y rescate de la Armada Nacional, y telefónicamente, a otros tripulantes, por si se los llega a precisar.
Pero no todos llegan a tiempo, es solo media hora, y dependiendo del lugar que en que se encuentre cada uno en esos momentos llegarán a tiempo, o no, pero todos van.

Para un tripulante no hay nada peor, ni que produzca más desazón, que llegar y comprobar que la lancha se fue.

Es cosa que se da con cierta frecuencia en este tipo de emergencias, sin importar si el tiempo está malo o bueno que el barco salga sin la totalidad de sus tripulantes, que deben ser 9 hombres; pero si las circunstancias así lo requieren hay que hacerse a la mar con los que están; por eso el malestar si se ha llegado tarde, el que no llegó a tiempo siente la frustración de no acompañar, de no estar, de haber dejado solos a los compañeros, sabiendo que en una emergencia, cuatro o simplemente dos brazos menos recargará inevitablemente el trabajo y sacrificio de los demás. De todas maneras se quedan y ayudarán en todo lo que sea posible.

Todos los tripulantes, en especial los que están de guardia, tienen sus bolsos preparados, con ropa seca y de abrigo, zapatillas y los elementos que cada cual considere imprescindibles, el que tiene coche tendrá su bolso permanentemente en la valija del mismo.

En el barco siempre hay alimentos y agua mineral como para una larga navegación.

ADES III, de origen alemán, era una notable embarcación construida especialmente para este tipo de operaciones, es lo que se denomina "todo tiempo", o sea, con capacidad para navegar con alto porcentaje de seguridad aun en las peores condiciones de mar, todos las barcos que vienen para ADES reúnen estas características y son construidos especialmente con ese fin.

Este, como todos los barcos de ADES, están dotados de todos los elementos necesarios para navegación, búsqueda y rescate, Radar, eco sonda, Sala de radio y navegación, Radiogoniómetro, GPS, poderosos reflectores, bengalas, lanzacabos, un importante botiquín para primeros auxilios, etc.

Pero ADES III era excepcional, por su potencia y porte, también llevaba a bordo una pequeña lancha de auxilio que se deslizaba al agua por una rampa en popa.

La ADES III, potente y airosa puso proa contra el viento embistiendo las enormes olas que pugnaban por frenarla, la mar reclamaba su tributo y aquellos hombres salían para disputárselo.

Las olas barrían la cubierta y golpeaban fuerte contra el puente, allí, el Patrón en la oportunidad, organizaba todo y daba las ordenes que el contramaestre se encargaba de hacer cumplir.

El barco avanzaba requiriendo al máximo la fuerza de sus tres motores, uno grande y dos más chicos que juntos daban unos 1.830 HP, casi la potencia de un remolcador; en la sala de máquinas, el maquinista, se esforzaba por tener todo en orden, cuidando que nada fallara.

A pesar de todo la navegación y búsqueda se hizo difícil, las olas que pasaban por encima golpeaban con tremenda fuerza y provocaba enorme malestar, el rolido y movimientos eran tremendos y por momentos el barco escoraba hasta ángulos inadmisibles, a medida que se avanzaba, la situación se hacían cada vez más complicada, más aun si tenemos en cuenta que se navegaba en la oscuridad.

En las primeras horas de la mañana se arriba al teatro de los acontecimientos.

Se navegó toda la noche en medio de un mar enfurecido en procura del barco en peligro, pero la violencia del viento hizo que los arrastrara a una velocidad increíble hacia el este. Recién frente a Piriápolis, y ya de día, se los pudo alcanzar.

Se había enviado por tierra, como apoyo, a la ADES 11, una pequeña embarcación de las llamadas semi-rígidas, casco de fibra con pontones inflables que cubren toda la borda, menos la parte de popa, y volante tipo automóvil, en el centro un caballete donde se sientan 2 o 3 tripulantes, especialmente construida para estos menesteres posee un motor fuera de borda de 90 HP que da unos 40 nudos y es transportada en un tráiler, pero la situación del mar era tal que no fue posible botarla y debió quedarse en tierra.

PROBLEMAS EN LOS MOTORES

Debido a las tremendas sacudidas de la embarcación se presentan problemas en los motores, y esto sucede cuando al removerse la suciedad que se junta en el fondo de los tanques de combustible hace que se puedan tapar los filtros, el maquinista no daba abasto trabajando.

Cerca de Piriápolis el motor principal comienza a fallar, es necesario cambiar los filtros.

Luego de un rato de búsqueda finalmente se logra divisar al velero en emergencia, que a duras penas se mantenía a flote y prácticamente ya no soportaba más el vendaval.

SE COMPLICAN LAS COSAS

El temporal arreciaba y el viento se hacía cada vez más fuerte, con algún problema de máquinas, y sin poder contar con toda la potencia el barco se movía demasiado, un tripulante de ADES, se descompuso, no puede resistir más el mareo y los vómitos, se lo trata de mantener calmado y requiere de atención médica al arribo; es que realmente resulta desesperante cuando, por diferentes motivos, se presentan estos síntomas, le puede pasar a cualquiera, pero nadie abandona ADES porque en alguna oportunidad se haya sentido mal, superado el trance volverán a estar a la orden, puedo decir que estas cosas suelen suceder.

Uno de los tripulantes del velero, desesperado, y al ver la cercanía de la ADES se arrojó al agua, ahora eran dos los auxilios a prestar, se optó por ir tras este último, y ya sería difícil socorrer al velero, estaba muy cerca de la costa y el tiempo se agotaba.

El hombre en el agua luchaba desesperadamente por acercarse a la ADES III, también era difícil acercársele demasiado sin riesgo de que el barco se le fuera encima. Luego de varios intentos se logra alcanzarlo, es entonces que un tripulante de ADES, en heroica acción se arroja al agua y acude en su auxilio, si se le tiraba un cabo existía el riesgo de que el mismo se fuera a las hélices, se tienden las redes sobre la banda de estribor, y en momentos que la lancha caía hacia el pozo de la ola se pudieron tomar de la red, finalmente los dos hombres estaban a bordo y a salvo.

Pero no había tiempo de ir por el velero, era tarde y no había forma de llegar, errándole apenas a los escollos de piedra, el oleaje, como si fuera un barquito de papel, lo arrojó sobre la costa frente a la isla de Las Tunas, salvando por milagro la vida el tripulante que se había quedaba a bordo.

No hay nada más terrible y menos deseado, para un marino, que irse a la costa, el peligro de las piedras o tumbar es lo que menos se desea, habiendo agua y profundidad las posibilidades de salvarse, o hacer un salvamento, son siempre mayores.

LA ENTRADA A PIRIÁPOLIS

Luego del rescate, y con el problema de los filtros en los motores, se decide buscar refugio en el Puerto de Piriápolis ya que la navegabilidad se hacia cada vez más difícil.

Se enfila hacia el puerto y no sin trabajo si inician las maniobras de entrada.

Como se podía, y contra aquella locura de olas y viento se entra al puerto, pero aquí sucede algo impensado, nadie hubiera imaginado lo que estaba por suceder; la linga de acero del fondeo mal tirado de un pesquero, que no debía estar allí, ocupaba casi toda la entrada y no se veía porque la tapaba el agua, ADES pasa por encima y aquel cable se enreda en las hélices, es entonces que el barco queda con su capacidad de maniobra y gobierno restringidas y golpea su proa contra el muelle, produciéndose daños en el cintón, cubierta y barandilla de proa, aunque sin afectar para nada las condiciones de seguridad y navegabilidad del barco.

Uno de los tripulantes, haciendo malabarismos, logra saltar y hacer firme un cabo de amarre a una de las bitas del muelle; con bastante dificultad se logra finalizar la amarra y luego bajaron todos, había terminado la odisea.

No doy nombres por razones obvias, son tripulantes honorarios e integrantes de un grupo, gente que ha hecho de esta actividad un culto.

ADES y sus tripulantes son uno solo y todos están permanentemente a las órdenes, nombrarlos sería hacer distinciones.

Para nombrar a alguien debería hacerlo con todos, y hubo mucha gente detrás de este operativo, no son solo a quienes les tocó embarcarse en esta oportunidad, también están los que no pudieron ir pero apoyaron desde tierra, de una u otra manera, la gente de la sala de comunicaciones, los del Club de los 4x4 que colaboran desinteresadamente trasladando el bote semi-rígido por tierra, sin importar hasta donde, en fin, son muchos y cada uno aporta lo suyo.

Por eso reitero, no importa a quien le tocó esta vez, porque el mérito es de todos, nadie puede saber a quien le tocará en la próxima, raramente se dan dos tripulaciones iguales, porque siempre habrá una próxima vez, y también cumplirán, y también derrocharán coraje, y también otros podrán sentirse mal, pero eso no les resta méritos, los tripulantes, sean quienes sean que les toque, cumplirán de la misma manera y hasta las últimas consecuencias, salen mancomunados en el esfuerzo y en un ideal, arriesgar la vida por el prójimo... honorariamente, por algo que se lleva muy hondo en el alma, ¿Habrá algo más noble?

Epílogo

A mediodía llegó a Piriápolis otra tripulación de refresco, los hombres de la ADES III estaban cansados tras un noche agitada y volvieron por tierra a Montevideo mientras la nueva tripulación se hacía cargo y quedaron haciendo reparaciones y esperando que mejorara el tiempo.

Tuvieron que bajar buzos para liberar las hélices, luego llevaron el barco para el Puerto de Punta del Este, lugar donde se podían realizar mejor algunas reparaciones, para luego retornar a Montevideo.

En esta oportunidad se salvó una vida, solo una, pero bien valió la pena el esfuerzo.

La satisfacción de haber cumplido es la mayor recompensa a que puede aspirar un tripulante de ADES, una satisfacción íntima, acaso si compartida con los compañeros y la familia, esa familia que queda en casa... ¡sufriendo y esperando!

Porque ellos, con su apoyo moral, también son parte del engranaje, y no es fácil cuando una esposa, o un padre, o un hijo, o un hermano de un tripulante de ADES... ¡quedan esperando el regreso!, rogando que todo salga bien.

En esta desigual lucha no se le teme al mar, un gran respeto se siente por el, solo que a veces se me ocurre pensar que él también, a su modo, siente algún respeto por los hombres que salen a jugarse... ¡por la vida!

Hoy ya no está más la ADES III, varios barcos han llegado desde entonces, la última que vino es la ADES 16.

Para los tripulantes de ADES fue solo una salida más, una anécdota más, un recuerdo más que el tiempo fue tiñendo de amarillo como a las páginas de un diario viejo.

CONCLUSIÓN

Como tripulante de ADES puedo contar mil aventuras, pero debo aclarar que yo no participé de esa salida, y lo que aquí se narra es en base a recuerdos de algunos compañeros que aportaron detalles, a grandes rasgos, eso fue lo que pasó.

En estos momentos un conocido escritor está haciendo un libro con la historia de ADES, muy pronto estará en las librerías de Montevideo.

Las fotos fueron tomadas por mí, la de ADES 3 amurada al muelle del Puerto del Buceo, y la de ADES 11 captada desde la ADES 14, a unas 6 millas al sureste de la Boca del Cufré durante maniobras de entrenamiento, posteriormente a los acontecimientos que aquí narré. La de ADES 16 el día que llegó a Montevideo, a bordo de un porta-contenedores y cuando era depositada en el agua, momentos antes de abordar para trasladarla a la base.