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Año V Nro. 367 - Uruguay, 04 de diciembre del 2009   
 
 
 
 
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Fernando Molina

La peor campaña de la historia
por Fernando Molina

 
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          Hace 24 años que los bolivianos concurrimos a elecciones libres y limpias. Las de diciembre serán, de todas ellas, las que habrán sido antecedidas por el periodo preelectoral más soso, anodino y chapucero que se haya conocido jamás. La causa es más profunda que la ya esgrimida por muchos, es decir, que esto se deriva de la previsibilidad de los resultados electorales. Es verdad que nadie, ni siquiera los candidatos opositores, cree que Evo Morales caerá esta vez; también es verdad que la única cuestión reside en saber por cuánto ganará y en qué medida Evo controlará el Parlamento; sin embargo, pese a ello, la oposición podía estar cumpliendo un papel mucho mejor. Es decir, un papel y no un papelón, que es lo que está haciendo en verdad.

          La pregunta es por qué. ¿De dónde proviene semejante comportamiento no solamente depresivo, sino también desubicado, errático, frívolo, que nos hace pensar en que el antievismo no sólo se ha dado por vencido en el campo electoral, sino también en la lucha de ideas? El lector querrá pruebas de afirmaciones tan contundentes. Para eso basta ver en la tv. a los principales voceros de las campañas opositoras, inclusive a los candidatos, discutir día y noche sobre las encuestas (que los dan por perdedores), y no conseguir, durante decenas y decenas de horas de televisión, meter aunque no fuera más que un pequeño mensaje propiamente electoral (por qué diablos tendríamos que votar por ellos).

          No, los opositores han caído gravemente enfermos de "encuestitis" y manifiestan serios síntomas de estar convirtiéndose, de los políticos que se supone que eran, en una subespecie de analistas electorales al servicio de los medios. Como se suele decir: prefieren "ver las cosas desde el palco".  De paso, los dos principales partidos adversarios de Evo, el que postula a Manfred Reyes Villa y el que hace lo mismo con Samuel Doria Media, pelean entre sí, pero no por cuestiones programáticas, sino por... los resultados de las encuestas. Gastan un dinero que no tienen, y que debieran destinar a difundir sus ideas, para pagar anuncios en los que se ponen a especular qué pasaría si uno de ellos se retirara de la competición electoral, si eso provocaría o no una segunda vuelta con Evo. ¡Increíble!

          Seguramente se trata de un comportamiento evasivo: puesto que la realidad resulta tremebunda y enfrentarla requeriría de mucho esfuerzo y dolor, entonces conviene soñar: que pasaría si... o, en cambio, si... Por cierto, discutir todo el santo día sbre encuestas también es una forma de escapar de la labor política que se impone...

          De los tres principales partidos, Doria Medina tiene el programa más coherente y elegante desde el punto de vista intelectual. Su propuesta además intenta responder los verdaderos problemas de la sociedad, que por supuesto no son los simbólicos y políticos a los que se ha consagrado el Gobierno de Morales durante los últimos cuatro años. Pero un programa así sólo puede ser un juego de pensamiento si no acompaña a una crítica apasionada y profunda a Evo Morales, cosa que Doria ha evitado cuidadosamente hacer, otra vez por estar preso se esa extraña enfermedad: la encuestitis.

          Es obvio que en un contexto tan favorable para Morales como el actual toda objeción a éste resulta estadísticamente antipática, pero éste no es un argumento; en este caso, seguir a los números mayores equivale a abdicar de la principal responsabilidad de un político democrático, en este momento, y ésta es advertir al país que, por el camino señalado por Evo, Bolivia se encamina necesariamente hacia una nueva frustración. La única crítica que Doria atina a hacerle a Evo es que éste "no tiene un plan", cosa que sin duda deja perpleja a la tribuna, primero porque Evo sí tiene un plan (uno equivocado), y segundo porque Doria no esgrime ningún argumento para respaldar su acusación.

          De cualquier manera, si lo más contundente que se puede decir de Evo es que carece de plan, entonces ¿por qué no votar por él? La falta de plan es un pecado venial respecto a los negativos que se pueden atribuir a los candidatos de oposición, por ejemplo al propio Doria, pues es legítimo dudar de su capacidad para gobernar de aquí en adelante con el mundo rural y los indígenas urbanos en contra. ¿No debiera usarse la campaña, entonces, para despejar estas dudas y otros asuntos de igual calado?

          En cuanto a Reyes Villa, mejor ni hablar. Como se ha dicho acertadamente, más allá de la defensa de la postulación a la vicepresidencia de Leopoldo Fernández, un político oriental encarcelado pero hasta ahora no enjuiciado por el Gobierno, Reyes Villa no tiene nada más que proponer. Él sí critica a Evo, pero de una manera burda e inconvincente: no en torno al daño que puede hacerle al futuro del país, sino en defensa de un pasado que ya nadie quiere recrear.

          Todo esto, entonces, tiene una causa más profunda que una simple depresión preelectoral por los resultados adversos. En realidad, muestra la debacle de la clase política tradicional, como resultado del hundimiento de la totalidad de los partidos políticos del sistema. La ausencia de partidos se ha traducido en la desaparición de los discursos ideológicos, de las tradiciones organizativas, de los cuadros políticos. Todos ellos elementos imprescindibles de la política, en el sentido serio del término. Los bolivianos estamos cerca, entonces, de vivir las primeras elecciones sin política de nuestra historia democrática. Un síntoma más, de los muchos que existen, de que nos encaminamos a un nuevo tipo de régimen político, en el que la ideología, la organización, los cuadros y las iniciativas se concentrarán casi exclusivamente en un solo partido, erigido como un "partido de Estado". Ciertamente que no será la primera vez en la historia que esto ocurra.

Fuente: Infolatam

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