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Año V Nro. 367 - Uruguay, 04 de diciembre del 2009   
 
 
 
 
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Obama. Una retirada anunciada
por Óscar Elía Mañú

 
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         Evidentemente, no basta con decir en un discurso televisado "Hay que ganar esta guerra" para ganarla, aunque demasiadas veces en una sociedad hipermediatizada no lo parezca. Es necesario tener la voluntad de hacerlo y poner los medios para conseguirlo.

         Eso es precisamente lo que Obama no ha hecho esta noche. La victoria militar que McChrystal proponía hace ya semanas iba más allá de las cifras concretas. O si se prefiere, la cifra de soldados solicitados encarnaba una actitud y una voluntad estratégico-política: en lo militar, la derrota de los talibanes, la aniquilación o dispersión del movimiento o su expulsión del país; en lo político, el asentamiento de un régimen medianamente digno, respetuoso con sus ciudadanos y no comprometido con la exportación de inestabilidad y terrorismo por el mundo.

         Todo lo que no sea eso, por muy revestido de retórica y patriotismo que esté, implica la derrota militar y la derrota política. Como se esperaba, Obama se ha quedado en 30.000 soldados, el mínimo de los solicitados por McChrystal, mostrando La renuncia a la victoria en Afganistan se encarna en el doble límite: en tropas - lejos del número óptimo- y en tiempo -en 2012 todos fuera- . Los menos soldados posibles y por un plazo limitado. A buen seguro, los talibanes están de enhorabuena: Obama envía menos tropas, éstas van a preparar la retirada, y en 2012 se habrán marchado. Para quien sabe que la guerra es larga, no cabe mejor noticia. Si aguantan desde 2001, 2012 es un plazo optimistauna calculada ambigüedad. Por un lado, busca calmar a quienes ven en él un peligro para América y la democracia por el mundo; por otro, a los izquierdistas que ven en él precisamente eso, un miembro del establishment radical demócrata. Ha dado lo suficiente para poder decir a unos que ha dado; lo insuficiente para decir a otros que no lo ha hecho. Con unos medios de comunicación, en Estados Unidos y el resto del mundo, a izquierda y derecha, ansiosos por alabar al nobelizado inquilino de la Casa Blanca, poco más podía hacer Obama. Todos parecen contentos.

         El impacto es -ya lo viene siendo- en los militares americanos que combaten allí. Ni la mayor lealtad patriótica y sentido del honor puede con la sensación de combatir a quien se quedará tras la anunciada retirada. ¿Para qué arriesgar la vida, propia y ajena, si en año y medio dará igual?. La victoria ya no es un escenario. Más sombrio se presenta el futuro de los afganos, musulmanes moderados y demócratas prooccidentales, a los que Obama dejará solos. En 2012, sí o sí , la furia islámica caerá sobre ellos.

         ¿Y España? ¿Ahora qué? Como en un dominó, la retirada de Obama se transmite a los aliados que luchan en Afganistan. Unilateralmente, rompe una misión que muchos apoyaron por cuestión de principios: luchar contra el terrorismo y dar democracia a los afganos. Por eso a la izquierda española nunca le gustó la guerra de Afganistan, y Zapatero propuso como alternativa la Alianza de Civilizaciones. Frente a la estrategia de Bush y Aznar, Zapatero se sentía muy cómodo.

         A regañadientes, Zapatero envió más tropas a Afganistan para cubrir el oprobio iraquí de 2004, y con la llegada de Obama ligó la suerte de España a quien consideraba ideológicamente uno de los suyos. Pero he aquí que Obama se parece a Zapatero más de lo que éste quisiera: sus decisiones, por interés electoral, por cuestión de imagen, por radicalismo ideológico, o por todo lo anterior junto, prescinden de aliados, de amigos y de agasajadores. Obama no paga traidores, por entregados que le estén. Si Zapatero quiere agradar a Obama, éste sólo se agrada a si mismo. Y esta noche hubo mucho agradecimiento.

         España se encuentra en una situación absurda. Zapatero abomina de la estrategia Bush que nos llevó a Afganistán. Mientras Obama no decidió y la inercia de aquél continuó funcionando, no hubo problema en mantener las tropas de apoyo a la democracia y la seguridad. Ahora si lo hay: Obama abandonará Afganistán a manos de los talibanes, incluidos los que atacan y matan a las tropas españolas. Obama ya no tiene como objetivo acabar con los talibanes y asentar la democracia, sino salir airoso de allí. ¿Y España? Los refuerzos medio anunciados por Zapatero ya no tendrán como finalidad construir una democracia que se abandonará en tres años, ni ayudar a combatir a unos talibanes que se quedarán tras la marcha de los americanos. ¿Para qué exactamente mantener las tropas españolas hasta entonces?¿Para qué enviar más tropas? Si será Obama el que marque la retirada española a toque de silbato, Zapatero debería decirlo, y los demás exigírselo. A no ser que con lo que esté comprometido sea con la lucha contra el terrorismo, en cuyo caso si Obama arruina un frente, quedan otros. Claro que el más importante es el iraquí, de donde Zapatero escapó hace ya tiempo.

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