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Año III - Nº 215
Uruguay, 05 de enero del 2007
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Alvaro Kröger Cuando el Estado no funciona
o se mete dónde no lo han llamado

por Alvaro Kröger
 
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          Hace algunas semanas atrás la conocida revista Foreign Policy publicó su Indice de Estados Fallidos, que clasifica a los gobiernos nacionales según su capacidad para garantizar el orden y la justicia, mantener la paz y dar seguridad a sus ciudadanos. Casi todos los latinoamericanos, según la evaluación de la revista, tenemos estados que figuran entre los peores del mundo, pues sólo superamos a las caóticas condiciones en que vive buena parte de África.

          Tal vez, no lo conozco a fondo, el índice tiene algunas limitaciones metodológicas que hacen un poco artificial la medición que se presenta. Pero, más allá de las sutilezas que deben preocupar a los especialistas, el lector de esta parte del mundo reconocerá enseguida que algo muy malo ocurre en nuestra región, que, para decirlo sin tapujos, nuestros estados no funcionan, o funcionan tan mal que prácticamente no tienen capacidad para desempeñar las acciones que en definitiva justifican su existencia.

          En casi todas nuestras ciudades existen calles o barrios cerrados, custodiados por vigilantes privados, porque la policía pública no está en condiciones de garantizar el orden ni controlar la delincuencia. Los mismos vigilantes custodian comercios y edificios importantes y, quien puede, paga alarmas, automóviles blindados y otras formas de seguridad. Mientras los delincuentes andan libres los inocentes propietarios se encierran tras las rejas y las alambradas que custodian sus viviendas. En los barrios más pobres, en las zonas marginales, rara vez se atreve a entrar la policía, y el hampa campea manteniendo en el terror a sus habitantes.

          Ni hablar de la justicia: tramitar algo en los juzgados, o acercarse a ellos para exigir compensaciones o castigos, implica un calvario de trámites, costosos e imprevisibles, regulados por una maraña legal que dilata la resolución de los casos más allá de lo sensato o soportable. Lo que llamamos pomposamente Poder Judicial se mueve normalmente entre la venalidad y la incompetencia, entre el desinterés por la suerte del ciudadano y la crónica falta de presupuesto.

Humor Político

          A diferencia de lo que ocurre en las naciones más prósperas de otros continentes, el Estado en América Latina, parece estar en contra del ciudadano: cobra pesados impuestos pero no ofrece servicios adecuados, traba la formación de empresas capaces de generar riqueza, produce infinidad de leyes que a pocos benefician y parecen existir para que algunos, los que acceden a sus puestos de mando, se enriquezcan a través del trabajo de todos los demás. Porque la corrupción, extendida a todos los niveles, no sólo produce serios problemas financieros, sino que crea un clima de desconfianza, de distanciamiento entre el funcionario y el ciudadano corriente, entre el estado que dice representarnos y nosotros, los simples mortales que nos vemos obligados a respetar muchas de sus absurdas normas.

          No es posible, en un breve artículo, exponer la complejidad de las causas y de las situaciones que nos han llevado a esta lamentable situación. Pero conviene apuntar que gran parte de estos problemas se derivan de una falsa concepción de lo que son las funciones esenciales del estado. El populismo dominante en Uruguay nos hace creer que el Estado existe principalmente para ejecutar políticas sociales que, en la práctica, no son otra cosa que dádivas que el gobierno entrega a cambio de favores políticos. Ideas socialistas ampliamente extendidas, de forma abierta o encubierta, nos hacen creer que el Estado tiene como meta repartir una riqueza que en propiedad no es suya, que la desigualdad se combate mediante una cohorte de empleados públicos y de sindicalistas que, a la postre, son los únicos que acaban siendo "menos desiguales" que antes.

          Si a esto agregamos la nefasta prédica de muchas ONG's y funcionarios internacionales, que insisten en criticar toda acción firme en defensa de los derechos humanos del ciudadano corriente y, en cambio, promueven aumentos de impuestos y de ineficaces programas sociales, entenderemos por qué nos encontramos atrapados en callejón sin salida. Porque sin un estado que garantice la seguridad, el orden y la justicia nos resultará muy difícil dar el salto que ha llevado a muchos países al camino de la prosperidad y de la paz.

          Bastan éstas tres cosas garantizar: la seguridad, el orden y la justicia, por parte del Estado..... lo demás los privados lo hacemos mucho mejor, más eficientemente, más barato y justo.

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