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Hilda y la Cruz
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por Valentina Stewart
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© 2007
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Hilda se casó en 1947 con Valentín. La madre de Hilda compró en una gran tienda una cruz de bronce con un Cristo para regalarle, se lo entregó esa misma tarde con la parsimonia de quién da una sentencia, más propio de un juez que de una madre. Querida Daniela, mi madre me regaló un Cristo cuando me casé y lleva arriba de mi cama y de la de tu padre tantos años como tenés tú, hoy yo te regalo éste para que te proteja en tu matrimonio y vele por tu felicidad, y con profunda emoción le entregó el paquete.
Con la sensación de que la felicidad y la paz de su hija estaban aseguradas ayudó a Hilda a colgarlo sobre la cama para esperar a Valentín con semejante sorpresa.
Al entrar Valentín al dormitorio a quitarse los zapatos y apurado por amar a su flamante esposa, vio con sorpresa el Cristo brillante arriba de la cama y puso el grito casi en el cielo.
Vení Hilda, yo entiendo las intenciones de tu madre, pero no estoy dispuesto a compartir mi cama, mi vida matrimonial con un señor que me mira las 24 horas, este matrimonio depende de ti y de mí, nadie más que nosotros dos puede hacer que este proyecto se transforme en una familia, además tu sabés lo que yo pienso con respecto a lo religioso, así que sacame ese señor de arriba de mi cama.
Pasaron los años y de esa casa salieron cinco niños para la escuela, Hilda se había acostumbrado a colgar el Cristo cada vez que venía su madre, hasta que un día lo guardó para siempre.
Hilda apareció tranquila en mi tienda encorvada con un paquete, le pregunté en qué la podía ayudar y me dijo que quería vender un Cristo de bronce que guardaba durante muchos años.
Al ver que se trataba de una linda pieza le pregunté porqué quería venderlo, me contó la historia y me conmovió, y desde el corazón le dije:- Pero Hilda lo guardaste tanto tiempo, y con esa maldad que a veces tenemos las mujeres para con los maridos le seguí diciendo,… colgalo total ahora que está tan viejito no te va a decir nada.
Y ella con la paz del que sabe que está en lo cierto me respondió: Lo colgué pero fijate m’ hija que no puedo dormir porque siento que lo estoy traicionando, el no quería compartirme ni siquiera con él, la pareja la hicimos nosotros dos como el me dijo el día que lo puse, así que lo descolgué a la mañana siguiente y aquí estoy, ya no puedo pedirle lo que no me puede dar.
Pero Hilda –le dije- te parece que Valentín se va a dar cuenta?
- Ya no importa, se fue con Él.
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