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Año III - Nº 180
Uruguay, 05 de mayo del 2006
Inscripto en el Registro de Derechos de Autor en el libro 30 con el No 379
 

 

 

 
El desafío de una democracia
* Alvaro Kröger

En una democracia, como la nuestra, las cosas tienen ciertos caminos que recorrer. Hay un proceso administrativo muy claro, y aunque largo y engorroso, se debe cumplir.

Los políticos de "carrera", saben bien como funciona el Estado; los políticos improvisados no tienen la menor idea de cómo es que se debe manejar algo tan sensible como el buen funcionamiento de un país y la búsqueda del bienestar general.

Con voluntarismos no camina la cosa, por más que la voluntad sea la mejor.

El largo y no terminado aún problema de las fábricas de pulpa de celulosa, es la gota que está a punto de hacer rebalsar la copa. Este es un conflicto sin fundamentos científicos y sin fundamentos políticos más allá de la política interna de la Argentina.

Es decir que nosotros estamos sufriendo un problema que no es nuestro y que desencadenaron dos turbios personajes para su provecho personal. Lo triste de toda esta situación es que una vez abierta la caja de Pandora no se puede cerrar, ya las erinias están desbocadas, y como bien sabían los griegos una vez libres es prácticamente imposible calmarlas.

En una voltereta en el aire, al mejor estilo panqueque, el Gallotero y el Incorruptible, se ponen incondicionalmente del lado de los piqueteros, avalando así conductas delictivas, no sólo de sus propias leyes, de su Constitución sino también de los tratados internacionales. Esto es claramente una conducta delictiva por parte del poder político argentino, que si bien no tiene muy clara la línea divisoria entre política y delito, debería tenerla.

El conflicto de las fábricas de pulpa es lo que en ciencia se llama "testeo": se hace algo y se ve que es lo que ocurre. Estas fábricas fueron tomadas como conejillos de Indias, porque el problema no son ellas, el problema es muchísimo más profundo y antiguo que este conflicto. El problema de fondo es el mismito que tenemos con Argentina desde fines del siglo XVIII y principios del XIX: ¿Que puerto es el de salida de la cuenca del Río Uruguay y sus zonas de influencia?

Desde el punto de vista técnico no hay ninguna duda que es el puerto de Montevideo, los puertos del litoral uruguayo y los de la costa atlántica.

Los argentinos en 250 años no han aceptado una realidad geopolítica, y el Mercosur era la solución ideal para este prolongado diferendo entre nosotros y los porteños, conste que utilizo el término "porteño" no de forma peyorativa, sino en el sentido de definir a una ciudad que tiene un puerto, tal como los chilenos le llaman "porteños" a los habitantes de Valparaíso.
Si ese mecanismo, teóricamente de integración regional económica y política, hubiese funcionado tal cual se lo pensó, es posible que la región tuviese en este momento, 15 años después de su fundación, un peso político muy importante.

Pero las integraciones regionales son instrumentos difíciles de manejar y además quienes los manejan deben ser políticos en serio y no advenedizos. La Unión Europea tiene sus raíces en un acuerdo de 1870 sobre la libre circulación de carbón y acero entre Francia y Alemania, es decir que llevan 136 años en el asunto, con dos guerras mundiales de por medio y todavía el tema no está realmente concretado.

Nosotros pensamos que podemos hacer lo mismo en la décima parte de tiempo?....estamos totalmente locos!!! y además con políticos que no le llegan ni a la suela de los zapatos a un Adenauer o a un De Gaulle.

El tema básico de este problema, el tema de fondo, el tema realmente importante es una pulseada para ver quién se queda con la boca de salida de los productos de la región. No en vano los ingleses, que en diplomacia nunca fueron unos estúpidos crearon al Uruguay. Era la forma más sencilla de controlar el comercio de la mitad sur del continente sudamericano. No en vano construyeron una compleja y gran red ferroviaria, se instalaron capitales ingleses en los sectores más importantes como la carne y los cueros, el abastecimiento de agua, la energía eléctrica y los teléfonos.

En vista de todo esto el Uruguay no debe permanecer a la espera de lo que haga o deje de hacer la Argentina o Brasil; el Uruguay debe imperiosamente salir al exterior a vender sus mercaderías con el mayor valor agregado posible y dejar bien claro a los inversionistas extranjeros que este país es una isla atípica, junto a Chile, para que sus inversiones sean seguras y que los contratos no sean violados.

Al dinero poco le importa la ideología del gobierno del país dónde quieren invertir; solamente les interesa algunas cosas: estabilidad social ; estabilidad política , económica y transparencia en las reglas de juego. Como ejemplo podemos poner a China. Este país ha captado una inmensa cantidad de capitales a pesar de su notorio ataque a los derechos humanos, falta de libertad, falta de democracia.

Pero tiene algo muy atractivo para los inversionistas: las reglas de juego bien claras.

En Latinoamérica las leyes de juego no son para nada claras; es así que Brasil y Argentina meten a prepo a Venezuela y a Bolivia sin consultar a Paraguay ni a Uruguay. La asimetría de las economías es tan flagrante, que es imposible hacer un frente económico creíble. Las ideas mesiánicas de Chávez son risibles si no fuesen una imposición a punta de bayoneta. El doble discurso de los políticos latinoamericanos es tan conocido que nadie les cree. Entonces ¿para qué estamos en el lado de los perdedores? Prefiero jugármela solo y si pierdo es mi culpa, y solamente mía. Si las inversiones que tiene el Uruguay en vista son motivo de ataques de un desquiciado esquizofrénico, saquémonos al tipo de arriba.

No tenemos que soportar lo que hemos soportado, las fábricas de pasta de celulosa están aquí por el simple hecho que nadie les pidió una coima de 200 millones de dólares y el 10% de las acciones de la empresa; están aquí porque tradicionalmente el Uruguay ha respetado sus compromisos y ha hecho honor a su palabra empeñada. Estos simples hechos son algo completamente incomprensibles para el poder político argentino, que históricamente se mueve en zonas que pasan de la fina línea entre lo legal y no netamente ilegal, y lo más triste de todo es que no se dan cuenta.

La próxima semana Argentina presentará su problema en el Tribunal Internacional de La Haya. Nosotros deberíamos haber presentado el caso hace meses, pero la ineptitud de nuestra Cancillería es lamentable, la falta de respuestas claras, concisas y tajantes también. El poder político uruguayo todavía tiene la mentalidad decimonónica de la influencia argentina. Vamos a sacudirnos esa mentalidad, retrógrada y anti-patriótica: el Uruguay es un país soberano, y los uruguayos estamos dispuestos a dar nuestra sangre para que lo siga siendo; no tenemos que soportar los berrinches de niño malcriado del Gallotero ni las estupideces que dice el Incorruptible.

Las fábricas de pasta deber seguir su construcción, les guste o no a los argentinos, a los brasileros o a quien sea; si a nosotros nos sirven, con eso basta.

Y las famosas medidas cautelares son un "bluff" argentino: el Tribunal Internacional no tiene esas potestades, y si nuestros políticos aceptan esas medidas cautelares, más les vale que se tomen el buque, porque de la misma forma que el Uruguay entero está ahora detrás de la Presidencia de la República, si ésta nos llega a traicionar, muy pocas posibilidades de futuro les veo a los integrantes del partido de gobierno.

Los dictámenes técnicos han sido contundentes; la comunidad científica argentina seria, más allá de sus afinidades políticas, se ha pronunciado de la misma forma que los asesores consultados. Así que el petitorio argentino en el Tribunal de La Haya se basará en el capricho de unos desubicados que no tienen la menor idea de lo que es un estudio técnico avalado por los profesionales más capacitados del mundo; y lo peor es que quieren imponer sus puntos de vista de la forma más fascista que existe: mediante el miedo. Le han metido el miedo en el esqueleto a los tipos que inocentemente van a hacer los piquetes y los explotan de una forma que sinceramente me da vergüenza ajena.

Las resoluciones del Tribunal de La Haya no van a ser rápidas, van a tardar años y nos van a dar la razón a nosotros, entonces que hará el poder político argentino cuando un Tribunal Internacional les refriegue el hocico contra el polvo? Van a reaccionar como siempre: con nuevos argumentos que no se sostienen solos.

Nuestro país, nuestro Estado y nuestro sistema político tiene parte de culpa en estos sucesos. Las empresas no tienen la obligación de mostrar nada ni al gobierno argentino ni menos aún a los "ambientalistas": sus contratos son con el gobierno nacional. Así que la información técnica sobre las plantas debe de salir de nuestro gobierno a través de los ministerios correspondientes, siempre y cuando sus titulares estén en el país. Aún estando en el país tanto Cancillería como el Ministerio de Medio Ambiente no fueron capaces de aunque sea mentirles a los ambientalistas cuando vinieron a recabar información: directamente los ignoraron, y éstos tipos se fueron más calientes que "china en baile", y en eso les doy la razón: nadie puso la cara y asumió la responsabilidad.

Gobernar un país no es sólo estar para las maduras; gobernar un país es estar en las verdes, y seguramente que las verdes son casi todas las situaciones. Pecamos de omisos, de cobardes y de ignorantes en la más elemental maniobra política.

Ahora el mal ya está hecho y no hay retorno, así que se deben de tomar las decisiones correctas de aquí en adelante: nos tenemos que ir del Mercosur, tenemos que negociar un TLC con USA, otro con China, y otros con el que se ponga a tiro, tal cual lo hace Chile.

No podemos seguir viviendo de ilusiones electoralistas, de panaceas muy lindas para cuando se está en la oposición, que todo es más fácil, tenemos que desembarcar al mundo real: atraer inversiones, hacer un sistema tributario justo y básicamente cristalino, transparente; poner las reglas de juego bien claras, e imponer disciplina partidaria dentro del partido de gobierno, porque no es posible que Fulano diga azul y Mengano lo desmienta y diga verde, y el que resuelve el problema tiene que ser el Presidente.

El partido de gobierno creo que tiene hombres inteligentes, pero su inteligencia se desperdicia en interminables luchas intestinas inconducentes que le quitan a esos hombres tiempo y capacidad para resolver los problemas del país.

Entonces, señores, la cuestión es entre nuestra democracia casi bicentenaria y la intromisión de un Estado fascista.

Y volviendo a parafrasear al gran Julio César:
¡¡Hasta cuándo, oh Catilina, abusaréis de nuestra paciencia!!
Hay que recordar también que a Catilina lo tiraron de la roca Tarpeya.

 
 
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