Paso Molino
El 23 de diciembre de 1747, el Cabildo de Montevideo aprobó la solicitud presentada por el sacerdote jesuita, R.P. Cosme Agulló, de erigir un molino de harina. Hasta ese entonces, la venta de galleta y bizcocho a las tropas terrestres y navales españolas era la única actividad permitida a los habitantes de San Felipe y Santiago de Montevideo, pero la harina era traída de Buenos Aires.
Los jesuitas recibieron del Cabildo un terreno en la margen izquierda del arroyo Miguelete, cercano al vado sobre el camino Real y en el correr de 1748, se inició su construcción. Para que el molino contara con materia prima, el Padre Agulló enseñó a los propietarios de las chacras del Miguelete a desarrollar la agricultura. De esta forma, a partir de la actividad del molino se desarrolló un centro poblado, con vida propia, que recibió el nombre de Paso del Molino.
Al principio sólo era poco más que un centro de arribo de carretas. Cuando, casi 20 años después, los jesuitas fueron expulsados de las posesiones españolas, el nuevo poblado siguió su vida normalmente y al cabo de un siglo (alrededor de 1870) pasó a ser un barrio del Montevideo en expansión. Durante la Guerra Grande y también en ocasión de las variadas epidemias que azotaron Montevideo, muchas de las familias más pudientes se refugiaron el las quintas del Miguelete.
La capilla de la zona fue donada por el General Militar Manuel Oribe.
En las últimas décadas del siglo XIX el Paso del Molino se convirtió en el barrio más exclusivo y elegante de Montevideo. Aún se conservan no más de 20 mansiones diseñadas por los más famosos arquitectos, rodeadas de bellos jardines y ornamentadas con valiosas obras de arte. La más famosa de esas quintas fue la del banquero José de Buschenthal, convertida actualmente en el paseo del Prado.
El crecimiento comercial y social de la zona facilitó la instalación, alrededor de 1860, del llamado Gran Hotel del Paso del Molino. Dicho Hotel, en sus años de apogeo, albergó a grandes figuras entre las que debemos recordar a los oficiales del Ejército Imperial del Brasil que pasaron en él su convalecencia de las heridas sufridas en la Guerra de la Triple Alianza.
La Iglesia "Pura y Limpia Inmaculada Concepción", sita en la calle Zufriategui 963, en el barrio del Paso Molino, está considerada Monumento Histórico desde 1975.
La ceremonia inaugural de la iglesia tuvo lugar el 15 de junio de 1849 con la presencia de Oribe, sus ministros y otros jerarcas de su gobierno.
Terminada la guerra con el tratado del 8 de octubre de 1851, que acunó la frase "sin vencidos ni vencedores", Oribe se retiró a su quinta privada del Paso Molino, donde falleció el 12 de noviembre de 1857. Los restos del prócer fueron depositados en la Iglesia "Pura y Limpia Inmaculada.
La Iglesia "Pura y Limpia Inmaculada Concepción" fue proyectada y construida por orden de Oribe, en el año 1849, en una zona que por aquel entonces estaba constituida por grandes chacras y quintas que bordeaban el arroyo Miguelete, y que se convirtió desde el Sitio de Montevideo en la capital de los orientales pro oribistas con sus aliados de Rosas, en guerra contra el gobierno de Fructuoso Rivera y Joaquín Suárez. Los puntos del sitio eran el Puerto de Montevideo, el Cerrito de la Victoria y la Villa Restauración.
"Allí se creó un Montevideo paralelo, donde los vecinos dejaban de utilizar el centro mismo de la ciudad, pasando a consituirse en el epicentro social de los oribistas", según expresó Larrañaga.
El general Oribe organizó y presidió en el campamento del Cerrito de la Victoria un gobierno organizado que controló la casi totalidad del territorio nacional. Es en esos tiempos en que el fundador de la divisa blanca con el lema "Defensores de las Leyes", entre muchas obras que realizó, ordenó la construcción de la iglesia, en un terreno donado por un vecino llamado Felipe Estavillo.
La arquitectura del templo fue encargada al maestro catalán Antonio Fongivell. Originalmente estaba conformada por una sola nave rectangular de 8 metros de ancho por 45 de largo, de inspiración barroca con influencias neoclásicas, con una amplia puerta de entrada de medio punto, cuyo friso estaba decorado con ocho grandes rosetas, que simbolizaban los ocho departamentos que estaban bajo la administración del general Oribe. Concepción de María" (como se llamó originalmente), donde quedaron hasta el 19 de abril de 1858, cuando se resolvió trasladarlos hasta la Iglesia de San Agustín de la Villa de la Restauración (hoy barrio de la Unión).
Hay algunos elementos valiosos de la iglesia que han sobrevivido al paso del tiempo. Una cruz con la fecha 1849 grabada en ella, una imagen tallada en madera de la Virgen de la Inmaculada Concepción donada por Oribe, la pila baustismal original y una campana de bronce fraguada en la Fundición Cosentino, que fue donada por los vecinos de Paso Molino.
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El año 1933 hubo de terminar hubo de terminar también, como otros tantos en la agitada historia de nuestra Policía Nacional, de una manera trágica cuando en las primeras horas de la mañana del 20 de noviembre resultó frustrado un atraco en la zona del Paso Molino (Seccional 19na.). según el Oficio No. 1841 del 22 de noviembre, elevado por el comando de la Seccional 19na. al Jefe de Policía de Montevideo coronel Baldomir, aproximadamente a la hora 07.30 del día 20 arribaron a la finca reseñada con el No. 3930 del Bvar. Manuel Herrera y Obes casi Aurora, propiedad del conocido financista de quinielas y juego clandestino Marcos Calleriza, los delincuentes Virginio Tomás Denis y Pedro Valdivieso (a) "El Cubano", quienes preguntaron por el dueño de casa, al ser atendido por una cuñada del mismo.
En ese momento Calleriza se encontraba descansando, pero los desconocidos, mediante un hábil ardid, lograron que la señora les franqueara la entrada. Ya en el interior la tomaron del cuello, intimidándola la vez con armas de fuego, y ante los gritos de auxilio de la mujer, la esposa de Caballerizo, María Juri, abandonó su lecho y percatándose de la situación tomó un revolver calibre .22 de su marido, y con él hizo fuego sobre los delincuentes que emprendieron veloz huida hacia el exterior.
Perseguidos ambos delincuentes por varios vecinos, se unieron a dos de sus cómplices (Raúl Gallero Rossi y Pablo del Pérez) que los aguardaban en las inmediaciones, huyendo los cuatro por la calle Herrera y Obes. Al llegar a la esquina de Emilio Romero y Agraciada se le unieron dos nuevos compinches, los hermanos José y Gabino Ortell. Una vez en ese lugar, Gallero y del Pérez se separan del grupo, no interviniendo en los hechos posteriores. Por su parte, "El Cubano", Denis y los hermanos Ortell ascendieron a un ómnibus del transporte colectivo que circulaba hacia el centro, con la intención de descender varias cuadras más adelante y tomar otra línea.
Entretanto, un joven ciclista de nombre Estaban Mario Rodríguez a quienes solicitaron los vecinos que alertara a la Policía sobre los hechos, ponía al tanto al cabo Juan Lozano de la Secc. 19na, quién se hallaba de facción en la intersección de la Avda. Agraciada y Aurora. Al mismo tiempo, quiso el destino que los cuatro pistoleros descendieran en aquel mismo lugar por lo que al divisarlos el cabo Lozano solicitó apoyo al agente de 3ra. de la División Investigaciones Genaro Leytes (quien se hallaba destacado en la Sucursal del Banco de la República ubicada en Avda. Agraciada y Cno. Castro) y también al guardia civil Máximo Rodríguez de la Seccional 20ma., circunstancialmente en el lugar esperando un ómnibus.
Al acercarse los tres policías a los delincuentes cruzando la calzada de la calle Angel Salvo, éstos se dieron cuenta de la maniobra para detenerlos, por lo que extrajeron sus armas disparando indiscriminadamente contra los mismos. Leytes había tomado ya por un brazo a José Ortell (un español de 27 años con profusos antecedentes penales), cuando recibió un impacto de bala por parte de Virginio Denis que esgrimía una pistola Colt calibre .45, lo que le hizo caer al pavimento fuera de combate. Al mismo tiempo, caían heridos el guardia civil Rodríguez y a corta distancia de ellos el cabo Lozano.
No conforme aún con aquella sorpresiva agresión, antes de reiniciar su huida Denis completó su orgía de sangre dándole un puntapié a Rodríguez y disparando nuevamente sobre su cuerpo y el de Leytes, pese a que ambos estaban ya sin vida. Los delincuentes iniciaron una alocada carrera hacia el centro, en fila india y con sus armas en las manos, pero al llegar a la esquina de la calle Tembetá les fue interceptado el paso por el guardia civil Modesto Alonso de la Seccional 19na., contra el cual dirigieron un nutrido fuego tras lo cual continuaron su huida en dirección al Arroyo Miguelete, perdiéndose todos de vista entre la espesa vegetación que por entonces existía en el lugar. Alonso volvió sobre sus pasos dirigiéndose hacia Agraciada y Zufriateguy y por ésta al norte, cuando al llegar a una distancia aproximada a los 20 metros de la vía del ferrocarril allí existente, notó nuevamente la presencia de los prófugos, quienes al verlo se parapetaron tras una pared y la sala de espera de la "Estación Yatay", reiniciándose el tiroteo.
Atraído por los disparos, concurre al lugar el también guardia civil de la 19na Zacarías Estigarribia Falcón (el cual se hallaba franco y vestido de paisano), pero no pudo evitar que su compañero cayera gravemente herido en un pulmón, aunque logró poner fuera de combate al delincuente José Ortell.
Entretanto y aprovechándose de la confusión creada. Los restantes pistoleros tomaron la Avda. Costanera, adjunta al Arroyo Miguelete, ocultándose Ortell en la finca señalada con el No. 3829 de la Avda. Agraciada, lugar donde estaba ubicado en aquella época el "Restaurante Nacional" de Bonapelch Hnos. desde ese lugar pudo advertir la presencia de una motocicleta policial con sidecar, la que era conducida por el sargento Juan Balbino Rodríguez de la Comisaría de Tránsito y que traía como acompañante al guardia civil Teodoro Guerrero de la Seccional 3ra. al detenerse el vehículo en la mitad del puente que cruza el Miguelete, Ortell abrió fuego sobre los dos policías tomándolos de sorpresa resultando gravemente herido el sargento Rodríguez, el cual pese a ser trasladado de inmediato en una ambulancia del Consejo de Salud Pública al Hospital Maciel, falleció a poco de ingresar al mismo.
Tras esto, el delincuente debió de mantener un nutrido intercambio de disparos con el Comisario Ernesto Fosman, titular de la Seccional 18va., y con el guardia civil Indalecio Araujo Cardozo quienes arribaron en ese momento al lugar, logrando herir en ambas piernas a Ortell. De inmediato, éste logró regresar cojeando por la actual calle Quijano, uniéndose a sus compinches Denis y Valdivieso Montiel, e internándose los tres en un garaje de la calle Zufriateguy No. 984, donde se apropiaron de un furgón fúnebre el cual no lograron poner en funcionamiento. Al verse cercados, cruzaron la calle penetrando entonces a la finca No. 983 y desde dentro de la misma abrieron fuego contra el Comisario Fosman y el guardia civil Honorato Sequeira y luego de un intercambio de disparos lograr pasar a la finca reseñada con el No. 980 en la cual se parapetan en un automóvil estacionado en el lugar, continuando con su desesperada resistencia.
Paralelamente, un camión perteneciente a ANCAP que circulaba accidentalmente por la Avda. Agraciada, fue detenido por el guardia civil Juan Gamarra de la Seccional 19na., logrando la colaboración de su conductor, el cual valientemente condujo el vehículo con el policía agazapado sobre el guardabarros izquierdo, para que éste pudiera acercarse al sitio en que se hallaban parapetados los malhechores. Dicha maniobra no tuvo éxito al ser evitada por una furiosa descarga realizada por los delincuentes contra el vehículo, resultando herido el conductor del mismo y otro particular que acompañaba al mismo, logrando sin embrago continuar la marcha. Al descender del vehículo, frente al No. 911, el guardia civil Gamarra intercambió aún varios disparos con el trío de delincuentes, yendo a caer herido de muerte frente al No. 998 de la calle Zufriateguy.
Al verse liberados por el momento de la persecución policial, los delincuentes penetran a la finca. Desde allí Gabino Ortell logra ganar las azoteas linderas y desde allí se traslada a la finca de la calle Agraciada 3761 donde logra ganar la calle. Una vez allí ocupa un automóvil en marcha que pasaba por el lugar, amenazando con su arma al conductor, huyendo por el Cno. Castro y siendo perseguido de cerca por un automóvil que trasladaba a los subcomisarios Santiago Risso y Fructuoso Rivera de la Seccional 19na. y Ceferino Benítez de la Seccional 18va., quienes luego de un breve patrullaje por el lugar logran ubicarlo en una finca de la calle Jacquard No. 230, en momentos en que salía por el corredor, con un arma en cada mano.
Allí sería rodeado por personal del Ejército del Batallón de Infantería No. 8 con asiento en el cuartel de Cno.. Castro y Molinos de Raffo (actual Liceo Militar Gral. Artigas), cuyas tropas acudieran en apoyo de las fuerzas policiales. Al ser detenido, desistiendo de ofrecer resistencia ante los cañones de los fusiles Mauser, Ortell presentaba tres heridas de bala e incautándosele una pistola Colt calibre .45 y una Mauser de 7,65 milímetros. Simultáneamente, los compinches del detenido se habían refugiado en los fondos de la finca No. 998 de la calle Zufriateguy, donde fueron avistados por el subcomisario Queirolo Barros de la comisaría 18va., quienes junto al agente de 3ra. de Investigaciones Raúl Páez López y otros policías, se parapetaron detrás de un muro tratando de lograr su rendición. Al no obtener respuesta de los delincuentes, el agente Páez logra ubicarse sobre el techo de zinc de un improvisado gallinero vecino a la finca de mención, realizando un nutrido intercambio de disparos con éstos, hasta agotársele la munición de su revolver.
En tales circunstancias, un compañero le proporciona un fusil Mauser de 7 mm, con el que pudo reiniciar los disparos, pero resultando herido poco después de un balazo en el vientre y falleciendo próximo a las 18 horas del día siguiente en el Hospital Militar. Heridos Páez y el guardia civil Eférez Rojas Maldonado de la 18va., y en un último esfuerzo por copar a los maleante, el oficial inspector Reinaldo Braida y el guardia civil Honorato Sequeira, ambos de la 19na. penetraron a la finca, siendo herido éste último, logrando el oficial reunir el resto del personal de que disponía y con ellos saturó el perímetro con un nutrido fuego de armas largas, mediante el cual se pudo neutralizar finalmente al temible dúo de delincuentes. De inmediato, Virginio Denis sería detenido oculto bajo una cama, ya sin municiones, e incautándosele una pistola Star calibre .380 ACP, en tanto que Valdivieso Montiel (a) "El Cubano" se suicidaba momentos antes descerragándose un disparo en la cabeza, mientras empuñaba un revolver marca Orbea calibre .38.
Con un total de cinco muertos y nueve heridos, se pondría punto final a esta página sangrienta de la Historia de nuestra Policía. Habrían de perder la vida, el agente de 3ra. clase de investigaciones Genaro Leytes, sobre quien, ya caído, indefenso y gravemente herido descargaron sus armas los delincuentes y el sargento Juan Balbino Rodríguez, cuyo cadáver presentaba múltiples heridas de bala. También, resultarían muertos en la misma acción, el guardia civil Juan Gamarra de la Seccional 19na. y el guardia civil Máximo B. Rodríguez de la Seccional 20ma. , quedando gravemente herido el agente de Investigaciones Raúl Pérez López quien fallecería al día siguiente como consecuencia de las heridas sufridas