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Las alianzas estratégicas iraníes en América Latina
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| por Pablo Brum y Mariana Dambolena |
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Cada setiembre se reúne en New York la Asamblea General de Naciones Unidas y a ella acuden prácticamente todos los líderes del planeta, a pronunciar discursos, revelar políticas y protagonizar encuentros. Desde el trágico ataque terrorista del once de septiembre de 2001, los discursos de los líderes de importantes países en esa ocasión han cobrado mayor relevancia para la política internacional.
El año pasado la "sensación", mejor definida como bochorno, fue la insólita alocución de Hugo Chávez, que tuvo la distinción de ser la más desbocada de la historia de la ONU. Este año el espectáculo le perteneció a Mahmoud Ahmadinejad, el "Presidente" de Irán. Son bien conocidos los instintos antisemitas, genocidas y terroristas de ese personaje, y su visita a New York permitió que la atención del planeta se centrase en él.
Antes de concurrir a la Asamblea General, Ahmadinejad participó en una conferencia en Columbia University, donde fue humillado públicamente por su Presidente -Lee Bollinger. Sin embargo, la mayor humillación se la propinó a sí mismo, al pronunciar un discurso plagado de liturgias y mesianismos religiosos, las ya clásicas amenazas y quejas contra Estados Unidos y lo que él llama "la entidad sionista" y, por supuesto, una insólita negación de la homosexualidad en Irán.
Mahmoud Ahmadinejad se ha transformado, entonces, en uno de los mayores parias a nivel internacional. Ningún otro líder de similares características, como Hugo Chávez o Robert Mugabe, logra acaparar tanta atención - y preocupación. Los motivos responden a la historia de Medio Oriente y su país en los últimos años: su apoyo al terrorismo internacional, la radicalización del régimen islámico que ahora lidera parcialmente, la crisis por el programa nuclear de Irán, los cruces militares con Estados Unidos e Israel en el Líbano, Siria e Iraq. No son pocos quienes lo han tildado el Adolf Hitler de la presente era; no el Hitler de 1942 o 1945, sino el de 1933 o 1936 - el que mucha gente se rehusaba a detener.
Es por eso que resulta vergonzoso lo que ocurrió en la segunda mitad de la gira de Ahmadinejad. En efecto, el Presidente de Irán no regresó a Teherán tras culminar su visita New York, sino que voló al Sur, con destino a América Latina. Así, esta región tuvo el dudoso honor de ser el único destino de Ahmadinejad además de la obligatoria parada en New York.
Fueron dos los países que lo recibieron: Bolivia y Venezuela. La primera es la más novedosa, y la segunda la más importante.
Esta no es la primera vez que se encuentran Evo Morales y Mahmoud Ahmadinejad, pero sí es la primera en que el Presidente iraní visita el país andino. La visita es especialmente significativa porque Bolivia estableció recientemente sus relaciones diplomáticas con Irán. Los dos líderes aprovecharon la ocasión para impulsar este nuevo vínculo mediante la firma de varios acuerdos.
Los principales resultados del encuentro fueron dos. El primero es un cauto apoyo de Bolivia al "derecho de los países al desarrollo de la energía nuclear con fines pacíficos". A sabiendas de lo grave que puede resultar apoyar explícitamente un programa nuclear sancionado por Naciones Unidas y motivo de alarma en el mundo, el gobierno boliviano matizó sus declaraciones. Su Vicepresidente, Álvaro García aclaró "no nos involucraremos en temas atómicos (con Irán, porque) somos respetuosos de las decisiones de las Naciones Unidas al respecto".
El segundo gran resultado fue la firma de tres memorandos de cooperación e intercambio en numerosos temas. Según ambos gobiernos el monto total de ese intercambio alcanzaría los USD 1000 millones. Bolivia niega que incluya el acceso de Irán a sus yacimientos de uranio.
De esta forma, el gobierno de Evo Morales se suma al grupo de países latinoamericanos que en los últimos tiempos ha intensificado sus relaciones con la República Islámica.
Sin embargo, la reunión entre Ahmadinejad y Morales difícilmente habría sido iniciativa de alguno de ellos si no existiese una alianza previa trazada por otro país: Venezuela.
El Presidente de Irán no podía irse de la región sin visitar a Hugo Chávez, con quien ha tenido mucho contacto últimamente. Es precisamente Chávez quien ha liderado este novedoso acercamiento entre países de América Latina y el gobierno revolucionario de Teherán. La relación se ha expandido a tal nivel que los líderes se tratan públicamente como hermanos revolucionarios - en una lucha, claro está, contra el "imperialismo" de Estados Unidos.
Lamentablemente, no han públicamente emergido detalles sobre lo dialogado y negociado en Caracas entre ambos gobiernos. Lo que sí es definitivo es que las relaciones venezolano-iraníes se encuentran en el nivel estratégico, lo cual tiene implicancias graves para América Latina.
Actualmente se vive en Medio Oriente una situación de crisis que confronta a Estados Unidos, Israel y algunos países de Europa con Irán. Abunda la especulación sobre una posible guerra entre ambos bandos. Dentro de esas consideraciones se habla de las represalias que tomaría Irán ante un eventual ataque contra su gobierno y sus instalaciones nucleares. Una de ellas debería encender alertas en toda la región: la posibilidad de que Irán ataque blancos en ciudades de América Latina.
En una visita plagada de dichos que escandalizaron al mundo, Ahmadinejad optó por visitar América Latina. Fue recibido de brazos abiertos en dos países amigos, con los cuales mantiene alianzas estratégicas. Esto debería resultar vergonzoso para aquellas personas que valoran la libertad y la democracia. Algunos gobiernos de América Latina, cegados por su antiamericanismo, están arriesgando mucho más que su reputación. Están poniendo en juego su seguridad y la de sus vecinos.
Fuente: El Diario Exterior
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