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Evo Morales no sabe lo que hace
por Gregorio Cristóbal Carle
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El Presidente electo de Bolivia se ha empeñado en aplicar las recetas económicas trasnochadas que invariablemente han generado en el pasado más reciente sociedades pobres, injustas y abandonadas a su suerte. Dicha circunstancia está acentuando sobremanera su inhabilidad intrínseca para resolver los problemas económicos del país.
El siervo moderno, o postmoderno, contrariamente a aquel de las sociedades antiguas y medievales, no es ya consciente de su servidumbre, pues se recompensa con palabras y sufre pasivamente el discurso ideológico que él mismo produce, colectivamente. A la vez aislado y enredado, individualista y ahogado en la colectividad”
El Presidente electo de Bolivia se ha empeñado en aplicar las recetas económicas trasnochadas que invariablemente han generado en el pasado más reciente sociedades pobres, injustas y abandonadas a su suerte. Dicha circunstancia está acentuando sobremanera su inhabilidad intrínseca para resolver los problemas económicos del país, a pesar de que siga recibiendo el invariable e incondicional sustento del indigenismo radical.
Si el Sr. Morales contara con un mínimo de pedagogía política encaminaría sus esfuerzos en la dirección económica correcta, impulsando la implantación del sagrado principio de la libertad, que tan buenos resultados han generado en las naciones más desarrolladas del mundo.
Cierto es que en la actualidad el mundo global atraviesa una crisis financiera de dimensiones impredecibles, que ha servido para que los últimos reductos del socialismo utópico –el socialismo real no existe- cuestionen y promulguen a los cuatro vientos la imperiosa necesidad de destruir los valores instaurados a partir de de Bretton Woods-
Esos dirigentes y sus reeditados dogmas han puesto en tela de juicio la insoslayable verdad del neoliberalismo como el sistema económico menos malo, imperfecto como todos, pero ecuánime y justo, porque encierra en si mismo una propuesta constructiva de esfuerzo, libertad y reconocimiento del inalienable respeto a la condición humana.
Lo que ellos propugnan con el pretexto de gobernar para el pueblo no es otro cosa que la renuncia a los principios occidentales y la muerte civil de una sociedad que no prospera porque el Estado hace y decide por todos - la verdadera libertad construye, jamás destruye-
Cuando Evo Morales arenga a sus enfervorecidas masas, enarbolando el discurso de rechazo frontal al sistema capitalista está poniendo en cuestión un esquema de valores que ha generado décadas ininterrumpidas de crecimiento económico, llevando la democracia e instaurando la modernidad y el progreso en buena parte de los países del mundo, casualmente los más avanzados.
Bastaría con analizar la realidad económica actual por la que atraviesan las naciones que han sufrido la opresión de una ideología descreída en su superioridad moral e irreligiosa , y el natural retraso -de décadas- nacido de la aplicación practica de sus destructivos dogmas…. ese hecho si es objetivo y empírico.
El cínico Presidente de Bolivia es un gran cautivador, pero carece de las condiciones intelectuales mínimas para comprender la gravedad y las nefastas consecuencias de sus erráticas decisiones en lo económico. No entiende que en el siglo XXI ningún país –sin excepción- puede resistir la amenaza real de un sistema autocrático y proteccionista que progresa hacia la ineludible desconexión del resto del mundo avanzado y libre.
Como ya han podido demostrar experiencias pasadas ese proteccionismo que tanto alaba e inculca el Sr. Morales constituye la primera fase de posteriores conflictos –siempre de mayor envergadura- porque ineludiblemente desemboca en la grave transgresión de los derechos ciudadanos.
Le guste o no al mandatario boliviano el modelo económico internacional se ha globalizado, produciendo una trasformación radical del escenario en el que se desenvuelven los flujos de comercio, de inversiones y financieros. Ya no se pueden mantener vínculos con otras naciones por razones de exclusiva afinidad política, y menos aún personalizar las decisiones de gobierno hipotecando el futuro del país con ideas basadas en el atroz intervencionismo público y la negación constante de la libertad en todos los ámbitos.
El mandatario insiste de forma reiterada y cansina en certificar la crisis del liberalismo económico como único argumento para justificar de forma consciente e intencionada la aplicación de un modelo alternativo caduco, una utopía infactible que ya cuenta con los antecedentes nefastos de haber ralentizado el progreso de buena parte de la humanidad.
Se trata de una visión del todo irreal que repite los mismos errores del pasado. Una doctrina que comienza identificando sus propios fantasmas para después hablar de la necesidad de implantar y alimentar una suerte de conciencia colectiva revolucionaria en lo social y lo económico, donde por sistema se alcanza una sobredimensión del Estado a todas luces ineficaz.
En este mundo tan interrelacionado lo que no puede hacer Evo Morales es negar la evidencia engañando al pueblo con soflamas y teorías económicas aberrantes cargadas de falsario populismo. Basta con observar la aptitud de responsabilidad adoptada por otros dirigentes de naciones vecinas, enmarcados en posturas de izquierda moderada. Ninguno de ellos se ha atrevido a negar la relevancia del libre mercado y la integración económica como elementos ineludibles para seguir la senda del crecimiento y superar la nueva y difícil situación planetaria.
Por el contrario el presidente Morales prefiere inventarse problemas que no existen, y sobre una supuesta y recurrente argumentación histórica de marginación en lo nacional trata de construir una arquitectura económica y financiera propia que excluye a las clases medias y a los sectores productivos – el enemigo a batir- de cualquier proyecto.
Es en ese ámbito donde el mandatario debería preguntarse hacia donde quiere llevar al país, como va a crecer y cuales son las reglas del juego y el marco legal que sustenta su actuación. Por desgracia el gobierno boliviano ha demostrado carecer de un programa económico coherente, y ha gestionado de forma errática, perturbadora y dubitativa las cuestiones que en mayor medida afectan los intereses generales y el bienestar del país.
Una ausencia de miras que raya lo enfermizo, con la que el mandatario ha comenzado negando –de forma incomprensible- las repercusiones negativas y el extremado riesgo al que quedaba sometida la nación andina como consecuencia de la crisis financiera global.
Era de esperar que los precios internacionales de las materias primas cayeran de una forma preocupante, y que, en consecuencia las cuentas del Estado se vieran afectadas, pero la actitud adoptada por Evo ante dichas turbulencias ha sido de una pasividad indecente, trufada incluso de una euforia del todo incomprensible, a tenor del constante agravamiento de la situación.
La cotización de los minerales, la soja y el gas natural - productos esenciales para la balanza exportadora de la nación andina – ha sufrido un desplome sin precedentes en lo que va de año, repercutiendo de forma directa en el despido masivo de trabajadores en Oruro, Potosí y La Paz.
Pero la economía no perdona la osadía del que no reconoce tal estado de cosas – el gobierno boliviano declaraba públicamente hace dos meses que estaba blindado frente a la crisis- y menos aún las incoherencias a la hora de abordar sus posibles remedios
Y como es lógico los efectos ya se han hecho notar: aumento del paro, subida incontrolada los precios en los productos básicos intervenidos por el Estado, más inflación -alcanza el 11,6%, aspecto realmente preocupante- y drástica reducción de las reservas internacionales que han pasado de los 7.811 millones de dólares -su nivel más alto registrado hasta el 30 de septiembre de 2008- a 7.629 millones el 12 de Noviembre del mismo año.
Como no podía ser menos los errores económicos del Sr. Morales siguen traspasando las fronteras nacionales, con implicaciones mucho más graves.
La negativa a formar parte de los bloques económicos nacidos a partir del importante acuerdo de Bretton Woods y la oposición frontal a la firma de Tratados de Libre Comercio constituye una postura de autoexclusión y marginación voluntaria del escenario en el que se desenvuelve la totalidad de los intercambios.
El legado revolucionario no es melifluo y se limita a transmitir su devastadora herencia. Siguiendo las consignas de un presunto antiimperialismo, que en realidad no es otra cosa que la negación de la libertad más elemental Bolivia, ha decidido entregarse sin límites a los próceres de la revolución del siglo XXI para configurar un sistema propio y alternativo de comercio –La Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América , ALBA-
Lógicamente los resultados hay están, tampoco es necesario un análisis en profundad de los datos económicos del bloque antisistema para comprender la debilidad del populismo aislacionista frente a las metas alcanzadas por países con sistemas económicos flexibles, coordinados y verdaderamente abiertos.
Pero el iluminado procastrista Evo va más allá. Su negativa a la integración económica adquiere tintes de irreverente intromisión en las políticas del resto de países miembros de la CAN –Perú y Colombia-, cuando el gobierno boliviano adopta la estrafalaria e inexplicable aptitud de no aceptar las condiciones acordadas en las negociaciones previas, negándose a continuar en la mesa de diálogo con los representantes de Unión Europea para alcanzar el deseado acuerdo de asociación.
Finalmente se ha impuesto la cordura y los europeos continuarán el proceso por separado con las únicas naciones del bloque andino que han mostrado un interés auténtico en estrechar los ansiados vínculos respetando los postulados del libre mercado, Colombia y Perú.
Indudablemente se trata de otra oportunidad perdida que aumentará de forma singular las debilidades del país andino, ahondando más, si cabe, en su estado de crisis permanente y su ya de por sí pésima imagen internacional.
La verborrea del ínclito Evo también ha terminado por agotar otra de las vías naturales con las que contaba Bolivia para dinamizar su economía y los flujos de comercio, el mercado de los EEUU. En esta cuestión se ha comportado como un advenedizo, un alumno torpe que no es capaz de calcular los efectos de sus desmedidas acciones y sus constantes improperios.
Durante el mandato del aymara el gobierno de los EEUU ha reducido la ayuda militar al país andino- dejándola en una simbólica partida-, ha eliminado a Bolivia de la lista de países beneficiarios de la cuenta del milenio, y lo que es más grave, se ha negado a dar continuidad al acuerdo APTDEA de beneficios arancelarios a la exportación.
La respuesta de Morales no se ha hecho esperar siendo tan poco apropiada, como infantil e ingenua…”Ya encontraremos otros mercados”. Bolivia exportaba a Estados Unidos productos por valor de 300 millones de dólares al año y la mayoría de las empresas afectadas directamente por la decisión de los americanos se encuentran en la aymara y leal al Presidente ciudad de El Alto… ahora cabría preguntarse si seguirá recibiendo ese apoyo, tras el grave perjuicio causado a la economía familiar de los ciudadanos alteños.
Sin embargo el Presidente boliviano no ha dudado en enaltecer y exportar los valores de la revolución siempre que ha surgido la oportunidad, buscando alianzas de sangre y compromiso que puedan garantizar la continuidad a la noble causa de someter la fuerza al derecho. En eso si osa gastar su tiempo…
Llegados a este punto sería conveniente recordar al Sr. Morales que son las sociedades las que deben y tienen derecho a construir su futuro. El proteccionismo y el nacionalismo económico constituyen dos de las mayores amenazas para los países que legítimamente buscan la prosperidad y el bienestar de sus pueblos, viviendo en paz y libertad.
Parece que El Presidente de Bolivia no lo sabe o no lo quiere entender, por eso es un líder caduco, irresponsable y perfectamente prescindible.
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| Fuente: Diario de América |
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