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La obsecuencia carnavalera
por Beto Pignataro
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Desde los tiempos inmemoriales, el carnaval uruguayo, gozo de un género especial, quizás único en el mundo, llamado la murga.
Mezcla de humorada, sátira y crítica social. Con un cántico coral, con una tendencia a la multiplicidad de voces (primas, segundas, tercias) que originalmente correspondían a cubrir el natural desafino, y también a darle fuerza a ese cántico.
La murga en esa crítica social, siempre ha apuntado hacia la órbita de la política nacional, en especial como forma de crítica al gobierno de turno. Lo que en época de dictadura le llevó a fuertes enfrentamientos con el régimen imperante. Prohibiciones para actuar, censura previa y posterior a las letras, persecuciones, etcétera.
Fue así que esmerándose, la murga creció, empleando un lenguaje hermenéutico, disimulando entre letras, cantos, cuplés y vestimentas, otorgó un medio para la expresión contra el régimen opresor. También le permitió el desarrollo como espectáculo al incorporar elementos del teatro y del canto, convirtiendo así a la murga en producto comercial más elaborado.
Con el regreso de la democracia, la murga continuó con su crítica al gobierno de turno.
Así fueron desfilando por turnos los gobiernos colorados y también el blanco, siendo alcanzados por la crítica de turno, siguiendo la tradición.
El año 2005 se produjo un fuerte cambió político al asumir la izquierda al gobierno nacional. Era de suponer que en los primeros tiempos se le podía dar un respiro y no realizar fuertes críticas, ya que se suponía que el ambiente murguero es más proclive hacía la izquierda.
Después de cuatro años de gobierno, la izquierda mostró que aquellos cambios que proclamó desde el inicio del Frente Amplio, es decir hace 38 años, eran sólo discurso político. A pesar de tener mayoría parlamentaria, no logró concretar nada de aquello que habló, por el contrario sólo mostró que hacía lo mismo que cualquier otro gobierno.
Tuvo sus episodios de corrupción, sus problemas internos, sus ambiciones, sus errores, etcétera. Ministros que descuidan su trabajo para salir a bailar, tocar el tambor o aparecer en los facebook, un líder político que parece salido de una revista de historietas, una lucha interna despiadada, integrantes que han viajado más que nunca, grandes sueldos y puestos de confianza como nunca se dieron y ni que hablar de un presidente que siempre está pescando. Elementos que permitirían a cualquier escritor satírico o de murga, hacer las mil y una en su crítica o sátira.
No obstante la murga uruguaya sigue siendo obsecuente consigo misma. Continua haciendo crítica a colorados y blancos, y no se anima a criticar al gobierno de izquierda.
¿Qué sucede?
Hay que curarse en salud. Como no tienen argumentos, ni las murgas, ni el partido de gobierno, se obligan a utilizar métodos de falsa crítica a lo anterior, porque no tienen más ideas o demostraron que las que tienen son malas y no sirven.
También demuestran que no hubo nada positivo en este gobierno que puedan ensalzar.
Acaso tienen miedo a perder en el concurso ante un jurado tan sectorizado, partidario. Será que el miedo es a perder los apoyos públicos o los cargos que les dieron por su obsecuencia.
O simplemente se quedaron en el pasado, como el gobierno, que sólo mira hacia atrás.
Señores murguistas, sólo los tontos y obsecuentes pueden pagar y gustar de un espectáculo político partidario. Es una afrenta a la inteligencia.
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