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Año V Nro. 328 - Uruguay, 06 de marzo del 2009   
 

 
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Barack Obama y el Estado como
regulador de las prioridades

Tras el fracaso del neoliberalismo, el regreso de Franklin D. Rooselvelt
por Raúl Sohr

 
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Un rol más decisivo del Estado no significa aumentar la burocracia; significa que a partir de ahora será el Gobierno y no (sólo) el libre mercado quien fijará las prioridades del desarrollo. Por el bien del mercado.

         (Desde Santiago de Chile) El debate sobre el rol del Estado está a la orden del día en Estados Unidos. El presidente Barack Obama, en su discurso a la sesión conjunta del Congreso, rescató el papel del Gobierno y señaló que será una pieza central en sus planes de recuperación económica. Ello marca un viraje profundo con la filosofía imperante en Washington y otras capitales en las últimas décadas.

         La cruzada contra el Estado partió con el presidente Ronald Reagan que, en su discurso inaugural en 1981, sentenció: El gobierno no es una solución a nuestros problemas, el gobierno es el problema. En Estados Unidos, que tiene un sistema federal, prefieren hablar de gobierno antes que de Estado, como suele hacerlo buena parte del mundo. La emblemática afirmación de Regan fue la luz verde para un acelerado desmantelamiento del Estado y, en particular, de un proceso de desregulación.

         El pensamiento neoliberal postulaba que mientras más libertad tuviese el mercado, mejores serían los resultados. Esta idea descansaba en la creencia de que la libre competencia produce los ajustes necesarios. Descartaba, por lo tanto, las normas destinadas a fijar reglas del juego como meras trabas burocráticas. El debilitamiento del rol fiscalizador del Estado benefició a los grandes agentes económicos, como los bancos y las instituciones financieras, con los resultados que ha dejado al descubierto la actual crisis.

Retomando a Franklin D. Roosevelt

         Obama en su alocución puntualizó: Las regulaciones fueron debilitadas para permitir ganancias rápidas a expensas de un mercado sano. La gente compró casas sabiendo que no podría pagarlas a los bancos y prestamistas que de todas maneras cursaron los préstamos… Bueno el día de la verdad ha llegado y el tiempo de hacernos cargo de nuestro futuro es ahora. En cada caso el gobierno no suplantó a la empresa privada… creó las condiciones para que miles de empresarios y nuevos negocios pudiesen adaptarse y prosperar.

         Un rol más decisivo del Estado, como lo señaló el mandatario, no significa aumentar los volúmenes de la burocracia. A la larga los gobiernos no pueden resolver el desempleo con puestos de trabajo en el seno de sus estructuras. Obama retomó las ideas del Presidente Franklin D Roosevelt: es el Gobierno, y no el libre mercado, el que debe fijar las prioridades del desarrollo. En concreto fijó tres prioridades para su primer mandato: la educación, la salud y la energía, en este último punto puso el acento en un creciente papel de las energías alternativas y disminuir la dependencia del petróleo importado.

Un rumbo difícil de cambiar

         La respuesta oficial de la oposición republicana fue dada por Bobby Jindal, el gobernador de Louisiana, que rechazó de plano la noción que para fortalecer al país era necesario fortalecer al Gobierno. Los republicanos objetan el pago de mayores subsidios de salud y desempleo. Eso es comprensible, pues buena parte de su electorado no tiene necesidad de estas ayudas.

         Tienen razón, por supuesto, cuando dicen que los subsidios abultarán el gasto fiscal. Ésa es, en definitiva, la gran diferencia entre ambas corrientes políticas. Obama, como lo postulan los social demócratas a lo largo del mundo, utilizará al Estado para redistribuir la riqueza acudiendo en ayuda de los más necesitados.

         Los neoliberales, por su parte, creen que la riqueza generada merced al libre mercado creará el efecto chorreo que aliviará las condiciones de los menos tienen.

         En todo caso no será fácil para la nueva Administración de Washington cambiar el rumbo. Aunque tiene a su favor el formidable capital de la aprobación ciudadana: la popularidad de Obama se mantiene sobre la envidiable cota del 60 por ciento.

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Fuente: Safe Democracy Foundation
 
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