Año III - Nº 129 - Uruguay, 06 de mayo del 2005

 

 

 

 

ENTRE EL TANGO DE SIEMPRE
Y LA POSMODERNIDAD DE HOY

por Fernando Pintos

 

l tango, esa música bravía y montaraz, tuvo unos orígenes proletarios de taberna, cantina, bajos fondos& Se le consideró subversivo y por tanto fue perseguido. Tal vez sea por ello que, en muchas letras, el delito corre por parejas con la ingenuidad, hasta casi trasponer los extremos del ridículo. Los casos específicos abundan, pero quisiera poner como ejemplo uno que siempre me llamó poderosamente la atención. Me refiero a "El penado 14", de Carlos Pesce. Y analicemos la letra atentamente: "&En una celda oscura del presidio lejano, /el penado catorce su vida terminó. /Dicen sus compañeros que el pobre presidiario /murió haciendo señas y nadie lo entendió. /En una noche fría, que el preso deliraba, /su mueca tan extraña dio mucho qué pensar& /Y sin embargo, nadie, de tantos carceleros /se acercó a la celda del que no pudo hablar&".

Alfredo Lepera

No es de extrañar que en Uruguay y Argentina, donde el humor popular es picante y agudo, todavía se utilice al pobre penado catorce a manera de símil tragicómico& Pues ese asunto de morir haciendo señas sin que nadie lo entienda a uno, es todavía más que esperpéntico: una obrita maestra del humor negro. De ahí aquella expresión tan usada: morir pidiendo agua por señas (de repente, eso era lo que reclamaba el trágico penado catorce).

Pero, ¿qué decir, entonces, respecto a esa otra pieza de antología que es "A la luz de un candil"? Fue escrita por Julio Navarrine, y el que transcribo a continuación es el pasaje más festivamente celebrado. Vean si no: "&Arrésteme, sargento, y póngame cadenas; /Si soy un delincuente, que me perdone Dios. /Yo he sido un criollo güeno, me llamo Alberto Arenas; /señor, me traicionaban, y los maté a los dos& /Mi china fue malvada, mi amigo era un sotreta. /Mientras me fui a otro pago, me basureó la infiel. /Las pruebas de la infamia, las traigo en la maleta: /las trenzas de mi china y el corazón de él&".

En las dos letras anteriores parecerían caber, casi enteras, el alma y la filosofía del tango, esa música triste y compañera. La injusticia y la traición están por todas partes. Los personajes oscuros, patéticos, casi anónimos, tiritan sus penurias a la luz incierta de algún candil. Las mujeres casi siempre traicionan, con una excepción: la madrecita anciana, arrugada, fatigada, ¡santa viejita!, quien siempre sucumbirá ante la ingratitud del hijo desalmado. Cuando la heroína resulta de las buenas -por una de esas casualidades-, le cae el obelisco en la cabeza y muere todavía peor que el penado catorce. Esta jungla se completa con malevos torvos, peces gordos que devoran a los más pequeños, noches vacías, días sin esperanza& Porque el mundo reflejado por el tango, parecería ser una jungla despiadada.

Ciertamente, existen excepciones. Unos tangos bellísimos, antológicos en música y letra. Y esos, incluso con toda su melancolía y desencanto a cuestas, se han colocado en el extremo de lo sublime. Y si no me creen, recordemos la lírica depurada de Alfredo Le Pera en "Volver", donde expresa: "&Yo adivino el parpadeo /de las luces que a lo lejos /van marcando mi retorno. /Son las mismas que alumbraron /con sus pálidos reflejos /hondas horas de dolor. /Y aunque no quise el regreso, /siempre se vuelve, al primer amor. /La vieja calle donde el eco dijo: /tuya es su vida, /tuyo su querer, /bajo el burlón, mirar de las estrellas, /que con su indiferencia hoy me ven volver&". Este tango está entre los mejores que cantó Gardel. Nadie ha podido cantarlo como él, y con el paso de los años se mantiene en la preferencia del público con justa razón.

En el otro extremo, es decir, en la esquina de lo ridículo, está otro tango memorable que también entonó el Morocho del Abasto. lo escribió el maestro Enrique Santos Discépolo, se titula lacónicamente "Chorra", y desgrana en su letra una historia lacrimógena: "&Si hace un mes me desayuno /con lo que he sabido ayer, /no era a mí que me cachaban /tus rebusques de mujer& /Hoy me entero que tu mama, /'noble viuda de un guerrero' /¡es la chorra de más fama /que ha pisado la Treinta y Tres! /y he sabido que 'el guerrero' /que murió lleno de honor, /ni murió ni fue guerrero, /como me engrupiste vos. /¡Está en cana prontuariado / como agente de la camorra, /profesor de cachiporra, /malandrín y estafador!&". ¡Triste destino el del protagonista! Porque el incauto, víctima de los fatales encantos de aquella perversa mujer, perdió el mercadito, la casilla de la feria, la ganchera, el mostrador, y quién sabe cuanto más&

Enrique Santos Discépolo

Ahora bien. ¿Qué punto de contacto tendrán el tango y la posmodernidad? Es muy sencillo: las letras, los ambientes, los personajes y las músicas del tango, tomados en su conjunto, parecerían reflejar un panorama muy similar al de esta desdichada época que nos ha tocado vivir. La misma maldad, la misma inmoralidad, la misma desaprensión, la misma rapacidad y la misma carencia de valores que recorren las letras tangueras en forma de círculo vicioso, parecen ser patrimonio de este mundo posmoderno. Vean si no: las identidades se difuminan; los Estados nacionales se desdibujan; las ideologías chapotean en el fango de la confusión; la moral y la ética tradicionales colapsan; el interés primordial es el del dinero; el fin primordial por todos perseguido es el del propio interés& Los estilos se confunden, la moda enloquece, los medios de comunicación aturden& Y la tecnología ha dejado a un su carácter estrictamente utilitario para sustituir a los espejitos y cuentas de colores con que los colonizadores europeos deslumbraban a los aborígenes, 500 años atrás& La posmodernidad es tango, el mundo en que vivimos es tango. Y con esta musiquita, lamento decirlo, todos sin excepción estamos bailando.