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Esto es un tren que sale de Madrid con destino a Barcelona. En el compartimento está sentada una mujer impresionante con un bebé y un hombre justo enfrente. De repente el niño echa a llorar y la mujer le da el pecho, pero el crío sigue llorando, al final la mujer le dice:
- Mira niño, si no te comes la tetilla, se la daré a ese señor de allí.
El niño sigue llorando y al final se duerme, pero media hora después, vuelta a empezar. El niño llorando y la mujer que le vuelve a decir:
- Mira niño, si no te comes la tetilla, se la daré a ese señor de allí.
Y en este plan, así durante todo el viaje, cada media hora, el niño volvía a llorar y la madre otra vez con el mismo cuento, así hasta que están a punto de llegar a Barcelona y el niño otra vez a llorar y la madre vuelve a decirle:
- Mira niño, si no te comes la tetilla, se la daré a ese señor de allí.
Y en esto que el hombre le dice:
- Joder, señora, que se decida el crío de una vez, que yo me tenía que bajar en Zaragoza.

- (voz femenina) Padre, perdóneme porque he pecado.
- Dime, hija, ¿cuáles son tus pecados?
- Padre, el demonio de la tentación se apoderó de mí, pobre pecadora.
- ¿Cómo es eso, hija?
- Es que cuando hablo con un hombre tengo sensaciones en el cuerpo que no sé cómo describirlas...
- Hija, por favor, que también soy un hombre...
- Sí, padre, por eso vine a confesarme con usted.
- Bueno hija, y cómo son esas sensaciones?
- No sé cómo explicarlas, por ejemplo, ahora mi cuerpo se rebela a estar de rodillas y necesito ponerme más cómoda.
- ¿En serio?
- Sí, quiero relajarme y quedarme tendida...
- Hija, ¿tendida cómo?
- De espaldas al piso, hasta que se me pase la tensión...
- ¿Y qué más?
- Es como que tengo un sufrimiento que no le encuentro acomodo.
- ¿Y qué más?
- Como que espero un poco de calor que me alivie...
- ¿Calor?
- Calor, padre, calor humano, que lleve alivio a mi padecer...
- ¿Y qué tan frecuente es esa tentación?
- Permanente, padre, por ejemplo, ahora me imagino que sus manos sobre mi piel me darían mucho alivio...
- ¡Hija!
- Sí, padre, perdóneme, pero me urge que alguien fuerte me estruje entre sus brazos y me dé el alivio que necesito...
- ¿Por ejemplo yo?
- Por ejemplo, usted es la clase de hombre que imagino me puede aliviar.
- Perdóname, hija mía, pero necesito saber tu edad...
- Setenta y cuatro padre.
- Hija, ve en paz, que lo tuyo es reumatismo...
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