Año III - Nº 112 - Uruguay, 7 de enero del 2005

 

 

 

 

El Chimichurri en Canadá
Walter Panizza

Estimados amigos:

Después de algún tiempo de no hacerme presente con ustedes, por razones totalmente ajenas a mi voluntad es que retomo el uso del teclado para contarles una historia que empieza hace muchísimo tiempo.

Una uruguaya de 8 años de edad se traslada con su familia a la ciudad de Ontario en Canadá, para seguir su vida iniciada en Uruguay.

Con ocho años, no son muchos los recuerdos de su corta estadía en Uruguay, pero sus raíces uruguayas, la tienen arraigada a este paisito.

En 1976 junto con su padre y madre, su hermana, dos hermanos se trasladan a notario con el fin de integrar el plantel de emigrantes que allí existe. Allí estudió.

Es, evidentemente un núcleo familiar que empezó a arraigarse en una nueva ciudad, en un nuevo país, en fin, en una nueva ubicación en este planeta tierra.

Las raíces uruguayas no dejan de mostrarse cuando sus padres que tenían una parrillada en la calle Ramón Anador.

Toda esa experiencia vivida desde muy niña por nuestra protagonista llevan a que ella misma en parte de su vida se le despierten los recuerdos y realice algo, que no deja de demostrar sus raíces uruguayas.

Gabriela, así se llama ella, tiene en este momento una pequeña empresa de fabricación de chimichurri uruguayo.

En enero del 2004 su esposo montó en el fondo de la casa una especie de parrillada y ella empezó a elaborar el chimichurri para colocar en las carnes, y los chorizos que allí vendían, transformándose para quienes los deleitaban en un producto incomparable que agregaba a los mismos un sabor desconocido para ellos y tan tradicional para nosotros.

Fui así que además de demandar que le pusieran el mismo a los productos vendido por ellos, empezaron a pedir para llevárselo y colocarlos en distintos tipos de alimentos para condimentarlos.

Fue allí que apareció la necesidad del mercado de Ontario en este producto , guiado fundamentalmente por necesidades de italianos, jamaiquinos, argentinos, mexicanos y otras nacionalidades las cuales se apegaron a este nuevo sabor, nuestro chimichurri

Apareció entonces la necesidad de fabricarlo para su venta , y allí se empezó una fabricación más en serio ,que no por ello dejó de ser artesanal.

Diseñando una etiqueta que representara a nuestro país, llegó entonces Chechin, nombre comercial del clásico chimichurri uruguayo.

El sol, las franjas celestes, representa las raíces originales del producto y su productora con mucho acierta así lo representó en la etiqueta.

La primera venta a granel se hizo en un supermercado y fue de 48 frascos que si bien no son una cantidad exuberante para quien produce esto con sus manos, desde la elección del recipiente hasta el cierre hermético, lo es.

Y hace unos días como por milagro , antes que terminara el año, estando en yahoo en el chat de Uruguay, y por simple coincidencia de ellos me encuentro con Gabriela, la cual en el medio de otros temas, me cuenta su historia que hoy quise compartir con todos Ustedes, porque realmente estas cosas hechas por uruguayos deben difundirse y mostrar como quien quiere difundir la cultura uruguaya no necesita grandes obras , sino aunque sea una obra chiquita , basta.

Evidentemente que la emoción de encontrar a alguien como ella que se esta esforzando por seguir manteniendo vivas las tradiciones uruguayas

VIVA URUGUAY