Año III - Nº 112 - Uruguay, 7 de enero del 2005

 

 

 

 

URAGUA 
LO QUE HEMOS
CONSTRUIDO – DESTRUIDO
Por Pedro Hernández            

Hasta hoy se siguen “analizado” los problemas del país descontextualizados y así nos va.

La descontextualización de la información es desinformación.

Ésta ha sido la “herramienta” de la conducción política de un modelo económico desintegrado y corporativo para sobrevivir. Así cada uno actúa en su chacrita como si ésta fuera el centro del universo, funcional al modelo, aunque muchos crean que se oponen al mismo.

Este es uno de los temas más importantes a asumir para realizar los cambios. 

El país es uno y nada debe mirarse descolgado, nada debe ser más importante que el conjunto, pero el manejo político hasta hoy ha sido todo lo contrario, por algo estamos como estamos.

El país se ha gobernado desde 1985, con lo que hemos denominado, “la teoría del hecho consumado”.

Así se dejó caer a las empresas del estado- utilizadas para el clientelismo electoral - y luego se salió al grito a concesionar o vender o promover asociaciones en un país con profundas asimetrías – socioeconómicas – y un poder de decisión cada vez más acotado. Es el camino elegido para encubrir la responsabilidad política del partido único* en la conducción del país desde 1931. A partir de 1990 se inició la apertura de la economía y la reforma de las empresas públicas – rechazado en el plebiscito de noviembre de 1992 – sin asumir ninguna responsabilidad política en la situación de las mismas y del país.

En el marco de un modelo de economía desintegrada y con enormes asimetrías se trató de llevar adelante una reforma Darwiniana -la supervivencia del más fuerte -, las consecuencias están a la vista. Con ello se pretendió resolver los problemas – en un corto plazo - acumulados por décadas de utilización del país al servicio de los intereses político partidario- partido único- y de ciertos grupos económicos vinculados a la tierra, banca, exportación e importación. ¿Por qué los problemas conocidos y  definidos desde la década del 60 - informe CIDE - no se resolvieron? ¿Por incapacidad? ¿Por la defensa de intereses partidarios? Creemos que hubo ambas cosas, sumado a la prevalencia de actores económicos por encima de los intereses nacionales.

El resultado del plebiscito por el agua, ha tenido la particularidad de poner sobre el tapete distintas visiones sobre el país real.

El país real, desde la óptica de la dirigencia política, desde los medios de comunicación, desde el pueblo en general y desde los intérpretes de la constitución.

La interpretación del plebiscito es una muestra del país de papel.

¿Cómo puede ser que la constitución, que debe ser cristalina y de fácil entendimiento para todos, admita tantas lecturas?

¿Cómo y por qué hemos llegado a esto?

A esto hemos llegado porque la misma ha sido utilizada, sucesivas reformas mediante, para disfrazar la realidad en beneficio de los intereses del partido único como manera de mantenerse en el poder.

Se ha tejido una verdadera maraña jurídica, que da sentido al verso: "La ley es tela de araña... la ruempe el bicho grande y solo enrieda al chico".

El tema de Uragua- la concesión de agua y saneamiento más importante- nos muestra la negligencia del estado para hacer cumplir las leyes. Desde la devaluación del 2002, quedó claro que el negocio no le era rentable, o por lo menos no tanto como cuando tomó la concesión, con un dólar barato.

Los inversores golondrinas que vienen a lucrar en determinadas condiciones de la economía, si estas cambian recurren a la letra chica de los contratos que los resguardan y al decir de Artigas tienen a “los peores americanos” que los defienden. Para los inversores nativos la situación no es igual. ¿O no son inversores los productores rurales, los pequeños y medianos industriales, etc.? Para ellos no hubo soluciones frente al impacto del atraso cambiario y la devaluación. Para otros sectores hubo medidas punitivas, como fue la reprogramación de los ahorros o frente a los endeudados en dólares dejar que el mercado “resuelva”. Esto nos muestra en definitiva una dirigencia política gobernante que no pierde las mañas en la defensa de ciertos intereses, antes que los del país.       

Nos muestra además el manejo de lo medios de comunicación, muy sensibles muchos de ellos, frente al problema de las empresas concesionarias. Reciben sus reclamos y algunos periodistas hablan muy sueltos de cuerpo del derecho que les asiste al reclamar “lucro cesante”. Ninguno de estos se preguntó y se preocupó por el no pago del “lucro cesante” a miles de empresas uruguayas arrasadas por el atraso cambiario en la década del 90. Tampoco lo hicieron frente a la pérdida de miles de puestos de trabajo como consecuencia del mismo fenómeno económico. En esa década los que criticaban tuvieron escaso acceso a los grandes medios. El partido único* tiene – históricamente - la adhesión de los mismos y en general de muchos conductores y periodistas, por distintos motivos, que van desde la adhesión a la necesidad, el libre acceso al ejercicio de la libertad de expresión también está cuestionado. Muy “preocupados” porque se deben cumplir los contratos y con “preocupación” hablan de los costos en que incurrirá el país. No se menciona con tanto énfasis los reclamos -cambio del contrato- de Uragua no bien se devaluó y del incumplimiento notorio de obras no realizadas – como la construcción del emisario subacuático- que se pusieron como argumento para llevar adelante la concesión. 

Una sensibilidad sospechosa, que no es tal, frente a problemas aberrantes que afectan a los sectores más desprotegidos de la sociedad, que se arrastran y profundizan desde hace por lo menos cinco décadas y donde hay un claro incumplimiento del contrato social que deben cumplir y hacer cumplir los gobernantes.

Los grandes medios preocupados por los inversores extranjeros, ¿y los nacionales?.

Hay conductores de programas que hacen hincapié en la “gravedad” del problema de Uragua, totalmente descontextualizado de la realidad del país.

Pero digámoslo sin ambages, el tema Uragua es un problema y nada más, frente a la magnitud de los problemas sociales y económicos que tiene el país, sin resolver.

En ningún medio se cuestiona ¿por qué las obras de saneamiento en Maldonado no se han hecho en los últimos veinte años?.

Es lo que hubiera correspondido, en una planificación de las inversiones en un país de escasos recursos.

No se cuestiona el clientelismo electoral dilapidando los recursos departamentales. Aquí otra vez se pone al país – desinformado – frente a los hechos consumados, lo que no se hizo en ese tiempo, hoy urge. Seguimos escuchando la defensa o la justificación de esta conducción del país, vergonzosa e inmoral por las consecuencias económicas y sociales que condicionará la vida del mismo por muchos años. Seguimos en el clásico palabrerio hueco y altisonante soslayando los problemas estructurales.

Hoy, cuando el partido único ha sido desplazado de la conducción política, produciéndose la primera alternancia en 73 años, muchos que antes no hablaron y fueron condescendientes, reclaman contra el atraso cambiario y el cumplimiento de los contratos y dirigen una andanada de críticas contra los “irresponsables” que llevaron adelante la reforma constitucional por el agua.

Un intelectual, el Dr. Carlos Maggi, que es contertulio en un programa de radio y escribe en un “gran” diario, estampó en el mismo lo siguiente: “Por su parte, los ciudadanos uruguayos demuestran que son capaces de modificar la Carta Magna sin haber leído su texto, ni el texto nuevo. Votaron al grito”.

¿Leyeron él y la mayoría de lo ciudadanos la reforma de la constitución que se aprobó en  1951, en la cual se institucionalizó el reparto – 3 y 2 - del poder entre blancos y colorados?. 

Ese acto, indigno de un estado de derecho, de notoria inmoralidad política y recorte de la democracia, ¿le parece al Dr. Maggi menos importante que el plebiscito del agua?. De ese tema que es en gran medida el responsable del Uruguay de hoy nadie lo comenta en los medios. No se puede desacreditar al pueblo, por más intelectual que se sea. Este pueblo tan desinformado ha soportado con dignidad las crisis, que la dictadura política del partido único no supo - ¿no supo?- prever a lo largo de los últimos cincuenta años.

Todo este manejo mediático del tema del agua no es casualidad, la distracción del país, hasta hoy ha sido una herramienta eficaz. Esperemos que esto comience a cambiar.

"Para demostrar también, trémula pero inextinguible esperanza, que la justicia llega, aunque las más de las veces, su camino se haga a través de las tumbas y las ruinas", escribía Carlos Quijano.           

No vemos en los grandes medios la misma sensibilidad frente al daño social del manejo político económico de las últimas cinco décadas. No vemos la misma sensibilidad frente a la desintegración social que todos los días nos muestra una nueva faceta de horror. No vemos la misma sensibilidad frente a la reprogramación de los ahorros, con la tragedia de vida para miles de indefensos ciudadanos, que contaban muchos de ellos, con esos recursos para su subsistencia. No vemos la misma sensibilidad frente al crecimiento exponencial de los asentamientos a más de un 10% anual en los últimos años, remates de terrenos donde hay familias en situaciones de vivienda indignas, etc., etc. ¿Ese costo quien lo paga? Algunos dirigentes políticos del partido único se rasgan las vestiduras y tratan de sacar rédito partidario de la nueva situación generada por el plebiscito.

Hablan en los medios como si Uragua fuera una obra de beneficencia y dicen, ahora pagaran más los contribuyentes.

¿Y quienes pagan a Uragua? ¿Y quienes han pagado los costos  de tres crisis destructivas de la economía en los últimos 40 años?

Creo que este manejo mediático se puede dar en un país desinformado, con medios funcionales al modelo y donde el acceso al ejercicio a la libre expresión sigue muy recortado en los hechos.

Reitero, del incumplimiento de Uragua se habla poco, de la conducta dual de los gobernantes frente a los inversores, según sean estos nacionales o extranjero, tampoco se dice nada a pesar de que hay hechos relevantes.

¿Es o no una flagrante violación del contrato la reprogramación de los ahorros? Sin embargo frente a los reclamos se los toma como una noticia más.

El contrato de Uragua si importa y por muchos días ocupó los titulares en los medios.

Se le trasmite a la población, en un discurso sostenido, que los inversores extranjeros son la única solución para resolver los problemas. Esto está, podríamos decir de moda.

Nada se dice, que de la baja – histórica – inversión que tiene el país, la mayor parte fue y es inversión nacional. Sin embargo en los grandes medios, que por varios días se dedicaron al tema Uragua y la reforma del agua, se sigue ensalzando las inversiones extranjeras, que dicho sea de paso, nada tenemos contra ellas, en la medida que reciban el mismo trato que las nacionales.

La velocidad del Dr. Batlle con el tema Uragua es una muestra más de como se juega con la economía al servicio de los intereses partidarios. Ahora dice –caso Uragua - que el cumplimento de la constitución está primero. Pero el señor presidente no se da por enterado, como ya dijimos, de la violación del contrato para con los ahorristas.

Se quiere distraer, ocultando la inconducta del gobierno, que termina - en hacer cumplir el contrato con la misma. Esta es una muestra más de como se ha gobernado el país desde la impunidad política, conducta  que debe cambiar.

Estamos a años luz de una conducta republicana al servicio del mismo.

Otros periodistas “preocupados” por el costo.

Esto no es un costo, sino una inversión, porque se paga obra realizada – en el caso de que corresponda -, no se endeudará el país para pagar deudas como ha sido y sigue siendo moneda corriente y de eso no escuchamos nada en los medios. Por supuesto que de esto tampoco hablan los dirigentes – del partido único -.

El tema de Uragua es un tema más, el gran tema, del que no podemos ni debemos dejar de hablar es la crisis que hoy vive el país, cuyos costos pagaran ésta y varias generaciones futuras.

Los futuros gobernantes no deben magnificar este tema, ni dejar que lo hagan.

Los problemas si es que hay voluntad de cambio hay que tomarlos por sus reales causas, este no es un problema central del país y si lo es el modelo de economía desintegrada, el manejo clientelístico y la corrupción que ha llevado a que los organismos del estado no hayan cumplido con su cometido – para el que fueron creados- en los últimos cincuentas años.

Las reformas de la constitución cada vez que fue necesaria a los intereses del partido único y la utilización de la ley para resolver problemas de la economía, es lo que nos ha llevado a esta situación de no cumplimiento por parte del estado de sus deberes fundamentales y a la inseguridad jurídica.

Debemos poner las cosas en su verdadero lugar y terminar con las manijas mediáticas que favorecen a los que siempre lucraron en las crisis.

No olvidar que el país tiene una deuda social inmensa, que es estructural, en el marco de una deuda país que supera más del 100% del PBI.

Y no hablamos de las deudas de las familias y el endeudamiento de los sectores productivos.

Debemos terminar con el cinismo grandilocuente de ciertos actores políticos y empresariales y preguntarnos ¿qué poder de decisión como país nos queda?.

En el marco de este modelo muy acotado, este es otro gran tema de debate de cara a la ciudadanía por encima de lo partidario. Pero esto no figura en la agenda de los medios tan sensibilizados por la reforma del agua.

El país desde que firmó -1959 - la primera carta intención con el FMI, no ha dejado de perder poder de decisión, no son de ahora los problemas. 

Uragua nos muestra como un estado debilitado, sin poder decisión no hace cumplir los contratos y este si que es el problema de fondo para crecer e invertir. Uragua es una perla de un largo collar a lo largo de las últimas cinco décadas.

El gran tema no es concesiones sí o no y otros aspectos del manejo de la economía, sino la pérdida de capacidad del país para hacer cumplir sus leyes, este es el verdadero drama que el país debe enfrentar si pretende cambiar.

Muchos abogados-políticos- son grandes responsables, desde su condición han manejado influencias más o menos disfrazadas.

Un país “atado” por el manejo partidario desde hace 73 años nos pasa la factura.

Es patético escuchar a dirigentes del partido único preocupados por el “lucro cesante”. ¿Cuánto perdió el país por lucro cesante a través de las crisis en las últimas cuatro décadas?. ¿Eso nunca los preocupó?.Otros magnifican el costo para el país, como si este se quedara con una bolsa de aire.¿Cuánto ha perdido el país en los últimos años por reclamos en función de malos contratos y reclamos?. ¿Cuánto ha pagado a abogados, fuera del estado, para su defensa?. De esto nada se dice.Estamos indefensos frente a las decisiones de los organismos financieros-BID, FMI, BM.- que irresponsablemente prestaron dineros a un país manejado clientelisticamente y ahora hacen informes indicándonos lo que podemos y lo que no podemos hacer. Por último que cese un contrato no quiere decir que no se le respete, así que a no confundir a los desprevenidos y desinformados. Desde el gobierno se ha violado históricamente los contratos en cada crisis y no hemos asistido a la “sensibilidad” que se manifiesta hoy por el tema Uragua. Sin dudas que la diferencia estriba que ahora hablamos del contrato con extranjeros, cuando se trata de los nacionales –más débiles y rehenes -  no hay problema. Reitero una vez más, Artigas tenía razón, “los malos europeos y los peores americanos”. 

* El partido único es el que surge en el pacto del “chinchulín” – año 1931 - en el que se acuerda el reparto del poder - 3 y 2 - entre el partido colorado y un sector del partido nacional, incorporado luego por la totalidad de los dos partidos a la constitución de la república en la reforma de 1951.

                      Diciembre 2004