El hombre: ese gran desconocido
Alvaro Kröger
Puede decirse que el hombre es el primate que apareció en el punto de la evolución en que la determinación instintiva había llegado al mínimo y el desarrollo del cerebro al máximo. Esta combinación de determinación instintiva mínima y desarrollo cerebral máximo nunca se había dado antes en la evolución; animal y biológicamente hablando es un fenómeno absolutamente nuevo.
Cuando apareció el hombre, su comportamiento se guiaba poco por su dotación instintiva. Aparte de algunas reacciones instintivas elementales, por ejemplo al peligro o a los estímulos sexuales, no hay programa heredado que le diga lo que debe decidir en muchos casos en que su vida dependa de una decisión acertada. Parecería así, que biológicamente, el hombre es el más desvalido y frágil de todos los animales.
¿Compensa el extraordinario desarrollo de su cerebro éste déficit de sus instintos? Hasta cierto punto sí. El intelecto guía al hombre hacia decisiones acertadas. Pero sabemos también cuan débil e inseguro es ese instrumento. Se deja influir fácilmente por los deseos y las pasiones del hombre y se somete a su influencia.
El cerebro del hombre es insuficiente sólo como sustituto de los instintos debilitados, sino que complica enormemente la tarea de vivir. Me refiero con esto a la inteligencia instrumental, al empleo del pensamiento como instrumento para la manipulación de objetos con el fin de satisfacer sus necesidades; en el fondo el hombre tiene eso en común con los animales, sobre todo los primates. Me refiero también al aspecto en el que el pensamiento ha adquirido una particularidad enteramente nueva: la conciencia de sí mismo.
El hombre es el único animal que no sólo tiene inteligencia instrumental sino "razón", capacidad de aplicar su pensamiento a la comprensión objetiva; o sea a conocer la naturaleza de las cosas tales y como son en sí y no sólo como medio de su satisfacción.
Dotado de conciencia de sí mismo y de la razón, el hombre sabe que es un ser aparte de la naturaleza y de los demás; comprende su impotencia y su ignorancia, y tiene conciencia de que su fin será la muerte.
La conciencia de sí mismo, la razón y la imaginación han trastornado la armonía que caracteriza la existencia del animal. Su aparición ha hecho del hombre una anomalía, un monstruo del universo. Forma parte de la naturaleza, está sometido a sus leyes físicas y no puede cambiarlas, pero trasciende la naturaleza.
Siendo parte, está aparte; no tiene casa ni hogar y está encadenado a la morada que comparte con todas las demás criaturas. Largado al mundo en un momento y un punto accidentales, está obligado a salir accidentalmente de él, y contra su voluntad. Teniendo conciencia de sí mismo, comprende su falta de poder y las limitaciones de su vivir. Nunca está libre de la dicotomía de su existencia: no puede librarse de su mente aunque quisiera......y su cuerpo le hace desear seguir en la vida.
La vida del hombre no puede vivirse repitiendo la pauta de su especie, tiene que vivir "él". El hombre es el único animal que no se siente en la naturaleza como en su casa, que puede sentirse expulsado del paraíso, el único animal para quien su propia existencia es un problema que tiene que resolver y que no puede soslayar.
No puede volver al estado prehumano se armonía con la naturaleza y no sabe a dónde llegará si sigue avanzando. La contradicción existencial del hombre produce un estado de desequilibrio constante. Este desequilibrio lo distingue del animal, que vive efectivamente en armonía con la naturaleza. Esto no significa, claro está, que el animal lleve necesariamente una vida pacífica y feliz, pero sí que su nicho ecológico específico al que se han adaptado sus cualidades físicas y mentales por el proceso de evolución.
El desequilibrio existencial y por lo tanto inevitable en el hombre puede ser relativamente estable cuando, con el apoyo de su cultura, halla un modo más o menos adecuado de resolver sus problemas existenciales. Pero esta relativa estabilidad no entraña la desaparición de la dicotomía, que queda latente y se revela en cuanto cambian las condiciones de su estabilidad relativa.
Ciertamente, en el proceso de creación de sí mismo (del hombre), esta estabilidad relativa se trastorna una y otra vez. En su historia, el hombre cambia de ambiente y en ese proceso se cambia a sí mismo. Aumenta su conocimiento, pero también la conciencia de que su ignorancia tiene; se experimenta como individuo y no sólo como miembro de su tribu, y con esto aumenta su sentido de estar aparte y aislado.
Crea unidades sociales más grandes y eficientes dirigidas por jefes poderosos...y se espanta y se vuelve sumiso. Logra cierta cantidad de libertad.....y se asusta de ello. Evidentemente esto ocurre con los individuos que no tienen un equilibrio demasiado estable y que tienen una pobre imagen de sí mismos y de sus congéneres. Aumenta su capacidad de producción material, pero en el proceso se hace demasiado voraz, egoísta y esclavo de las cosas que crea..
Cada nuevo estado de desequilibrio obliga al hombre a buscar un equilibrio nuevo. Por cierto que lo que ha solido considerarse afán innato de progreso en el hombre no es sino el intento de hallar un equilibrio nuevo y si es posible mejor.
Las formas nuevas de equilibrio no trazan de ningún modo una línea recta en el mejoramiento humano. Con frecuencia, los nuevos logros han conducido en la historia a fenómenos regresivos. Muchas veces, obligado a buscar una solución nueva, el hombre corre hacia un callejón sin salida, le cuesta volver atrás; y es en verdad notable que hasta ahora haya logrado salir bien de todos.
Todas estas consideraciones indican una hipótesis para definir la esencia de la naturaleza humana. Creo que la índole del hombre no puede definirse en función de una cualidad específica, como el amor, el odio, la razón, el bien o el mal, sino sólo en función de las contradicciones fundamentales que caracterizan la existencia humana y radican en la dicotomía biológica entre los instintos faltantes y la conciencia de sí mismo.
El conflicto existencial del hombre produce ciertas necesidades psíquicas comunes a todos los hombres. Se ve obligado a sobreponerse al horror de su apartamiento de la naturaleza, de su impotencia y de su desorientación y a hallar nuevas formas de relacionarse con el mundo que le permitan sentirse a gusto.....en su casa.
Se pueden calificar de existenciales esas necesidades psíquicas porque tienen sus raíces en la existencia misma del hombre. Un buen ejemplo de relación a gusto con el mundo es la pintura. Para un pintor moderno las motivaciones psicológicas que tiene para pintar tal vez sean un poco oscuras, tal vez el pintor no se de cuenta que está realizando un acto animista al pintar un paisaje; y ese paisaje no es más que su visión subjetiva de una realidad que con toda seguridad no tiene nada que ver con el mundo físico; pero sí con "su" mundo psíquico. El hombre de Cro-Magnon pintaba para reducir el hostil mundo circundante, el pintor moderno ( y también el espectador de su pintura) lo hace para atemperar una realidad que tiene muy pocas cosas en común con él.
Todos los hombres tienen necesidades existenciales, y su satisfacción es absolutamente necesaria para que el hombre se mantenga sano, del mismo modo que es necesaria la satisfacción de las pulsiones orgánicas para que se mantenga vivo. Pero cada una de estas necesidades puede satisfacerse de modo diferente, que varía según la condición social. Estos modos diferentes de satisfacer las necesidades existenciales se manifiestan en pasiones como el amor, el odio, el sadismo, el masoquismo, la destructividad, la ternura, el afán de justicia, la independencia, la sinceridad, el narcisismo. Son pasiones arraigadas en el carácter o simplemente pasiones humanas.
Porque están completamente integradas en el carácter del hombre. Por carácter humano entiendo que es el sistema relativamente permanente de todos los afanes no instintivos, mediante los cuales el hombre se relaciona con el mundo humano y el natural. Podemos entender el carácter como el sustituto humano de los instintos animales ausentes: es la segunda naturaleza del hombre. Lo que todos los hombres tienen en común son sus pulsiones orgánicas, aunque muy modificables por la experiencia, y sus necesidades existenciales.
Lo que no tienen en común son los géneros de pasiones dominantes en sus caracteres respectivos: las pasiones radicadas en el carácter.. Las diferencias de caracteres se deben en gran parte a las diferencias de condiciones sociales ( si bien las disposiciones genéticamente dadas también influyen en la formación del carácter), por esa razón se pueden dominar las pasiones radicadas en el carácter (categoría histórica) y los instintos (categoría natural).Pero las primeras tampoco son una categoría puramente histórica desde el momento en que la influencia social sólo puede actuar a través de las condiciones biológicamente dadas de la existencia humana.
Por todo esto se puede definir al hombre según Max Scheller: hombre se puede llamar a todo aquel ser o ente que tenga libertad, objetividad y conciencia de sí mismo.
La facultad que posee el hombre de tener conciencia de sí mismo, de razonar e imaginar son cualidades nuevas que superan a la capacidad de pensamiento instrumental; incluso los animales más inteligentes requieren un cuadro del mundo y de su ligar en él que esté estructurado y tenga una cohesión interna. El hombre necesita un plano de su mundo natural y social y sin él se confundiría, sería incapaz de obrar atinada y consecuentemente. No tendría modo de orientarse y de hallar un punto fijo que le permitiera organizar todas las impresiones que le llegan.
Sea que se crea en la brujería y la magia como explicaciones finales de todos los sucesos, o en que los espíritus de sus antepasados guiaban su vida y su destino, o en un dios omnipotente que premia o castiga, o en el poder de la ciencia para resolver todos los problemas humanos.... desde el punto de vista de su necesidad de estructura u orientación es exactamente lo mismo.
Su mundo tiene sentido para él, y se siente seguro de sus ideas mediante el consenso de quienes lo rodean o piensan como él. Aunque el plano esté equivocado, cumple su misión psicológica. Pero nunca está completamente equivocado ni acertado ese plano. Siempre ha sido una aproximación suficiente a la explicación de los fenómenos que sirva para el fin de vivir.
La imagen teórica corresponde a la verdad sólo en el grado en que la práctica de la vida está libre de sus contradicciones y de su irracionalidad. Lo impresionante es el hecho de que no encontramos ninguna cultura desprovista de esa estructura u orientación.. Ni tampoco ningún individuo.
A veces un individuo negará tener semejante cuadro general y creerá responder a los diversos fenómenos e incidentes de la vida según su discernimiento. Pero es muy fácil demostrarle que le parece natural su propia filosofía, porque para él es cosa de sentido común, y no comprende que sus conceptos se basan en un conjunto de ideas general y socialmente aceptadas.
Cuando esta persona se halla frente a una concepción de la vida por completo diferente la juzga de "irracional" y se considerará a sí mismo perfectamente lógico. La necesidad de un cuadro lógico es particularmente clara en el caso de los niños. La intensidad de esa necesidad de una estructura de orientación explica el hecho por el cual la gente sucumbe con tanta facilidad al encanto de doctrinas perniciosas, ya sean políticas, religiosas o de otra índole; mientras que el que está afuera del área de influencia de esa doctrina comprende perfectamente que son invenciones sin valor alguno. También entre en la extraña popularidad de las doctrinas perniciosas el poder de sugestión y la sugestionabilidad del hombre.
Posiblemente el grado de sugestionabilidad no fuera tan alto si el hombre no tuviese esa necesidad existencial de formarse un marco lógico y coherente. De esta manera se explicaría que las ideologías más irracionales, aquellas que pretenden solucionar todos los problemas del hombre sean las que tengan más éxito......y más arraigue en las mentes.
Pero un plano no basta como guía para la acción; el hombre necesita también una meta para obtener el conocimiento hacia adonde va. El animal no tiene esos problemas ya que el paquete instintivo le proporciona tanto planos de acción como metas.
Pero el hombre no tiene determinación instintiva y posee un cerebro que le permite pensar en muchas direcciones y proyectarse en el tiempo; necesita de un objetivo de devoción total, que sea el punto focal de sus afanes y la base de todos sus valores afectivos. Este objetivo coordina sus energías en una sola dirección, lo eleva por encima de su existencia aislada, con todas sus dudas y todas sus inseguridades y claro está: le da un sentido a su vida.
En su devoción a un fin superior a su ego aislado, se trasciende a sí mismo, y sale de la cruel cárcel del egocentrismo en la cual todos estamos, en mayor o menor escala inmersos. El objeto de la devoción puede ser cualquiera; pero la diferencia en los objetos de devoción tiene inmensa importancia, la necesidad de devoción en sí es una necesidad primaria, existencial, que exige el cumplimiento sin que importe el modo.
El hombre conciente de estar apartado, necesita nuevos vínculos con el prójimo, su salud mental depende de eso. Ha dejado el regazo materno, se enfrenta a un mundo hostil, y son justamente esos nuevos vínculos, bien elegidos, lo que lo salvan. La mala elección de esos vínculos generalmente tiene como consecuencia una desadaptación tan pronunciada que hacen virtualmente insoportable la vida del individuo.
Sin fuertes lazos afectivos con el mundo exterior, padecería de un aislamiento extremo y una gran desorientación. Puede llegar a los altos valores espirituales y comprenderlos si elige bien; al elegir bien tiene acceso a la libertad, la independencia del espíritu y la productividad. Si elige mal se relacionará con los demás simbióticamente, bien sea haciéndose parte de ellos, bien haciéndolos parte de sí; aparecen, entonces, el masoquismo y el sadismo, que son en el fondo la pérdida de la libertad y de lo más original que tiene el hombre que es la conciencia de sí mismo.
En el caso extremo que no pueda relacionarse afectivamente con nadie, lo hará consigo mismo apareciendo entonces el narcisismo. De lo anteriormente dicho sacamos en conclusión que la necesidad de relacionarse con el prójimo es efectivamente una necesidad existencial. No en vano el hombre es un animal social.
La escisión existencial del hombre sería intolerable si no pudiera establecer dentro de sí un sentido de unidad con el resto del mundo animal y humano. Puede provocar la anestesia de su conciencia por drogas, alcohol, orgías, totemismo, regreso a la armonía con la naturaleza; también puede establecerse la unidad subordinando todas las energías a una sola pasión que todo lo consume, como la de aniquilar, la del poder, la de la fama, la del dinero. Olvidarse de sí en el sentido de anestesiar su razón es el fin de todos los intentos de restablecer la unidad dentro de uno mismo.
Es un intento trágico en el sentido de que si se consigue momentáneamente (embriaguez, etc.), o si se consigue permanentemente ( odio, pasión por el poder ) paraliza al hombre, lo aleja de los demás, deforma su discernimiento y lo hace tan dependiente de su pasión como el drogadicto de su droga.
Se puede llegar a la unidad si se llegan a comprender los valores estéticos o religiosos. Esa falta de unidad que caracteriza a casi todos nosotros no está en el místico, ésta ha llegado a una unidad tal de sí mismo que prácticamente los vínculos existenciales no tienen sentido para él.
Cada individuo se encuentra ante el mismo dilema: su margen de libertad de no escoger una solución regresiva (en el sentido biológico) en una sociedad que ya escogió el progreso, es muy pequeño; pero existe. Todo hombre es libre de retornar a la armonía con la naturaleza, aunque ese margen de libertad sea pequeño, pero ¿ es ese hombre valiente al elegir un tipo de existencia en el cual todos los grandes valores humanos están ausentes? ¿ No fue extremadamente valiente el hombre de Cro-Magnon al pintar Lascaux o Altamira, y así inaugurar la preponderancia de la mente sobre los puros valores vitales?
Vivir es muy fácil, ser hombre es muy difícil, muy duro. ¿Quién cree que la vida en completa armonía es fácil?.
Podemos ver otra solución, que no sea la regresiva, al problema de la escisión existencial, que es muy característica de las sociedades altamente industrializadas: se identifica uno con el papel social, se siente muy poco, se trata de reducirse a una cosa amorfa........la escisión existencial se camufla porque el hombre se identifica con su organización social y se olvida que es una persona; se convierte en el Nº 1, y no en una "persona", "en hombre".
Se podría definir ese estado como el de un "éxtasis negativo".......aunque la idea parezca rara creo que esa identificación con la organización social es una droga en el verdadero sentido del término.
La conciencia que tiene el hombre de estar en un mundo extraño y anonadador y el consiguiente sentimiento de impotencia podrían abrumarlo fácilmente. Si él se sintiera totalmente pasivo, mero objeto, no tendría sentido de su propia voluntad, de su identidad. Para compensar esto debe adquirir un sentido de ser capaz de hacer algo, de impulsar a alguien, de hacer efecto, de ser efectivo. Ser capaz de efectuar algo es afirmar que uno no es impotente, que uno está vivo y funcionante, QUE SE ES UN SER HUMANO.
Ser capaz significa también ser activo y no sólo afectado por una actividad externa a uno; y en definitiva es la prueba de que uno "ES" y podría formularse así: "EFECTUO, LUEGO SOY"
Estas largas elucubraciones fueron escritas entre el 25 y el 28 de julio de 1980, cuando nació mi hija Michèle, mientras acompañaba a Flo en el Sanatorio Impasa. "La bebita" se recibió hace dos años, y aunque hayan pasado 24 desde que escribí esto no le cambio ni una coma.
Conforme a la Observación de Oienns sobre la Ley de Maryanns, estaba buscando un informe técnico y encontré esto.
Diciembre de 2004