Año III - Nº 112 - Uruguay, 7 de enero del 2005

 

 

 

 

El voto cantado
Ruben López Arce

En la década del 80 y en mi calidad de funcionario público, fui designado para presidir una mesa receptora de votos en la calle Molinos de Raffo cerca de Millán.

En varias oportunidades me había correspondido cumplir esa tarea por lo que, más allá de la satisfacción que me demandaba tal distinción, lo hacía con total discernimiento en virtud de la ya adquirida experiencia en similares situaciones..

Todo se desarrollaba normalmente, en un ambiente de general nerviosismo, pero con mucha cordialidad y respeto.

La gente ansiosa por cumplir con su deber cívico formaba una larga cola a unos metros de la mesa, y sólo se escuchaba el murmullo de sus comentarios perdido en la inmensidad del salón que ocupábamos.

De pronto se estableció una conversación muy audible entre varias personas de la cola, indudablemente amigos, y entre chanzas y sonrisas cobró voltaje el ambiente y pudimos escuchar estas palabras&

-Che, Roberto, te decidiste a votar?

-Y como no... yo soy un ciudadano y estoy obligau a poner el votito.

-Y&contame, a quién vas a votar?

-¡¡ Andá !!, vos no sabés que el voto es secreto? O te estás haciendo el vivo conmigo?

Se le notó un poco enojado, fastidiado por la pregunta que le efectuaban.

Otros integrantes del grupo también intervinieron, y entre sonrisas le hablaron a Roberto incitándolo a que definiera su voto. Roberto era entonces el punto, y dio la sensación que era muy conocido en la zona, tal vez por padecer algún tipo de minusvalía que yo no estaba en condiciones de evaluar y que lo hacía centro de chanzas y pullas. Pero a pesar de las insistencias, se mantuvo firme en su posición y no cantó su voto como esperaban y pedían sus amigos. Así siguieron por un rato hasta que le tocó el turno a Roberto y debió adelantarse para emitir su voto. Recuerdo haber solicitado algo de silencio, porque para entonces ya en voz alta y fuerte, lo estimulaban y le pedían que proclamara sus preferencias electorales.

-¡¡Je ,je & me dijo cuando se acercó a la mesa, - mire si les voy a decir&

Yo no hice ningún comentario, sólo esbocé una sonrisa, dadas las circunstancias y el lugar que yo ocupaba en la receptoria de votos.

Pasó al cuarto secreto, y dentro de los plazos prudenciales, salió del mismo muy serio, como molesto, yo diría afectado por algo que había visto dentro del cuarto, porque, en voz alta se dirigió a los delegados partidarios allí presentes y les dijo:

-Oigan muchachos, miren que ahí adentro no hay listas de la 577, por suerte yo traía una en el bolsillo&

La carcajada fue general. La gente aplaudía las expresiones de Roberto, que confirmaron la insuficiencia que les mencionara anteriormente. Roberto ya en posición de actor y payaso, se tapaba la boca con sus manos como arrepentido de sus expresiones. Fue un momento de verdadera distensión y general algarabía.

A través de la visión del tiempo y la distancia me atrevo a opinar que no era tanta la incapacidad de Roberto. Tal vez, sabiéndose centro y dueño de la situación, aprovechó la circunstancia para, mediante un chiste, aflojar un poco los nerviosismos y ansiedades que inexorablemente están siempre presentes en los salones de votación.