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Año III - Nº 176
Uruguay, 07 de abril del 2006
Inscripto en el Registro de Derechos de Autor en el libro 30 con el No 379
 

 

 

 
La dolorosa partida
de Enrique Benkel

* Fernando Pintos
 

Pocas semanas después de haberse producido la sentida desaparición de Ana Vinocur, se produjo el deceso de su hermano, Enrique Benkel, derrotado por una enfermedad implacable. En sus últimos días, Enrique hizo gala de ese coraje a toda prueba y esa profunda dignidad que le permitieron sobrevivir y superar -seis décadas atrás- los horrores de los campos de concentración y exterminio del nazismo. Enrique Benkel fue uno de los sobrevivientes del Holocausto del pueblo judío, perpetrado durante la Segunda Guerra Mundial por los matarifes del nacionalsocialismo hitlerista. Todavía un niño, vivió la ocupación de Polonia por los alemanes y soportó las privaciones y humillaciones del ghetto. Después de ello, le tocó vivir los horrores de Auschwitz, uno de los lugares más terribles por donde pasó la tragedia del Holocausto judío. Pero, al igual que su hermana Ana, Enrique luchó por la vida y sobrevivió a todos los horrores. En 1947 llegó a Uruguay, para vivir allí el resto de su fructífera existencia. En 1987, alentado por el ejemplo de su hermana, Ana Vinocur, Enrique Benkel publicó también un libro-testimonio, el cual se tituló B-10279, SOBREVIVIENTE DE AUSCHWITZ, que 19 años después se encontrará lógicamente agotado, si bien no le vendría mal una reedición, porque allí hay mucho para leer y también para aprender.

Ana y Enrique en Auschwitz

En 1996, mi amiga Ana Vinocur me envió una foto que me provocó un escalofrío. Pero eso no sería nada relevante, pues imagino que a ella muy posiblemente le haya provocado pesadillas. La foto, tomada poco tiempo atrás, los mostraba a ella y a su hermano Enrique, con ropa invernal, posando delante de uno de las tétricas alambradas -todavía detrás se destaca uno de aquellos puestos de centinelas- del tenebroso campo de concentración de Auschwitz. Medio siglo después de abandonar para siempre aquel horror, los dos hermanos habían realizado una peregrinación para recorrer las ya vacías, las ya históricas, las ya inofensivas y en cierta medida turísticas, pero siempre sombrías y amenazadoras instalaciones del emblemático campo de concentración erigido por los acólitos de Hitler para coadyuvar en la "Solución final del problema judío", es decir: para apoyar las tareas del exterminio sistemático. Me quedé largo rato contemplando aquella foto invernal con neblina, con nieve sobre un suelo yermo, con un fondo de incontables arbustos descarnados y fantasmagóricos& Un escenario muy apropiado para la eclosión de la maldad& Y observaba, también en la foto, a aquellos dos buenos amigos, la única nota de vida y color, plantados sin temores en aquel lugar lleno de fantasmas crueles y recuerdos terribles& Y en cierta medida, me fue imposible evitar un oscuro sentimiento de angustia. Experimenté miedo y fue por ellos dos. Pero al mismo tiempo admiré su valor, su coraje, su dignidad: todo ello intacto y perenne, más de 50 años después del final de aquellos terribles acontecimientos.

Libro de Enrique Benkel

Después del final de la Segunda Guerra Mundial, muy poco tiempo después, Ana y Enrique Benkel llegaron a Uruguay, al cual convirtieron en su patria adoptiva y en el cual vivieron, ambos de manera ejemplar, hasta el final de sus días. Siempre admiré, en ellos dos, esa serenidad, esa estabilidad y esa bondad que les caracterizaba por igual, ya que no en balde eran hermanos muy próximos, muy solidarios, muy parecidos. Me parecía verdaderamente resaltable el hecho de que hubieran dejado atrás todos los horrores para sumergirse de lleno en la vida, para seguir luchando con la misma entereza de los años terribles, pero siempre con un gesto amable, con una sonrisa sincera, con ese deseo genuino de hacer el bien y ayudar a quien lo necesitara. Precisamente, por gente como ellos, como Ana y Enrique, siempre me han producido una extraña mezcla de irrisión y horror todos esos personajes que andan sueltos por el mundo, exhibiendo sin pudor alguno una tan estúpida como grotesca "rebeldía sin causa" y lloriqueando o vociferando o rechinando dientes, como absurda protesta por el "terrible" hecho de haber sido criados entre algodones& Ana y Enrique Benkel tuvieron hartos motivos para ser rebeldes, una vez que fueron liberados de los campos de concentración nazi& Pero no fue así. Eran dos personas reflexivas, sólidas, firmes y serenas. Ellos amaban la vida y querían construir. En una palabra: fueron dos seres humanos envidiables.

Perder a dos seres humanos de esa talla ha sido una pérdida terrible para sus familias. Para Rita Vinocur, la hija de Ana, esa experiencia ha sido terrible; el golpe, devastador. Rita Vinocur, una mujer activa, alegre, positiva y quién ha sido siempre el eje y motor de su familia, ahora está desolada. Y pocos días atrás, escribió una sentida carta para su querido tío Enrique, la cual fue publicada en ese excelente periódico que es el SEMANARIO HEBREO. Este artículo fue difundido bajo el título de CARTA A MI QUERIDO TÍO ENRIQUE BENKEL y contiene conceptos muy importantes, que quiero compartir con ustedes. El texto, en cuestión, expresaba lo siguiente:

"&Querido Tío& Mi súper tío& O como te decíamos en familia:

Rita Vinocur

&Definir en pocas pinceladas a pocos días de su fallecimiento, a quien quise casi como a un padre, es muy difícil. De inmediato se vienen a la mente conceptos como Dignidad, Coraje, Bondad, Rectitud, Humildad, y Amor. Esas virtudes brillaron en ti no sólo en las peores condiciones de la guerra sino a lo largo de toda tu vida y ese heroísmo impresionante también lo manifestaste en la cama del sanatorio, desde donde finalmente partiste. Quiero expresar aquí un relato simbólico de esas virtudes. Hubo muchas ocasiones en las cuales hasta arriesgaste tu vida, pero éste me hizo brotar las lágrimas cuando, tu hermana& mamá& Ana Benkel de Vinocur me lo contó la primera vez hace muchísimos años. Desde ese momento, mamá cada vez que podía lo relataba en público y tu siempre decías que no tenía por qué contarlo; era simplemente natural. Ocurrió en el ghetto de Lodz& Un día, llegaron nazis al taller donde trabajaba mi tío. Él era muy jovencito y pequeño en su contextura física y estaba a cargo de máquinas muy grandes (de hecho, después de la guerra trabajó con maquinaria que inclusive él mismo creó) y los nazis se sorprendieron que alguien de tan corta edad pudiera manipular esa maquinaria. Le tomaron fotos. Y resolvieron que durante dos semanas había que darle un suplemento en su ración diaria; una sopa bien espesa de comida nutritiva y no la casi burla de sopa aguachenta que todos recibían. Ese plato de sopa espesa significaba Vida, ya que en ese entonces el hambre los atormentaba sin cesar. Pero desde la primera ración mi tío llevó ese plato a su casa y le dijo a su madre: "mamá agregá agua y una papa y vamos a comer todos juntos". Mi abuela, le dijo: "Herschale mejor cómelo tú, que al menos uno de nosotros esté bien alimentado unos días"& Pero mi tío no aceptó y durante las dos semanas en la cual a él le reforzaron su ración, se negó a comer a solas, como un animal denigrado, sino que llevaba a casa esa ración y la compartía con su familia& Hiciste tanto en tu vida, no te quedaste en los recuerdos. Formaste una familia sólida, impresionante, maravillosa, esposa, hijos, nietos, de la cual estabas muy orgulloso. Tu cara era tan luminosa, bondadosa como la de un ángel, esa sonrisa, esos ojos mostraban tu alma e impactaban al verte. Trabajaste por la memoria de la Shoá incansablemente, dentro del Centro Recordatorio del Holocausto, junto a tu hermana. Brindaste testimonio en colegios, para Steven Spielberg y también en los medios. Y compartiste todo con tu hermana& siempre. Escribiste canciones sobre la guerra, sí, pero también canciones de amor& canciones por la Paz& Canciones para Israel, las grabaste con orquestas sinfónicas, hiciste un video con algunas de esas creaciones y tu hermana era la que cantaba. Cumpliste la promesa de confeccionar bombones, luego que te jubilaste, también junto a tu hermana. Mamá y tú tenían la misma estirpe, dos ángeles luchadores, dos gigantes, dos soldados. Los dos eran uno sólo. Cuando uno decía del otro, Mi hermano& Mi hermana& Esas palabras tenían otra fuerza, otro significado. Tus hijos dijeron y todos coincidimos: "Vivieron lo peor juntos, después de la guerra se reunieron y estuvieron juntos& y murieron juntos". Cuando mamá partió repetías con mucho énfasis, sílaba por sílaba: "éramos inseparables"& Y lo repetías: "inseparables". Nunca imaginé el significado que tendría esa palabra en realidad, inseparables en la vida e inseparables en la muerte".

 
 
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