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Año III - Nº 189
Uruguay, 07 de julio del 2006
Inscripto en el Registro de Derechos de Autor en el libro 30 con el No 379
 

 

 
La herencia maldita
por Javier García
   

En Montevideo, un intendente nos hace pagar 20 millones de dólares como fruto de su equivocación y después lo nombran ministro.

El impacto de la decisión de la Justicia dando la razón a Adeom y obligando a la Intendencia de Montevideo a pagar lo adeudado por el convenio salarial de 2001, es apenas una punta de un problema mucho mayor.

Los montevideanos deberemos abonarlo de nuestro bolsillo, a pesar que desde la propia IMM se diga que esto estaba previsto. No importa que lo estuviera, que aparte no lo estaba, sino que, páguese de la ventanilla que se pague, el bolsillo del que sale es el del contribuyente.

Cuando denunciamos esto se dijo por parte del Intendente Ehrlich que el cumplimiento de la decisión judicial no iba a determinar aumentos de impuestos. Sin embargo vuelvo a reiterar que será con impuestos y no con rubros emanados de la caridad con lo que se saldará un monto que es el fruto de la negligencia de la administración. Si una persona cometiera en su trabajo un error, aún mucho menor que éste, no duraría en él más que minutos. Sin embargo aquí, en Montevideo, un intendente nos hace pagar 20 millones de dólares como fruto de su equivocación y después lo nombran ministro.

Nadie paga contento los impuestos, pero es la forma de financiar las tareas que el Estado desarrolla. La iluminación de la ciudad, su limpieza, el mantenimiento de sus calles, el saneamiento, los cementerios y ponga el lector el ejemplo que le venga en mente y coincidirá en que nadie paga con gusto pero se verá reconfortado si se ve la eficiente utilización de sus dineros.

No sólo esto no es así en Montevideo sino que además una burocracia se ha apoderado de la gestión y se ha entronizado en cientos de cargos con contratos de todo tipo, donde ven pasar a diferentes intendentes todos integrantes de un mismo partido, demostrando muy poca estima por el esfuerzo del contribuyente sin ensayar ni una pequeña autocrítica cuando queda al descubierto su desidia.

La Intendencia de Montevideo, y esto es independiente de la buena persona del gobernante, no sabe para donde va. No cumple con las tareas básicas de una comuna: el estado de calles es deplorable en lo que significa su mantenimiento con una inversión para lo mismo que no llega al 50% de lo necesario, con un sistema de contenedores que es muy bueno si se lo mantiene adecuadamente pero que de lo contrario, y ya está pasando, es un sistema reproductor de minibasurales, con un fenómeno como el de los hurgadores que no se soluciona por una mal entendida solidaridad y un tránsito que es una trampa mortal.

Para colmo de males ya no es que las señales a las inversiones privadas sean confusas, son bien claras: no se quieren. La IMM tiene arriba de la mesa gente que quiere invertir en la ciudad, y lo único que recibe a cambio es la invitación a recorrer los oscuros pasillos de los burócratas que cobrando abultados sueldos justifican su existencia en estudios de academia, y además malos.

Tiene un déficit que sumando el acumulado y los préstamos internacionales supera ampliamente sus ingresos, e insiste en gastar más de lo que entra.

La comuna está preparando un ajuste fiscal por vía de la contribución inmobiliaria que golpeará duramente.

Ehrlich cumplirá su primer año de gobierno, cuenta con una oposición constructiva y que ha aportado ideas. Tiene, además, mayorías absolutas en la Junta.

Empieza sin embargo a ser responsable, por desgracia, de una verdadera herencia maldita. La que ni condena ni corrige.

 
 
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