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Año III - Nº 189
Uruguay, 07 de julio del 2006
Inscripto en el Registro de Derechos de Autor en el libro 30 con el No 379
 

 

 
Simplemente Gore
Por Fernando Pintos
 


La novela de horror registró sus primeros antecedentes en el siglo XVIII, gracias al impulso recibido por parte del movimiento romántico o romanticismo. Comenzó con las novelas góticas de cierto renombre, tales como EL CASTILLO DE OTRANTO (1764) de Horace Walpole; EL VIEJO BARÓN INGLÉS de Claire Reeve; UDOLPHO (1794) de Ann Radcliffe; o EL MONJE (1796) de Matthew Gregory Lewis. Sin embargo, el primer gran maestro o gurú de la literatura de horror iba a ser el escritor norteamericano Edgar Allan Poe (1809/1849), quién incidió notablemente en el del género e influyó en toda clase de relatos producidos por muy diferentes autores hasta bien entrado el siglo XX. Edgar Allan Poe escribió un cúmulo de cuentos célebres y también una novela: LAS AVENTURAS DE ARTHUR GORDON PYM (1838). A partir de aquel autor, el subgénero de horror o terrorífico (como algunos prefieren llamarle) ganaría notable vuelo y se expresaría en la obra de diversos autores de Inglaterra, Francia, Alemania, Estados Unidos, España e incluso Latinoamérica, donde entre finales del siglo XIX y principios del XX despuntarían algunos autores importantes, principalmente expresados en el cuento terrorífico, más todavía que en la novela. Esos autores latinoamericanos fueron el uruguayo Horacio Quiroga, los argentinos Eduardo Wylde y Eduardo Holmberg, y el nicaragüense Rubén Darío (sus relatos terroríficos y fantásticos fueron publicados por ALIANZA EDITORIAL, en 1976, 1979 y 1982, en su colección Libro de Bolsillo).

Después de Edgar Allan Poe, sin que ello signifique dejar de tomar en cuenta toda una constelación de famosos escritores que hicieron aportes significativos -tales como Teófilo Gautier, Guy de Maupassant, Gustavo Adolfo Bécquer, Wenceslao Fernández Flores, Lord Dunsany, Arthur Machen, Robert W, Chambers, Ambrose Bierce, Bram Stoker o Algernon Blackwood-, el siguiente gran hito y personaje renovador para la literatura de terror fue el formidable Howard Phillips Lovecraft (1890/1937), creador de toda una cosmogonía a la que se denomina MITOS DE CTHULU y también iniciador del llamado "Círculo Lovecraft", el cual estuvo conformado por un cúmulo de sobresalientes escritores entre quienes se puede mencionar a Frank Belknap Long, Robert E. Howard, Clark Ashton Smith, Henry Kuttner, Robert Bloch, August Derleth, Donald Wandrei, J. Ramsey Campbell y Hazel Heald. Lovecraft, quien al igual que Poe fue más un cuentista que un novelista (esto, debido a que la forma más directa para publicar sus escritos estaba en revistas de relatos fantásticos, como la célebre WEIRD TALES), legó empero al subgénero algunas novelas cortas importantes, tales como EL QUE ACECHA EN EL UMBRAL, LA SOMBRA SOBRE INNSMOUTH, EL CASO DE CHARLES DEXTER WARD y EL HORROR DE DUNWICH. Cuando se llega hasta las dos últimas décadas del siglo XX, incluidos los actuales principios del XXI, se puede anotar el apogeo de autores ahora tan conocidos como Stephen King, Peter Straub, James Herbert, Clive Barker, Dean R. Koontz, Graham Masterton, Anne Rice o T. E. D. Klein.

Pero también se encuentran fenómenos tales como el surgimiento de un nuevo subgénero o ramificación dentro del subgénero mayor de la novelística de horror: aquello que recibe la gráfica denominación de GORE (palabra inglesa que puede traducirse como sangre coagulada, o como la acción a apuñalar o de agujerear). En sus principios, el realizador George A. Romero (Night of the Living Dead) lo llamó splatter, y ya en la década de 1980, el escritor David J. Schow lo denominó splatterpunk, pero tales nombres no cuajaron mientras que sí lo hizo el término GORE. Las más fáciles definiciones suelen definir ese agitado subgénero como "visualización explícita de auténticos amasijos de vísceras u órganos desparramados, así como miembros amputados y todo ello generosamente aderezado con dosis abundantes de sangre&". Esta morosa descripción, que resulta por cierto muy poco académica, responde sin embargo a una estricta realidad. El relativamente reciente GORE es, ni más ni menos, una continuación del teatro francés del Grand Guignol, que floreció hacia finales del siglo XIX, en París, y cuyas principales características radicaban en una grotesca sucesión de estrangulaciones, degüellos, extremidades arrancadas y violencia desenfrenada, todo ello desarrollado encima del escenario. Propio del siglo XX e iniciado en la década de 1960, el subgénero literario GORE ha debido tanto su existencia como su expansión a la industria cinematográfica, es decir a

Hollywood, pues ha dado argumento a numerosas películas de pésima calidad pero grandísima difusión. En el terreno estrictamente literario produjo algunos nombres notables, el más destacado de los cuales ha sido sin lugar a dudas Richard Laymon (1947/2001), quien comenzó a publicar hacia finales de los años 70 y siguió haciéndolo hasta su desaparición. A Laymon, convertido actualmente en un autor de culto en Estados Unidos, se deben novelas tales como "Beast House" (1979), "The Cellar" (1980), "The Woods are Dark" (1981), Out are the Lights" (1982), "Night Show" (1984), "Flesh" (1988), "One Rainy Night" (1991), "In the Dark" (1994), "After Midnight" (1998) y muchas otras. Pero el género debe su extraordinaria difusión y popularidad al cine norteamericano. Productos acabados del GORE han sido películas tales como las series de HALLOWEEN, de VIERNES 13, de CRÍMENES EN LA CALLE ELM, de CHUCKY y algunas otras, individuales (no seriadas), que son hoy de culto entre los cinéfilos del mundo entero, como las siguientes: BLOOD FEAST (1963); MANIACS (1964); NIGHT OF THE LIVING DEAD (1968); I DRINK YOUR BLOOD (1971); LAST HOUSE ON THE LEFT (1972); THE TEXAS CHAINSHAW MASSACRE (1974); EVIL DEAD (1981); RE-ANIMATOR (1985); HELLRAISER (1987); NEKROMANTIK (1987); BRAINDEAD (1992); RAVENOUS (1999), etcétera. Parcial o completo, el subgénero GORE ha aflorado en muchas otras producciones -sus cultores incluso reivindican THE EXORCIST (1973), dirigida por William Friedkin y basada en la novela de William Peter Blatty-, en todas las cuales lo más importante ha sido mostrar, de la manera más cruda, una sucesión irracional y aparentemente interminable de asesinatos espantosos: mutilaciones, órganos humanos expuestos y grandes volúmenes de sangre se constituyen en el principal recurso estilístico, para redundar en buenas ventas de libros o taquillas de películas.

En estos días se ha producido el estreno de una película dirigida por el francés Alexandre Aja, titulada THE HILLS HAVE EYES. En realidad es un remake de LAST HOUSE ON THE LEFT (1972), de Wes Craven. Irónicamente, éste último figura como productor de esta nueva entrega y, en todo caso, más allá de la tan necesaria puesta al día -adecuación ineludible a los íconos y tips de la tecnología posmoderna-, la cinta se manifiesta como otro acabado ejemplo de cómo el GORE ha sido, es y será mientras subsistan Hollywood y su patética limitación de ideas y creatividad: seres repulsivos, situaciones espeluznantes, violencia desenfrenada, situaciones asquerosas, sadismo gratuito, muerte, destrucción y sangre, eso sí, derramada con implacable generosidad. Según declaraciones del propio Wes Craven, "&este relato entronca con los miedos modernos más extendidos: miedos sobre nuestro anhelo de civilización y nuestra propensión humana hacia la más inconcebible brutalidad&". Pero todo esto no son más que pamplinas. En la práctica, se trata de seguir haciendo dinero con las viejas recetas del GORE, captando de paso nuevos adeptos y conservando, amorosamente, las legiones de espectadores embrutecidos que siguen reclamando su acostumbrada ración de frenesí sangriento con inquietante puntualidad.

 
 
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