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Año IV - Nº 250
Uruguay,   07 de setiembre del 2007
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¿A dónde va Bolivia?

por Carlos Malamud
 
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"Bolivia no atraviesa por sus mejores momentos. Las pugnas entre el gobierno y la oposición crecen en intensidad y los canales de diálogo en vez de abrirse se cierran. Con este panorama no es de extrañar que se multipliquen las voces que alertan sobre la situación del país, como muestra un reciente informe del Internacional Crisis Group. En la misma línea se multiplican los llamados al diálogo y al consenso, pero las posturas maximalistas de unos y otros dificultan cualquier aproximación y acuerdo".

            Las señales que hablan de problemas son numerosas y sólo en la última semana hemos tenido un “paro cívico” en defensa de la democracia, una huelga que golpeó en seis de los nueve departamentos del país; otra huelga de jueces y magistrados contra la injerencia del Ejecutivo para remover a cuatro magistrados del Tribunal Constitucional; y la renuncia del prefecto de Chuquisaca, el representante del oficialista MAS (Movimiento al Socialismo), David Sánchez, que no quiere responsabilizarse de los muertos que pueda haber si los conflictos persisten. Estos hechos se encadenan con la parálisis de la Asamblea Constituyente tras 13 meses de trabajo estéril; el conflicto por la capitalidad de la República, que no sólo esconde la pugna entre La Paz y Sucre por el protagonismo político sino también las grandes diferencias entre el gobierno y la oposición por el proyecto político del país; la violencia existente en los máximos órganos de representación (el Parlamento y la Asamblea Constituyente), que han visto no hace mucho como sus señorías acaban a golpe limpio sus discusiones políticas; las denuncias contra una serie de intelectuales y políticos responsables por conspirar contra el gobierno con dinero de la cooperación de Estados Unidos (USAID), que buscaría desesperadamente, según explicaciones gubernamentales, expulsar a Evo Morales del poder. Y así podríamos seguir mencionando algunos otros temas de interés, como el preocupante repunte del cultivo de coca y del narcotráfico.

            La situación tiende a enquistarse y el país se cubre de protestas de cualquier signo, como la de los mineros que se enfrentaron entre sí en octubre pasado por el control de la mina Huanuni, dejando 13 muertos. Un estudio de la Fundación UNIR-Bolivia muestra que en el primer semestre de 2007 hubo 156 conflictos sociales, lo que supone 26 al mes (o casi uno diario). Los hubo breves, cortos, prolongados y de mucha intensidad, con un saldo de tres muertos y 250 heridos: 131 (84%) duraron menos de tres días; 25 (16%) transcurrieron en cuatro o más días y en ellos se uso la fuerza en distintas proporciones y cuatro alcanzaron niveles graves de violencia y un saldo de tres muertos y más de 250 heridos. La consecuencia inmediata de esta situación fue la caída en los índices de popularidad de Evo Morales, que pasó del 61 al 57% entre julio y agosto, y su desaprobación subió del 34 al 39%. El vicepresidente Álvaro García Linera también tuvo lo suyo y su índice de aprobación bajó del 61 al 54%, mientras su repudio aumentó del 34 al 41%. Los críticos de la Asamblea Constituyente aumentaron del 51 al 53% y su apoyo bajó del 41 al 36%. Para ambos mandatarios y para la Constituyente son los índices más bajos de aprobación y los mayores de repudio en todo el año.

            Es verdad que el “paro cívico” no supuso un cheque en blanco para las fuerzas de la oposición, pero tampoco lo fue para el oficialismo. Ante el enconamiento de la situación y la multiplicación de las protestas, el gobierno no se limita a descalificar a los contrarios, cada vez más enemigos y traidores a la patria, e intenta subir las apuestas. Frente a las protestas por la capitalidad de Sucre, un proyecto que incomoda al gobierno, el vicepresidente García Linera propuso que en octubre próximo 100.000 campesinos marcharan a la capital para silenciar definitivamente a la oposición. Los intercambios de insultos aumentan a diario. El prefecto de Cochabamba, Manfred Reyes Villa, sostuvo que el presidente Evo Morales “debe irse” del Gobierno para encontrar una salida a la aguda crisis que vive el país y la amenaza de una confrontación entre bolivianos, “situaciones derivadas de su irresponsabilidad y falta de capacidad para resolver los conflictos”. La respuesta del gobierno no fue menos diplomática. El portavoz de Evo Morales, Alex Contreras, acusó a Reyes Villa de “conspirador” y de “buscar la desestabilización del país y, en especial, el fracaso de la Asamblea Constituyente. Esta reciente declaración confirma que él actúa a nombre de los comités cívicos, que son tentáculos de las seis prefecturas que pretendieron paralizar el país la semana pasada”.

            La política confrontacional de Evo Morales, que recuerda permanentemente el 54% de los votos con los que llegó al gobierno, pero olvida con la misma frecuencia al 46% de los ciudadanos que no lo votó, ha llegado a discutir con la Iglesia. El ex ministro de Educación Félix Patzi había anunciado que con la ley de Educación que presentaba se acabaría el "monopolio religioso" de la Iglesia. Ahora hay un proyecto de ley de un grupo de diputados oficialistas para eliminar el Corpus Christi del calendario laboral y reemplazarlo por el "año nuevo aymara". La respuesta de la Conferencia Episcopal Boliviana fue la de no "herir los sentimientos religiosos de la mayoría de la población" sustituyendo una fiesta por otra. Recordemos que el 77% de los bolivianos se declara católico y el 95% cristiano en general.

            Las quejas también se extendieron a Estados Unidos, a quienes acusaron de conspirar contra el gobierno boliviano. Pese a ello, el vicepresidente viajará a Washington el 4 de septiembre próximo a efectos de presentar un proyecto para acceder a la Cuenta del Milenio y una nueva propuesta para ampliar la Ley de Preferencias Arancelarias Andinas (Atpdea). Como se ve, la ayuda venezolana no ha reemplazado totalmente, ni mucho menos, a la de Estados Unidos y el gobierno de Morales, pese a todas sus peroratas en contrario, sigue siendo muy sensible a estas ayudas. En realidad, sin la Atpdea muchos sectores exportadores entrarían en crisis, especialmente en la ciudad de El Alto, el principal bastión electoral de Morales

            La política boliviana ha entrado en un peligroso laberinto de donde nadie sabe si logrará salir. Las fuerzas nacionales tienen cada vez menos fuerza y el protagonismo de los departamentos, y de los grupos departamentales, es creciente. Pero esto no es una garantía a favor del diálogo. El problema de fondo es que si los bolivianos no se sientan a hablar, como estaban acostumbrados a hacer en el pasado, no habrá solución para un problema de semejante envergadura. Se equivoca el gobierno si cree que por la senda de la imposición podrá incluir socialmente y sacar de la pobreza a una parte considerable de los bolivianos.


Fuente: Infolatam

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