Miembro de apdu
   
Año IV - Nº 250
Uruguay,   07 de setiembre del 2007
separador Inscripto en el Registro de Derechos de Autor en el libro 30 con el No 379
 
separador

1

ha

historia paralela

2012

legra

humor político

apdu

 
1
Pablo López Herrera
por El Cordobés Errante
Los tiros oficialistas y la culata progresista
 
separador
 
mail
rtf Comentar Artículo
notas
Otros artículos de este autor
mail Email del Autor
pirnt Imprimir Artículo
   

            El drama nacional uruguayo se debe a que hoy tenemos un presidente y una fuerza política en el gobierno que desde hace medio siglo, creen que la sociedad y sus problemas son sencillos de entender, y que basta con poner a hombres probos como administradores de la cosa pública, sancionar algunas leyes bastante obvias, y hacer algunas reformas que rompen los ojos, para que se solucionen la mayoría de los problemas sociales del país.

            En consecuencia, desde siempre han venido sosteniendo que si los gobiernos anteriores no hicieron algo tan sencillo, fue porque fueron permeables a los oscuros y corruptos intereses imperialistas que desde siempre han conspirado contra la clase trabajadora y contra la patria.

            La solución al subdesarrollo es así, bastante sencilla para esta gente. Alcanza con cambiar a los gobernantes, sacando a los malos de los partidos fundacionales y poniendo en su lugar a los buenos y honestos políticos progresistas. Esto garantiza el fin de la corrupción y el comienzo de un período donde las buenas leyes y los gobernantes íntegros harán del Uruguay un país próspero y feliz por los siglos de los siglos. Amén.

            Este manera de razonar casi de primates, es sin embargo la infraestructura básica que ha sostenido, y sostiene, todo el andamiaje dialéctico de la coalición política que hoy nos gobierna. Cambie usted algunos verbos, use algunos sinónimos, póngale rima o música folclórica, y verá que, palabras más palabras menos, en este formato entra toda la mursimónica intelectual progresista desde Mujica a Gargano pasando por el hemorrágico Galeano o el desalambrado Viglietti. 

            Como es de público conocimiento, una ínfimo porcentaje de votos permitió que en el Uruguay se esté llevando a cabo una interesante experiencia social y política. El gobierno que asumió el 1 de marzo de 2005  tiene en sus manos todos los instrumentos políticos posibles de controlar en una democracia como la nuestra. A la titularidad del Poder Ejecutivo se le suma la mayoría en ambas Cámaras del Poder Legislativo y ausencia de representación de la oposición en los Entes Autónomos y Servicios Descentralizados.

            Este control absoluto de todos los resortes económicos y administrativos del aparato estatal tiene como contrapartida un riesgo no menor desde el punto de vista político: la suma de todo el poder deja al gobierno sin excusas creíbles ante un eventual fracaso de su gestión.

            Y precisamente de eso se trata este artículo.

            De las razones por las cuales va a fracasar inexorablemente este gobierno progresista que, en ancas de la soberbia, hija putativa del dogmatismo ideológico crónico que aqueja esa fuerza política, los inhabilita para la autocrítica y les impide aprender de sus errores, volviéndolos incapaces de entender lo que Herbert Spencer descubrió allá por 1851 y que expuso magistralmente en su libro Estática Social (Social Statics, the conditions essential to human happiness specified and the first of them developed)

            Spencer en su libro analiza porqué muchas veces los gobiernos crean normas que teóricamente persiguen el bien y, sin embargo, en la práctica estas disposiciones fallan produciendo más males que bienes. La respuesta del pensador inglés es asombrosamente simple, la falla ocurre cuando los gobernantes hacen leyes sin los conocimientos suficientes de la realidad de la sociedad que pretenden gobernar. Y sin esos conocimientos no es posible diseñar normas adecuadas. (Introduction The doctrine of expediency, pp 5-16, 258).

            La coalición gobernante ya llegó a la mitad de su mandato y todavía no se dio cuenta que no alcanza con tener un diagnóstico de los problemas de la sociedad uruguaya para enderezar la economía, resolver los problemas sociales, subir los sueldos y bajar los impuestos.

            En primer lugar porque el diagnóstico debe ser correcto. Fruto del estudio desapasionado de la realidad nacional y no de la aplicación de dogmas y verdades reveladas de periclitadas ideologías que reivindican una mayor justicia social pero inmersa en sociedades autoritarias y cerradas, al decir de Karl Popper, en un mundo donde las naciones prósperas se caracterizan por ser sociedades cada vez más abiertas, democráticas y desideologizadas.

            Y en segundo término porque todavía no aprendieron lo que Spencer sabía ya en 1851: No es sancionando leyes cargadas de buenas intenciones y con nostálgicos nombres sacados de grafittis callejeros o de viejas consignas gremiales que se logra la prosperidad de un país y la felicidad de sus habitantes. Al menos no solamente.

            Sin fundamentos, sin conocimientos suficientes probados, sin autocrítica, y sin consultar a nadie más que a sí mismo, el gobierno se ha dedicado a sancionar leyes, decretos y disposiciones que al comenzar a ser aplicados hacen agua por todos lados, han comenzado a fallar, tal como lo demostró con la reforma tributaria el senador Heber el pasado miércoles 5 de setiembre en el Senado del República. Y lo peor es que no sólo no van a lograr los objetivos que las justificaron, sino que seguramente van a producir peores problemas que los que quisieron solucionar.

            El Frente Amplio llegó al gobierno convencido de que por tener la mayoría de los intelectuales y académicos de su lado, tenía en sus manos la llave para hacer un infalible diagnóstico de toda la problemática nacional. Un conjunto de cerebros privilegiados que, con una rápida mirada sobre la sociedad, podrían conocer los caracteres generales e individuales de la misma, y serían capaces de diseñar un conjunto de medidas legislativas capaces de asegurar que de ahí en más, los uruguayos viviríamos felices y comiendo perdices para siempre.

            Un error tan grueso este, como el de subestimar los efectos que las creencias, los prejuicios y aún las supersticiones pueden tener sobre las geniales soluciones legislativas que desde siempre procuran asegurar la pública felicidad.

            Desconociendo la compleja trama de intereses que se mueven en la profundidad de una sociedad dinámica, creen ingenuamente que se puede prever las probabilidades de eventos futuros con una planilla excel y un banco de datos.

            Y entonces pretenden, un día si y otro también, aprobar y aplicar normas sobre las que no existe un consenso en todos sus términos. Como tienen las mayorías necesarias y carecen de la tolerancia y la autocrítica tan necesaria o más que las primeras, estas leyes se acaban aprobando mediante el brazo enyesado de la mayoría, venciendo, pero sin convencer jamás.

            Claro que los porfiados hechos, con una lógica de hierro, ponen en evidencia que la mayoría no garantiza la sabiduría, y ha comenzado a ocurrir con pasmosa frecuencia que a la hora de poner en práctica tales maravillas legislativas, incluso antes de ello, tales normas fracasan de manera consistente y muchas veces de forma patética.

            Así por ejemplo aprueban una reforma tributaria sin atender las objeciones del resto del sistema político asegurando que sólo afectaría negativamente a un pequeño porcentaje de la población de altos ingresos y que su primer efecto sería una baja de precios y del costo de vida. Dos meses después el clamor de los malheridos por el IRPF es tan grande que hasta el PIT CNT admite el error, y que el porcentaje de los perjudicados resultó mucho mayor que lo planificado por el gobierno progresista. Y los precios se dispararon junto con la inflación y el costo de vida. Un tiro por la culata.

            Otro ejemplo. Impulsan contra viento y marea una reforma sanitaria asegurando que ASSE podrá competir tal y como está con las instituciones privadas. Pero los porfiados hechos demostraron que de los primeros 28.000 trabajadores que ingresaron al flamante sistema, los que eligieron ASSE como prestador fueron..... 17 personas. Otro tiro por la culata. Patético.

            Es que sería racionalmente sorprendente que leyes mal gestadas y peor paridas, fueran viables y tuvieran éxito.

            Lo que no han entendido los progresistas, y creo jamás entenderán, es que la sociedad es compleja, mucho más complicada que lo que piensan los devotos de utopías importadas, y que no admite las soluciones “pret a porter” de trasnochados intelectuales sesentistas o reciclados marxistas postmodernos.

Tres Árboles, setiembre de 2007

1

 
21
Informe Uruguay se halla Inscripto en el Registro de Derechos de Autor en el libro 30 con el No 379
Depósito legal No. 2371 deposito Nos. 338018 ley No - 9739, dec 694/974 art. 1 inc A
20
Los artículos firmados son de exclusiva responsabilidad del autor y no reflejan, necesariamente, la opinión de Informe Uruguay
20
 
Estadisticas Gratis